4- Deseo Animal

1098 Palabras
Damien Black La sorpresa no fue venir a trabajar el lunes y toparme cara a cara con mi nueva asistente. Tuve claramente todo lo que quedaba del sábado y el domingo para mentalizarme que solo la había elegido por sus notas y no por esa mirada de cachorrito que me persigue en mis jodidas fantasías. La chica es jodidamente buena en lo que hace por no decir que sus curvas me tienen pensando en las mil y un maneras de romperla. Por eso me obligó a ser más duro con ella e ignorar a los demonios que me susurran que la haga mía. Debo tener el control no importa lo que pase. Esto no es normal en mí, pero cada vez que entraba por esa puta puerta era como una pesadilla o un sueño andante en tacones altos, saya de tubo como el primer día, siempre negra y blusas de distintos colores de botones que luchaban por mantener a ralla con su sostén a esos grandes pechos. Ni hablar de su melena castaña que caía a media espalda. Creía que la melena de Georgia era atractiva, pero la de mi nueva asistente era mejor, me insitaba a pensar como se sentiría agarrarla fuerte, hebra por hebra, hasta que rogara de dolor. ¡Por Dios Damien! Eres el puto CEO de este empresa y el mejor del país, no un adolescente que tiene sueños húmedos con una mujer, ni se obsesiona. Me recuerdo a mi mismo teniendo un debate con mi conciencia y mis putas bolas las cuales llevan una semana dándome dolores. Lo que conllevaba a extensas liberaciones y frustraciones cada vez que llegaba a casa. Cómo justo hoy ante el recuerdo de el momento que ese cachorrito entro descarrilada para entregarme unos papeles, que con su torpeza terminaron en el suelo de mi despacho, razón por la cuál se inclinó, acabando con mi concentración en la laptop para ir a parar a ese magnífico trasero con todas las ideas sucias de todo lo que podría hacerle. Por supuesto que tras eso le hable con dureza y me desquite con ella aumentando más aún su trabajo con expedientes de desfiles viejos que tenía que revisar. Lo que más me entretenía era su manera de acatar las órdenes, su "Sí señor", era suficiente para insitarme a llevarla al límite y ver hasta dónde llegaba su carácter sumiso. La manera que apretaba sus puños y mordía su labio inferior para no soltar numerosos insultos en mi nombre. Sólo el recuerdo, mientras el agua cae sobre mi cuerpo activa mi m*****o duro como una roca y no puedo evitar satisfacerme en su nombre una vez más de muchas. Ana- gruño como un animal necesitado al borde del colapso. # A la mañana siguiente tengo un plan maquinado en mi cerebro. No sé cómo resultará a está altura pero solo me importa una cosa y es sacar esto de mi sistema. Todavía Georgia le quedan meses en volver, demasiado tiempo para está adicción que se está formando en mi sistema. Llegó más temprano que nunca a la empresa y saludo a los guardias, y la recepcionista. Mientras subo por el ascensor dándole vueltas a lo que estaba dispuesto hacer. Las puertas suenan anunciando que llegue a mi piso de trabajo y cuando salgo trato de ser lo más sigiloso posible al oír una voz masculina con la dulce voz de mis sueños y fantasías. Reconozco la voz masculina como el chico de informática que la viene a recoger cada día para almorzar y hacen bromas. Parecen muy buenos amigos y hasta la hace reír, algo que me da cierta molestia cuando los veo cerca. Me acerco sigiloso para escuchar de qué hablan, no es que acostumbre a escuchar conversaciones ajenas. Pero escuchar por primera vez a la chica maldiciendo me intriga. - te juro que es un imbécil sexista. Y la tiene cogida conmigo desde el primer día y no sé ni por qué. Pero te juro que hoy será mi maldito día con ese dios griego del hielo- Sonrío observando como sus labios se frucen y el chico le hace una seña que se calle al verme presente incluso se aclara la garganta. Pero ella continua de espalda ajena al mundo imprimiendo unos papeles en su escritorio. - Olvida lo de Dios griego. Ese idiota me dejó trabajando toda la maldita noche. Y yo que pensé que aprendería del mejor. ¡Esto es una mierda!.- se gira y se detiene abruptamente al toparse con mis ojos. Sus mejillas en nada se enrrojecen y trato de que no se me escape una sonrisa mientras le señalo con mi dedo que la espero en mi despacho. - Yo mejor me voy de aquí- se despide el chico camino al ascensor bajando la cabeza con miedo. Camino hacia mi oficina sonriendo abiertamente al escuchar el sonido de esos tacones siguiendo mis pasos. Mi bestia ruge pidiendo ser liberada. Pero actuó lentamente conteniendome. Ella se para en la puerta indecisa si entrar o no como una niña pequeña que sabe que hizo algo mal y va a ser castigada. Pero como el primer día, su lado rebelde puede más y cierra la puerta tras ella dejándonos cara a cara. Acortó la distancia que nos separa y ella da pasos hacia atrás intentando huir en vano, porqué en el fondo de sus ojos desea esto tanto como yo. Y en la manera que sus pupilas se dilatan pidiendolo a gritos, a la vez que sus labios se separan en una respiración profunda como si de pronto le faltara oxígeno. Pobre cachorrito. Colocó una mis manos a la altura de su cabeza y por un momento ella la mira, parece confundida y asustada. - Señor ¿Qué está haciendo?- tartamudea nerviosa pero no aparta su mirada de la mía, regresandola dónde debe estar. Mis impulsos se descontrolan, alzo otra de mis manos y las colocó en su garganta, intenta rehuir a mi toque ante el repentino calor que nos recorre pero la mantengo en su sitio. Y un sentimiento de posesividad se dispara al palpar su pulso, el estremecimiento de su cuerpo, la manera en la que saca su lengua y recorre sus labios que parecen ahora un poco secos. La tensión es tanta que no pido permiso, simplemente espantó mis labios contra los suyos, tragandome su jageo de sorpresa. Duro, salvaje, necesitado. Es un beso de tomar y dar. De desespero de deseo. La cargo pegándola aún más contra la madera y se arquea mientras mis manos por fin gloriosas se sienten llenas con su trasero.
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