POV Nykolas Algo se movía. Se desplazó con suavidad y abandonó la acogedora cama. Estiré un brazo y no sentí el cabello de mi Sirena, ni su piel de terciopelo, ni su curvilínea cintura. Y entonces abrí los ojos de inmediato y me incorporé como si despertara de una parálisis de sueño. —¡Nyx! Me asustaste —regañó y me jaló un dedo del pie. —No, tú me asustaste, escapando a hurtadillas de la cama. «¡Mierda! ¿Cómo podía decir “hurtadillas” tan temprano? Sonaba como una palabra muy complicada de pronunciar para esa hora». —No estoy escapando a hurtadillas. Solo quería dejarte dormir… Le vi las manos y tenía su toalla y un peine. —¿A dónde vas tan temprano? Creo que hoy es sábado. —No lo dudes, es cierto. Hoy es sábado. —Ajá, ¿a dónde vas? No tienes clases los sábados. —A la cocina,

