Capítulo 11

1015 Palabras
Por un momento, he pensado que Joshua de la Torre iba a hacer un escándalo, pues era un mafioso, y un mafioso enojado era de respetarse, en cualquier momento, él iba a ser capaz de sacar su arma, y disparar a quien fuera, sea a mí, sea a Olive, sea a Ben, o alguien más a nuestro alrededor, y todo terminaría siendo un completo caos. Pero no, Joshua de la Torre parece haber reaccionado de la mejor manera, y la verdad es que con ello ha conseguido impresionarme. — Sí, está bien amigo, no tengo problema, al final, ustedes no son el único bar que existe en la ciudad, hay muchos más, y mejores que este, así que, muchachos, nos vamos — dijo él, hablando con toda la tranquilidad del mundo. Ben no dice nada y se queda mejor en su posición, esperando a que ellos se vayan de allí. Yo aún continuaba con el regalo entre mis manos, y aunque siguiera escondida detrás de la espalda de Ben porque me daba terror e incomodad tener cerca al mafioso de mi cuerpo, de todas maneras, decido insistir en devolverle su dichoso y fino regalo. — No linda, insisto, quédatelo, sé qué no te gusta porque sabes de dónde ha sido sacado el dinero para comprarlo, pero de verdad, me harías feliz si te quedas con ese regalo, acéptalo, y no volveré a molestarte nunca más — dijo él. No digo nada, simplemente, asiento con la cabeza y me quedo con el regalo, aun resguardándose entre mis manos, pues preferí no seguir insistiendo, y me quedé más bien viendo como él se ha marchado de allí, el mafioso se ha ido del bar siendo acompañado por sus hombres de seguridad que en total eran cinco, todos fortachones, vestidos de n***o, aunque bueno, había uno que otro que no era del todo fortachón, sabía pasar desapercibido, pues parecía que este era de los que quizás pudo haber contratado por ser ágil para correr y usar un arma con buena puntería. El mafioso se fue, y la fiesta parece haber continuado con total normalidad, puesto que cuando hubo este pleito, muchas de las personas que estaban allí, dejaron de hacer sus cosas por andar mirando qué estaba sucediendo, en cosas que a ellos no les importaba ver. Olive se acerca a mí para abrazarme después de que Ben finalmente se alejó de mí, cuando ya por fin se ha asegurado que yo no estaba en problemas, le di las gracias, y él se fue de nuevo a su puesto de trabajo, que era cuidar la puerta del bar. — ¿Estás bien? ¿Quieres un trago? — me dijo Olive luego de haberme dejado de abrazar. Asiento con la cabeza, Olive y yo nos vamos a la barra, donde nadie nos fuera a querer molestar, pues con este escándalo, creo que lo mejor era no hacerse en un lugar del bar donde estuvieran muchas personas, y que mejor que irse para la barra, donde estaba Miley, la chica que reemplazaba hoy en su día de descanso a Christian. Ella también era amiga nuestra, mejor dicho, todo el personal del sitio eran nuestros amigos, pues trabajar tanto tiempo aquí, y estar solas, Olive y yo en la ciudad, nos obligó a hacernos amigas de las personas que más cercanas fueran a estar de nosotras, y esas personas era el personal del bar que muy bien nos han recibido. — Hola señoritas, ¿Qué no era hoy su día de descanso? — preguntó Miley. — Sí, pero hubo un pequeño problema que tuvo que ver con Amelia y ese hombre... y bueno, aquí nos tienes, ¿Puedes prepararnos dos margaritas? Que estén fuertes, por favor — dijo Olive. Olive y yo nos acomodamos en una de las butacas de la barra, por suerte, estaba vacía, no había gente a nuestro alrededor salvo que nada más estaba allí era Miley. Miley se dispuso entonces a preparar los cócteles, y yo me quedo orando fijamente aquel regalo que seguía andando conmigo. — ¿Vas a quedartelo? — preguntó Olive. — Mm, no creo, podría venderlo, está nuevo, me pagarían por él lo mismo que vale en el mercado, y ese dinero no me caería nada mal — dije. — Amiga, quédatelo, al final, ese hombre te dijo que si te lo quedabas, te dejaba en paz, y solo es un celular, aprovechalo, al menos sabemos que solo fue un regalo sin haber hecho nada a cambio — dijo Olive. Pues sí, al final Olive tenía razón, este nada más era un solo regalo que no tuve que hacer nada para merecerlo. Miley nos sirve los cócteles, y luego, vuelve a eguir trabajando. Olive y yo nos pasamos una hora en el bar, bebiendo y bebiendo, hasta que finalmente sentimos que no podemos mal, que el licor comienza a hacernos sentir efectos de que nos emborrachamos. Olive y yo tuvimos que dejar que Ben nos llevará en nuestro auto, para no pedir un taxi, pero de agradecimiento por habernos llevado a casa, pedimos un taxi para él, y lo pagamos, Ben se marchó, y nosotras nos quedamos en casa. — Finalmente, ¿Vamos a mudarnos? — preguntó Olive. Nos hemos quedado en la cocina, ella estaba preparando un par de cafés para que nos ayudará a mantenernos cuerdas por un rato antes de irnos a dormir y que al día siguiente no despertáramos con dolor de cabeza y sin ganas de pararnos de la cama porque al día siguiente, era nuestro día de comenzar a trabajar en la noche. — No lo sé aún, ¿Deberíamos? — respondí. — Pues, no lo sé, solo sería por precaución — dijo ella. — Deberíamos pensarlo bien — dijo ella. — Sí, lo sé, podríamos, pero por ahora, quiero tomarme ese café para irnos a dormir, estoy cansada — dije. Olive no dice nada más, la cafetera se apaga dándonos aviso de que el café estaba listo y ella saca las dos tazas de café, les echa azúcar, y las sirve para que las tomemos juntas.
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