POV Nykolas Apenas pisé la oficina, volví mierda todo el papelero organizado sobre el escritorio. Me tiré en la silla refunfuñando, cogí el celular y tenía varias llamadas perdidas de Amelia. ¡Mierda! Le devolví la llamada, preocupado, con un nudo en la garganta, no podía significar nada bueno, y menos después del aviso de Foreman. —¡Nena! ¿Qué pasó? ¿Dónde estás? Escuché un sollozo en el auricular y se me entrecortó la respiración. »Amelia, por favor, háblame, me estás asustando. Se sorbió la nariz, emitió un jadeo y luego volvió a sollozar. —Ny-yx… Quiero irm-me a casa. —¿Y dónde estás? —E-en el hotel… es que vine, y pensé en dec-cirle a mi mamá, pero tengo mucho miedo… Resoplé aliviado, sacándome las peores ideas insanas de la mente. —No le digas, le decimos juntos —ordené. E

