POV Nykolas Eran casi las ocho de la noche cuando volví a mi casa. El cuerpo me dolía, mi alma estaba destrozada por culpa de mi maldito orgullo. Dejé la motocicleta en el garaje y nada más bajarme, manotazos me golpearon en la espalda como una inesperada lluvia en verano. —¡Me dejaste allí botada! —reclamó Daiana—. Fui la estúpida que compró dos boletos y luego no te consiguió por ningún rincón. —Tuve una emergencia —zanjé y entré a la sala de la casa. Daiana iba detrás de mí, fúrica e indignada, soltando más manotazos que me cansé de recibir y le di un empujón. Ella trastabilló y me miró con una agria mueca de asombro. —¿Y no pudiste llamarme, o siquiera enviarme un mensaje? Eres cruel —condenó y negó con la cabeza—. No, eres un egoísta desalmado. Le señalé mi celular sobre la me

