Muchos tiempo después...
POV Amelia
Mi mejor amiga desde la secundaria, Ahrianna, tenía una cita, por lo que decidimos pasar un rato de chicas entre maquillaje y ropa, como en los viejos tiempos de la preparatoria. Nos llevamos a mis bebés a mi habitación y los acostamos en la segunda cuna. Saqué mi estuche de maquillaje, la iba a dejar tal como ella quería, una sensual vampiresa en busca de su próxima víctima.
—¿No quieres usar vestido? Creo que es muy lindo lucir un vestido en la primera cita.
—No sé, no es muy «yo». Y no creo que con estas botas pueda combinar muchos vestidos —mencionó y alzó sus pesadas botas negras con broches—. Pero puedo husmear en tu ropa por una blusa, me puse esta —señaló y pellizcó la tela de su top—, pero me veo muy simple, no sé.
—Bueno, no tengo muchas blusas negras, pero hay algunas de encaje que pueden quedar bien con tu estilo Darks. Ella sonrió y movió las cejas con picardía.
Después de dejarla maquillada, ella hurgó en el closet hasta que encontró algo de su agrado. Se cambió varias veces y no se decidía. A los minutos escuché el ruido del portón del garaje, por lo que supuse que mi esposo, Nykolas, había llegado. Su voz pronunciando mi nombre resonó segundos después y se quedó en silencio cuando las pisadas dejaron de retumbar en la escalera. Mi amiga Ahrianna se apresuró en dejarse una blusa puesta y se sentó de sopetón en la cama en cuanto mi esposo entró a la habitación. Mi esposo se sorprendió al verla y yo le sonreí.
—Estoy seguro de que estaban haciendo algo —mencionó Nyx, perspicaz—, pero lo dejaré pasar. Hola, Ari. ¿Salieron? Es que vi el coche de los bebés abierto, pero no sabía si estabas aquí.
«¡Ah! No pierde detalle de nada».
—Sí, le dimos una vuelta a la cuadra con mis bebitos —resumí, evitando mencionar el susto sobre el señor que se cayó—. Y a que no adivinas. ¡Tiene una cita! —dije, agitando las manos hacia Ari—. ¿Se ve bonita, verdad?
Nyx alzó los hombros y Ari apretó la boca y chilló.
»Odioso. No le prestes atención, Ari. Estás hermosa.
—Es que no lo dice para no tener problemas contigo —me contestó Ari.
—Por favor, Darks —replicó Nyx y se rió—. Te ves bien porque llevas una blusa de mi esposa. Pobre muchacho, no sabe en dónde se mete…
—¡Ah! —bufó Ari y se levantó. Me voy, Zorris, no quiero llegar tarde. —Me levanté, y ella me dio un beso y un abrazo—. Bellas tus bendiciones, Nyx.
Nykolas la miró ofendido y torció los ojos. Yo me reí bajito y la escolté hasta la escalinata de la casa. Le arreglé el cabello y ella se fue muy contenta, caminando coqueta sobre sus botas de plataforma.
—¿En serio tiene una cita? —preguntó Nyx. Volteé y lo vi en la cocina, nada más en bóxer.
—Sí. Nunca me había contado sobre algún chico, pero la vi emocionada. ¿Cómo te fue? —inquirí y volví a la sala, cerrando la puerta de la entrada.
—Bien. —Cogió un vaso, lo llenó con jugo y comenzó a subir las escaleras.
—¿Así «bien» y ya?
—Sí, Nena. Oye, puse la ropa a lavar, si de casualidad me demoro mucho en la ducha, ¿la pasas a la secadora?
—Claro. Calentaré la cena.
—Gracias, te amo —mimó y me guiñó un ojo. Le lancé un beso y me dispuse a ser esposa en vez de madre.
La comida estaba caliente y servida, así que comencé a lavar lo poco que utilicé para no encender el lavavajillas, iba a ser un desperdicio de agua y electricidad. Por un borde del grifo brotaba agua, y traté de ajustarlo con la mano, pero no tenía suficiente fuerza, y la tuerca de la base era muy delgada para tomarla con los dedos. Subí un par de escalones hacia el piso superior por algo de ayuda, sin embargo, Nyx continuaba en el baño, entonces decidí buscar algún alicate o llave en el garaje para ajustar esa tuerca sin contribución de mi esposo.
El garaje olía a ambientador del auto, y aún se percibía la calidez del motor. Busqué las herramientas de Nyx por un estante, mas no vi ninguna maleta donde las almacenaba, luego revisé entre la pared del fondo y las motocicletas, pero no había nada similar a algún maletín con herramientas. Entonces busqué alguna caja, pero tampoco teníamos cajas. Retrocedí un poco, queriendo mirar alrededor y me tropecé con el auto. Alcé una ceja y sonreí.
«En el auto debe haber herramientas».
Busqué la llave del Mercedes en el llavetero de la sala y abrí la cajuela. Perfecto, allí estaba la maleta de herramientas, un bolso n***o y la llanta de repuesto.
«Qué raro que Nyx no sacó su bolso».
Abrí el bolso y lo revisé, seguro había alguna vianda usada y olvidada, pero sentí muchas piezas de metal frío. Intrigada, abrí más el bolso y vi varias pistolas. Solté todo dentro del maletero y retrocedí. Dios mío, ¿por qué Nyx tenía esas pistolas en el auto?
Mi cuerpo tembloroso rogaba para que no siguiera husmeando, pero volví a comprobar qué había dentro del bolso. Aparte de las pistolas había un celular y cargadores de municiones, una bolsa de tela con relojes y otra con anillos que lucían costosos. Agarré el celular y presioné una tecla lateral, la pantalla táctil se iluminó y me dio acceso al menú. Solo había llamadas de un número telefónico y mensajes de texto provenientes del mismo número. ¿Qué significaba esto? ¿Me estaba engañando? ¿Y las pistolas?
Los dedos me vacilaron y no pude marcar la llamada a ese número, me daba muchísimo temor escuchar la voz al otro lado de la línea, pero pensé que podría encontrar más si revisaba a fondo ese teléfono. Los mensajes de texto solo describían direcciones y horas en formato militar, pero desconocía esos lugares. Entré en la galería de imágenes y videos, y el contenido multimedia que vi tenía una imagen en miniatura horrible.
Reproduje el video con el corazón latiéndome a millón. Salía un hombre con un overol blanco, arrodillado junto a otro hombre cubierto de sangre, y de fondo se escuchaba la voz de alguien más gritando «¡mátalo!» varias veces, y éste de blanco le apuntó y le disparó en la cabeza al hombre en el suelo, matándolo al instante. Duraba pocos segundos, y me aterroricé más al reconocer al hombre que disparaba.