Capitulo 5
Y aunque por un momento Bastián se deja llevar, basto que pasaran unos segundos para que me apartara bruscamente de su cuerpo. Desde donde estoy lo miro boquiabierta al igual que él quien desvía prontamente la mirada, dándome la espalda mientras pasa su dedo índice por los labios.
Tengo la certeza que le ha gustado eso es porque su respiración está demasiado agitada. Por eso es que me atrevo a tomar su hombro y girarlo hacia mí, intentando darle otro beso mismo que rechaza enseguida.
—Deja de provocarme. En primera soy tu hermanastro, en segunda soy tu profesor y en tercera esto no le agradara a nuestros padres—me dice viéndome atentamente para luego soltar mi muñeca con brusquedad.
Anonada sonrío de lado. ¿Cómo puede ser que ese hombre se atreva a rechazarme? Profundizo la mirada en tanto observo como cada vez desaparece de mi vista. Él tenía algo que los demás no tenían eso es porte, elegancia y sobre todo no es una presa fácil, lo que lo hace más interesante.
Sigo mirando a la vez que paso mi dedo pulgar por mis labios, incluso su sabor es tan adictivo. A lo lejos veo como Mila lo sobrepasa para venir hacia mí.
— ¿Qué paso amiga? ¿Pudiste lograr tu objetivo? —Mila pregunta viendo mi rostro el cual intenta descifrar.
—Él no es como los demás, es tan diferente que me hace querer más y más de él —sonrío de lado.
—O sea ¿Qué te ha rechazado? ¿Cuántas veces con esta lo ha hecho? ¿No crees que deberías de parar? Digo nunca le ruegas a nadie, más bien, ellos son los que te ruegan a ti —frunce el ceño.
—Exactamente, y él no va a hacer la excepción, quiero mi beca y si tengo que enamorarlo para obtenerla, lo voy a hacer—muerdo mis labios.
— ¿Qué es lo que vas a hacer? —pregunta confundida.
—Ya verás—comento sonriente en tanto avanzo junto con ella.
Días después…
Sí que ese intruso es demasiado difícil y trabajador, me he cansado de esperarlo a altas horas de la noche sabiendo que no va a llegar, porque hasta ahora no ha aceptado la invitación de su madre de quedarse por completo en la casa, solo un bendito día se quedó y de ahí ya no vuelto más.
Suspiro viendo hacia el balcón de mi habitación desde donde se ve como un coche se estaciona en el jardín, frunzo el ceño viendo como de él sale Bastián quien luce tan guapo con esa camisa la cual está un poco desabotonada.
Rápidamente acomodo mi cabello y mi pijama la cual es demasiado cubierta para lo que pretendo hacer, pensándolo bien necesito cambiar mi atuendo por algo más sexy tanto como revelador, total mi padre a esta hora esta más que dormido.
Minutos más tarde…
¡Carajo! En donde se ha metido, me quedo pensando en el pasillo de la sala desde donde de pronto se escucha un ruido proveniente de la cocina hacia donde a paso veloz me dirijo.
Ante mis ojos esta un espalda maravillosa, ancha y ejercitada, y ni hablar de esos brazos y manos las cuales sirven un vaso de agua ¡Claro! Lo tengo, deliberadamente camino a la vez que digo su nombre, eso provoca que él se dé la vuelta en automático, lo cual causa que me estampe contra su cuerpo.
Claramente esto es a propósito, porque ahora tengo su atención, esa misma que está en mi bata de noche la cual esta empapada de mi escote. Poco a poco noto como sus ojos se clavan en mi cuerpo y después divagan hacia mi rostro el cual he maquillado para él.
En silencio solo lo miro, por algunos segundos, ya que si hablo prontamente cabe la posibilidad que rompa este hechizo el cual está saliendo de maravilla. Todo está a mi favor incluso esa luz tenue que entra por la ventana.
—Que tonta, no pensé que estuvieras aquí —hablo en tono dulce y bajito.
Lo único que hace de su parte es mover sus pupilas y entreabrir los labios, de mi parte solo muerdo mis labios a la vez que pongo mis manos en su nuca.
—No quise mojarte, disculpa—parece estar un poco hipnotizado.
No digo nada solo me quedo mirándolo un instante más, mientras mis manos dibujan pequeños remolinos por detrás de su nuca, la cual es demasiado suave, mirándolo tan detenidamente permanezco así hasta que…
—Buenas noches ¿Qué hacen? —pregunta Elara apareciendo de la nada.
Bastaron solo esas palabras para que esa magia se rompiera drásticamente.
—Nada Elara, pasa que tu hijo me mojo por accidente y evito que me cayera al suelo, es solo eso—volteo mirándola con seriedad mientras que ella nos mira con sospecha.
—Ah mira que amable es mi hijo—habla pausada y viéndome detenidamente.
—Así es mama. No pienses cosas que no son —Bastián menciona de manera firme.
—Claro hijo ¿Cómo pensaría algo mal de ustedes, si ambos son casi hermanos? Además, si pensara mal no te habríamos hablado para que te quedes a cuidar a Clara—ahora suena despreocupada.
—Para empezar ¡No somos hermanos! Y no necesito que me cuiden, además no tenía idea de que estaría sola—frunzo el ceño.
—Eres una hermosa niña, y solo te quiero cuidar por eso llame a mi hijo, además el viaje a Tailandia salió de improviso.
— ¿Improviso? —sueno incrédula—Es ilógico, ah y no finjas quererme, odio a las hipócritas como tù.
— ¡Oye! ¡Respeta a mi madre! —Bastián me mira con enojo.
No puedo tolerarlo más solo le tuerzo los ojos y me voy corriendo fuera de la cocina. No sé qué me enoja más que diga que somos hermanos, o que finja quererme, estoy segura de que se llevara a mi padre a Tailandia para hablar pestes de mí, es obvio que me odia, si no fuera así hubiera esperado a que saliera de vacaciones para ir de paso a Paris, pero claro… Tuvo que elegir este momento para que mi padre no me diera mi regalo de cumpleaños tal y como se lo pedí anteriormente.
A la mañana siguiente…
Si no fueran por esos hermosos pajaritos los cuales cantan en mi ventana, todos mis días fueran pésimos. Antes de levantarme me estiro viendo hacia el ventanal en donde me esperan ellos para darles de comer.
Enseguida me pongo de pie para tomar un poco de comida y alimentar a esas hermosas aves las cuales son lo único bello en este lugar. Concentrada haciendo mi labor del día, escucho como tocan a mi puerta y es la empleada doméstica quien entra dejándome una charola de comida sobre la mesita de noche.
—El joven Sterling dijo que le trajéramos el almuerzo a la cama, ya que es tarde, con permiso—ella se va luego de darle las gracias.
Es verdad ni siquiera quise pararme a desayunar con mi padre, total es como si no existiera en esta familia. Dejando de lado a mis amiguitos, decido ir hacia ese desayuno el cual en cuanto destapo veo como lo primero que ven mis ojos es una nota muy grosera a mi parecer.
“Deja de estar haciendo berrinche y come, evita estar comportándote como una niña”
Exhalo indignada, pero que carajo se cree. Algo alterada salgo de mi habitación, camino hacia las escaleras en donde esta ese susodicho hablando de espaldas con el teléfono en alta voz.
—Es domingo y… Quizá sea buen día para conocernos. Siendo sincera me dejaste con más ganas de hablar contigo por eso es que conseguí tu número. Espero y no te molestes.
—No para nada, y sí. Me vendrá bien tener una amiga en la universidad, claro que acepto tu invitación—èl se da la vuelta volteando en dirección hacia las escaleras.
Claro que yo fui más rápida, por ello es que estoy detrás del muro viendo como él sigue hablando con la profesora Karime, quien es tan obvia su voz. ¡Maldita sea! Efectivamente no dejare que ellos dos salgan, me digo a mi misma sonriendo decidida.