CAPÍTULO 18-4

2057 Palabras

—Gracias —consigo decir sin apartar mi mirada de la suya, con la cabeza apoyada en el asiento y las manos entre las piernas. Atento, como siempre, toma mi cara entre sus manos y me besa en la frente, un gesto que debe haberle costado mucho y que me llena de afecto, sin ir más allá, donde no podría seguirle. Después de quitarme el cinturón, busco mis cosas esparcidas por el automóvil, me pongo al cuello la gran bufanda de lana y el abrigo mientras desciendo del auto. Cuando llego a casa, me siento ligera como una pluma, lista para el día de mañana a pasar a la orilla del Tíber para nuestro último día juntos antes de partir. Por suerte, al día siguiente brilla el sol en Roma y empiezan aparecer los primeros días sin el frío intenso que nos ha acompañado todo el invierno. Así que desempolvo

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