Madison Lo primero que hago cuando llegamos a casa es quitarme los tacones y apoyar los pies en el suelo, que se siente frío y realmente relajante bajo mis pies dolorosos. Y sí, sé que tal vez debería haber esperado a subir a mi habitación, pero no podía esperar; solo de pensar en subir todos esos escalones con estos zapatos me daba vértigo. Me giro sobre mí misma para encontrarme con Hugo, el cual me mira con una ceja enarcada. —¿Cansada, señorita Madison? —No sé cómo puedes soportar a toda esa gente comiéndote la oreja todo el rato. En serio, ha sido... agotador. Creo que me sé de memoria la vida de la mitad de los presentes, es más, una mujer hasta me ha contado la vida de sus cuatro gatos. Hugo suelta una risita mientras que me quita los tacones de la mano y los deja ordenadamente

