POV Amelia —¿Qué ha sido lo mejor de la semana anterior? —preguntó Ángel, el guía de Narcóticos Anónimos. Por lo general nadie se animaba a hablar primero. Ángel siempre iniciaba la sesión con un chiste para calmar los nervios, y era bien sabido que la risa era la cura de todos los males, así que era el aperitivo adecuado para comenzar con la reunión. —Mi mejor momento de la semana fue cuando vi que la taza de mi esposa tenía café y no vodka. —Unos murmullos de risa amenizaron el salón. Ari volteó a mirarme con la risa atascada en su boca y yo sí solté mi carcajada sin pena, pero aún así permanecimos callados ante la espera de participación—. ¿Nadie? No me hagan elegir dedocráticamente ¿eh? Se escucharon más risitas, y Leonard, a mi otro lado, carraspeó y alzó la mano. —Yo me arriesgo

