La belleza exótica en los ojos de Bells se mostró una vez más al ella despertar, y aunque lo hizo todavía en el árbol hueco en compañía de las ardillas chismosas, se sintió mucho mejor. A pesar de haber pasad mucho frío, su cuerpo se acostumbró a este y su pelaje le ayudó a sobrellevar la situación con la mejor disposición posible. Se estiró lo suficiente como para darse cuenta de que el cielo brillaba con intensidad, y aunque no hacía mucho sol, se apreciaba que era de día. Bells amaba los días despejados y templados, ni muy fríos ni muy calientes, y también el olor de la tierra húmeda, algo que le daba paz mental y le calmaba los nervios cuando se alteraba. Pocas veces Amanda la llevó a pasear a territorios salvajes, puesto que era una gata muy delicada y podía enfermar muy fácil, su

