Mi autobús me deja en la central de autobuses en Puerto Vallarta, el calor es horrible y agradezco no haber traído a Keno. Aunque mi gato es hogareño y flojo, la casa es su refugio y el cuarto de hotel tiene aire acondicionado. Tomo un taxi que me lleva al hotel en el que nos hospedaremos, hace una hora que Cristina llegó al lado de Issac y de sus peques. Seguramente no trajeron a su pequeña Gabriela es muy pequeña para salir y enfrentarse al horrendo clima de Vallarta, no sé cómo se les ocurrió hacer está cosa en este infierno. El hotel es de esos lujos y ahora entiendo porque fue alto el costo del lugar, es un hotel cinco estrellas y uno de los más carritos que pueda haber. Entró y el señor del taxi me ayuda para llevar mi equipaje al interior del hotel, le doy los cien pesos del pasa

