Aunque soy un hombre bastante de costumbres, sucumbo a la gula y empiezo con los huevos, pidiéndole también yo que sean revueltos y con bacon, energía para empezar dignamente el día. Pasando por la mesa del pan, escojo un tipo cubierto de cereales. Cuando me siento, encuentro sobre la mesa una pequeña cesta de fruta y el café pedido al camarero antes de lanzarme a las decisiones culinarias. Ver todo lo que tengo delante me hace pensar en mis pequeños desayunos sobre el mostrador del bar, con un café y nada más y me pregunto si conseguiré acabar con todo. Piero llega de repente acabando con el silencio de mis pensamientos, con una gran sonrisa bajo sus gafitas socarronas. Lleva despierto desde hace un buen rato y ahora solo está bebiendo un café americano largo mientras espera a que todos

