POV Nykolas Las manecillas del reloj se negaban a moverse, como si un ente invisible las sostuviera. La continuidad del tiempo había mermado desde hacía días hasta hoy. Aún así, la vida continuaba. Con amarguras, con desánimo y arrepentimiento. «La vida continúa». No era la primera vez, pero rogaba con todo mi ser que fuese la última que pasara por esta situación. Mi vida no compaginaba con la inestabilidad de una relación intermitente, mi «yo» sufría con la sola idea de enfrentar el cese y continuación de lo que yo afirmé —con seguridad— como el fundamento y comienzo de mi gloriosa vida conyugal. Me hallaba resecándome entre mi casa y la oficina, harto de ese maldito horario y esos inservibles papeles y correos que no paraban de llegar. De ese ir y venir qué ahora no parecía tener un

