POV Amelia Treinta minutos después, seguía algo confundida por la inesperada visita de Alekséi. Jamás lo hubiese imaginado tan preocupado. En eso, el timbre sonó, anunciando a mi madre. Llegó cargada de bolsas calientes que despedían olores deliciosos. —¿Nykolas viene a almorzar? —preguntó ella mientras lavaba sus manos. —Uhm, yo creo que no. Yo siempre le coloco el almuerzo, pero hoy no lo hice porque me tomó desprevenida y se fue al ratito de avisarme —revelé, a medias. No era necesario que supiera de la discusión que tuve con él por la mañana. —Bueno, igual hay suficiente hasta para que cenen. —Gracias, mami. Saqué platos y cubiertos, y ella terminó de sacar los envases de icopor de las bolsas. Sirvió ambos platos, y yo saqué del refri la jarra con jugo de moras que había hecho

