Capitulo 11
De pronto siento unas ganas de desbotonar su camisa es ahí justo en ese momento que él me toma de las manos y me aparta viéndome a la vez que no deja de respirar agitadamente.
— ¡No! Y ya basta Clara —se pone de pie dejándome a mi sentada sobre su asiento.
— ¿Por qué? Si sé que te gusto —me pongo de pie para poner mis manos sobre su pecho.
—Tengo novia entiende eso—se da la vuelta quitándome nuevamente mis manos de su cuerpo.
Suspiro llena de indignación, otra vez me ha rechazado. De verdad ¿Cuántas veces más tengo que soportar esto? Creo que ninguna más, así que si, aunque me duela debo aceptar mi derrota y esa es dejar de ser migajera porque así es como me siento últimamente.
¿Cuándo deje de ser esa chica deseada por ser una que ha perdido hasta la dignidad por alguien a quien efectivamente no le intereso? Por eso es que tomo aire como también valor para tomarlo del hombro y voltearlo hacia mí.
— ¿Estás seguro de que no me quieres cerca y de que quieres estar con ella y no conmigo? —noto como mis labios tiemblan.
— ¿De qué hablas? —me ve sorprendido.
— ¡Contéstame! —mis ojos se humedecen.
Bastián simplemente no contesta a mi pregunta, él solo toma asiento para posteriormente empezar a trabajar desde su computador en tanto yo me quedo parada sintiendo una gran desilusión, esa misma que hace que mi pecho arda sin tregua alguna.
Viendo eso una rabieta impulsiva se apodera de mí, provocando que tome todos esos papeles puestos en el escritorio tirándolos al suelo. Bastián se pone de pie viendo como también tiro el teclado de su computador.
— ¿Qué te pasa? —suena molesto.
Me quedo en silencio dibujando una sonrisa diminuta en mis labios, luego de haber soportado trabajo intenso, e incluso hasta de haber limpiado las tazas de baño de cada consultorio y demás, hoy decidí recuperar mi dignidad.
Por un momento no lo miro simplemente me quedo pensando en lo gran imbécil que he sido. Sigo pensando hasta que de pronto él me toma de la barbilla haciéndome verlo a los ojos.
— ¿Qué te pasa? Junta esos papeles y hare como que no paso esto—me suelta y en cuanto lo hace vuelvo a suspirar, pero esta vez hago un sonido.
— ¡No lo hare! Y no tienes que olvidar nada, al contrario ¡Felicidades! ¡Renuncio! ¡Lo lograste! —me doy la vuelta mostrándole mi mirada la cual esta enrojecida y envuelta en una ola de sentimientos encontrados.
— ¿Por qué? Porque no accedí a tus caprichos ¿Por eso la rabieta? Entonces me vuelves a dar la razón cuando digo que eres una inmadura.
—Pues quizá si sea una inmadura, pero por lo menos yo si tengo el coraje de decirte a la cara que me gustas y que por eso me acosté contigo. Pero está bien no te preocupes desde hoy te dejo ¡Tranquilo! Con permiso.
Con los pies hago de lado esos documentos para salir directo a la salida, y puedo jurar que esta es la segunda vez que lloro por amor algo de lo que yo tengo la culpa, porque debí mantener esa promesa la cual era no volverme a entusiasmar con alguien.
En casa…
Al llegar lo primero que hago es caminar directo a mi habitación en donde por sorpresa me encuentro a Elara quien está sentada en la cama. Lo que me faltaba digo en tono molesta mientras dejo caer el bolso al sillón de al lado.
—Tranquila vengo en acción de paz, solo quería darte esto—me muestra una pequeña caja en donde hay una cadena con dije de bailarina.
Debo aceptar que es hermoso sin embargo siento que al tomarlo traiciono la memoria de mi madre y no es porque mi padre se haya casado sino porque lo hizo con una mujer tan hipócrita como Elara, de lo cual estoy segura de que mi madre está molesta. Como sea solo tomo su mano y la hago a un lado bruscamente a la vez que digo “No quiero nada de ti”
—Por favor, Clara yo solo…
—Ya te dije que no ¡Carajo! —la miro molesta.
— ¿Qué rayos pasa aquí? ¿Y porque le hablas así a mi madre? —de pronto aparece Bastián con sus aires de superioridad.
Antes sentí que debía respetarlo si quería esa beca, luego pensé que debía hacerlo porque me gustaba, pero francamente debido a sus incontables rechazos ya ni siquiera me importa mantenerlo cerca, al menos no por ahora.
— ¡Salgan los dos de mi recamara! —empujo a Bastián hacia afuera, luego de eso Elara me ve sorprendida mientras intenta dejar esa cadena misma que tomo del sillón y tiro para afuera.
Realizado mi objetivo me dispongo a meterme a la cama a llorar ¡Carajo! Tenía tanto sin hacerlo que siento que mi alma pesa demasiado.
Al día siguiente…
Debido a que es fin de semana me he dispuesto a dormir hasta tarde por eso es que recién bajare a desayunar cuando claramente debería de estar por comer. Bajo las escaleras tranquilamente hasta que un golpe en la mesa me sobre salta, para mi sorpresa es Bastián quien ha golpeado el comedor con un puño ardiente.
Antes de querer entrar al comedor me detengo en uno de los muros donde escucho como el arremete todo su coraje contra un chico delgado de tez blanca. Solo escucho como él le dice “Eres un maldito imbécil y tu mama deja de querer que ese tipo y yo volvamos a ser familia” Si que está enojado como para que le hable así a su queridísima madre.
En fin Bastián se da vuelta, viéndome por un instante para luego solamente seguir con su camino.
Varios días después…
—Entonces no piensas volver a trabajar con él ¿Y ahora qué harás? —Mila menciona en tanto ambas permanecemos sentadas en la cafetería de la universidad.
—No tengo idea, pero hoy me mandó un mensaje la profesora Clarisa, quiere que vaya a auxiliarla —mantengo mi mano revolviendo ese batido de fresa.
— ¿E iras? No dices que Bastián ahí está en sus tiempos libres apoyando a la academia.
—Si lo sé, pero ya no dejare que interfiera, solo hare como que no lo conozco—termino de decir para después seguir comiendo.
En la academia…
Este es mi momento más delicioso de todo el mes, en el cual vengo a cubrir a la maestra Clarisa durante tres días a la semana, amo esto, amo el ballet, me siento viva en cada paso que doy.
Y pensar en ello me frustra tanto que siento un nudo en la garganta. Por suerte la clase termino así que puedo llorar a gusto en cuanto esos hermosos niños salgan a sus respectivos hogares.
—Maestra Clara, la extrañamos mucho, que bueno que volvió—un pequeño alumno me regala una sonrisa.
—Gracias yo también.
Minutos más tarde…
Por último luego de dar por terminada la clase, me dispongo a recoger todo el equipo y cuando termino voy de camino hacia afuera de las instalaciones en donde choco con alguien el cual me tira todo su café en la blusa, la cual por lo mojado se revela parte de mi escote el cual cubro con mis dos manos.
Seguido de eso, volteo a ver a esa persona esa misma que vi discutir con Bastián es decir ese tipo con el cual sacaba todo su coraje aquel dia.