Episodio 22

1655 Palabras
  Hablemos de amor.     Quiero hablar de amor, de ese tema tabú que muchos otros han tocado y que probablemente seguirán haciendo…   El amor puede hacer grandes cosas, locas y osadas; demanda sacrificios y regala pocos premios, sin embargo, como imanes atraídos a magnetos, no cesamos de buscarle. Nos pasamos media vida anhelando un amor bonito, dulce e interminable, dejando de lado la parte cruda del mismo; esa que duele hasta los tuétanos, que entrega al punto de dar tu corazón aunque eso garantice una g****a profunda en tu pecho.   El amor real es el que se expresa a diario, con pequeños actos y muestras de interés, regalando tu tiempo y atención, ya que no es acumulativo.   El amor es constante, es firme, fuerte y perpetuo.   El amor ve tu dolor sin que lo expreses y  lo enmienda con un abrazo.   El amor es ver sueños cumplidos aun si no lo están.   El amor vence derrotas, se atreve a luchar.   El amor es invicto, dulce, como una descarga eléctrica.   El amor es respetuoso, es implacable, traspasa todas las barreras.   El amor… ¡Ay el amor! Cuántas páginas harían falta para expresarlo, y de todas formas quedarse corto. Las palabras no lo abarcan y los cantos no lo definen.   Nosotros, los autores, en un vano esfuerzo, tratamos de darle a los escasos que nos leen, una leve noción de qué es amar, de lo que conlleva y requiere, de lo que ofrece, de qué esperar. Sin lugar a dudas, eso no garantiza la experiencia de sumergirse en esas aguas profundas.   Y si me preguntasen si he estado en esas corrientes, diría que sí, a ciencia cierta. He amado y aún lo sigo haciendo, con un amor bonito, que saca sonrisas en situaciones adversas, que te mantiene soñando con los ojos abiertos, que te agobia cuando estás lejos de tu ser amado, que da lugar a interés en el otro, haciéndote menos egoísta y a la vez un ser egocéntrico porque lo quieres todo para ti… Yo he visto al amor de frente, pero no encarado en un hombre.   Y he ahí, cuando creas revuelo en una sala completa y a la vez enmudeces a cientos, cuando les abres los ojos y demuestras que el amor no es sólo eros, que no es sexo, que no se excluye a tu pareja, no es un beso o dos o tres... Que en la libertad de amar, el sentimiento da para todos y que para amar a alguien no es menester dejar de amar al resto.   El amor es motor de la vida, amor es Dios.   Y pese a todo lo que se diga, se escriba, se cante, se vea en películas, libros o historietas, siempre habrá algo que decir sobre él…   °García     ¿Padres o verdugos?   Hay muchas cosas que están supuestas a ocurrir en la primera etapa de la vida; ir a la escuela, aprender a leer, andar en bici, disfrutar de la vida sin preocupación porque la adultez te guarda todo eso.   Los niños, ángeles de luz, joyas, tesoros, durante todo el trayecto de su etapa, merecen lo mejor; sonrisas, amor, afecto, comprensión… Ellos hacen la sociedad de los próximos veinte años. Sin embargo, durante la etapa de su formación deben enfrentarse a cambios para adaptarse, acoplarse y ser capaces de coexistir en esta sociedad. Lo triste es que mientras estos cambios ocurren, sus pequeños corazones que aún no poseen la facultad de proteger sus sentimientos, quedan expuestos y, sin remedio alguno, sufren.   Hay sufrimiento en la niñez causado por boberías según muchos adultos, mas eso no quita que les duela y les deje marcas… La burla de otros niños, la incomprensión de maestros, el abuso de hermanos mayores, defectos personales, decepciones amorosas, dificultades para aprender, deseos no cumplidos… Y decenas de factores que influyen a dañarles.   Entonces si encima de todo esto debemos sumar también el factor “MALOS PADRES”, ¿cómo se supone que obtendremos una mejor sociedad?   Los niños son un regalo especial, delicado, frágil, que por lo visto está como tesoro en vasos de barro. Cuántos indolentes no hay teniendo hijos de burla, trayendo criaturas al mundo sin la capacidad económica, educativa y mucho menos emocional para tener un bebé… Haciendo que los niños hagan cosas que son antinaturales como trabajar en lugar de aprender, tener responsabilidades de adulto, estresándose, cargando un peso sobre sus débiles hombros que le han atribuido, pero que no les corresponde.   Existen padres que, en lugar de alejar el miedo infundido por las noches oscuras, lo crean; que en lugar de reconfortar, de alentar, fomentar sueños, los destruyen con desatención y desprecio.   Cuántos padres creando heridas, dolor en sus pequeños… Siendo causa de gran parte de los daños, como fantasmas que están constantemente cerca para atormentarte y lo lindo, sin tener la culpa de ello, porque nadie pidió nacer y en caso de hacerlo, hubiésemos pedido una familia normal.   ¿Cómo se puede suponer entonces, que habrá buenos adultos si formamos niños malos?   Siendo la mente de estos pequeños como una gran masa que podemos moldear a nuestro antojo, enseñándoles a odiar; a ser egoístas; a no pensar en el prójimo; a dar prioridad primero al “yo”; a que como niños, están siempre en el segundo plano, carentes de importancia por ser niños; a que las metas trazadas pueden siempre esperar porque trabajar es siempre lo primero; a que reír mucho está mal; a que no pueden contar con apoyo de nadie; a que en la lista de necesidades las suyas están el último eslabón; a que tener amigos está mal; a que pensar diferente es sinónimo de rebeldía y a que pese a sus esfuerzos nunca serán suficiente ni darán lo suficiente como para enorgullecer a nadie; a que querer estás lejos de casa para tener un poco de paz mental es ingratitud; a que no querer parecerse a sus malos padres es irrespeto… ¿Qué esperamos de nuestros hijos?    ¿Cómo es posible que nuestra mente tan absurda, pueda pretender que después crear monstruos, como Frankenstein e Igor, tendremos hijos devotos?   ¿Por qué será que en la tarea tan simple de ser padre, se pueda fallar tantas veces en los aspectos más básicos?   ¿Acaso es demasiado pedir tener progenitores normales?   ¿Acaso no querer ser herido es demasiado?   ¿Acaso es demasiado querer un padre y no un verdugo?       °García       Sed justo es lo primero.     Hablo, pero no digo lo suficiente. Creo, pero no con la fe necesaria. Canto, pero no con la musicalidad precisa. Pienso, pero no existo. Actúo, pero no como debería.   Son muchos los dedos acusadores prestos a señalar y dispuestos a emitir juicio.   Ante el estrado de los hombres, la condena es inevitable. No hay escapatoria, estás eternamente expuesto a la condena, porque el Juzgado no se define ni se pone de acuerdo en los criterios, por lo que al intentar presentar defensa, pierdes sin remedio.   Digas lo que digas, siempre saldrás perdiendo.   Busca el mejor abogado, de todas formas perderás el caso.   Presenta tu escrito de defensa, trata, pero será en vano, ante todos aquellos que se catalogan jueces, todos están destinados a perder.   No escuchan, no comprenden.   Son sabios en su propia opinión, nadie llena sus expectativas, sus requerimientos son demasiado altos, el listado de cualidades es demasiado largo.   Son muchas las voces que emiten criterio, que demandan un proceder diferente, siempre más, exigen más, quieren más.   Presuntuosa es su verborrea, su objetivo es que pierdas, que siempre pierdas.   La justicia es una utopía, una falacia, mientras que nosotros los condenados, siempre vamos a perder ante el sistema de jueces que insaciables, demandan todo de ti.     °García     Riqueza intelectual.     En un país rico, pobremente administrado, la pobreza es un factor común, a la orden del día, puerta con puerta en cada vecindario.   Hay pobres en las esquinas pidiendo pan para comer, en las aceras, en los callejones, en riberas de los ríos con una choza como casa, sin ropa, sin zapatos, sin dinero, comida o agua.   Hay pobres escarbando entre deshechos, indigentes, solitarios, errantes…   La pobreza está presente, eso hasta un ciego lo vería.   Pese a todo esto, a la pobreza que se ve, que perjudica la imagen de los dirigentes políticos y estatales (como si no fuesen lo mismo), existe también y de manera masiva, otra clase de carencia en la sociedad; pobreza mental y de espíritu; esa que limita de pensar libremente (o simplemente de pensar), que nos otorga decisión propia, nos da una voz… Hay pobreza en las mentes que, desnutridas, se limitan al sistema porque sí, que no ven que las cosas están mal, que dan más relevancia a saciar su apetito físico antes que a su cerebro con un buen libro, hay pobreza de principios, de valores, de moral.   Hay muchísima deficiencia y he ahí donde nace la disyuntiva, cuando la solución a esas problemáticas está encerrada en mentes millonarias, pudientes, reverberantes de buenas ideas, de sabiduría innata, de prodigiosos planes colectivos, pero que se encuentran aprisionadas por falta de algo tan insignificante como el dinero.   ¿Y qué les queda a esas espléndidas mentes, nacidas en un país nefasto, de oportunidades nulas?   Donde la cuña manda y la apreciación de las capacidades nunca ha existido, a los ricos y a la vez tan pobres, se les cierra la puerta en las narices por no tener un padrino, tío, compadre, patrocinador, representante, etc. Por no tener un apellido rimbombante, por ser de clase “baja” son devaluados, mientras los mejores lugares los ocupan aquellos que están por estar, no por mejorar el servicio. Esos que fueron a las mejores escuelas pero carecen de educación y teniendo lo mejor de todo siempre, no tienen nada.   Con una cabeza sobre sus hombros, están huecas, porque pese a tener todas las riquezas del mundo, son pobrecitos mentales y eso, compañeros, no lo compra el dinero.   °García
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR