Cuando Bazyli se da cuenta de que no voy a responder, me suelta. Se aleja de mi inesperadamente. Estoy tan débil por el deseo y el placer que casi me caigo de culo, me detengo en la pared mientras lucho por mantenerme en pie. Los ojos de Bazyli siguen mirándome, entrecerrados y llenos de furia. Se chupa el dedo índice, y lo suelta con un chasquido, absorbiendo todos los jugos que lo cubren de cuando me metió el dedo. —Estaba cerca —protesto. —Mala suerte la tuya. Para más información, visita www.lavidanoesasidefácilsinunorgasmo.com.pl —¡Qué demonios! —Levanto los brazos al aire. —El maldito infierno, es que eres un puto dolor de cabeza y necesitas una lección. Voy a sacarte la verdad, Franciszka, de una forma u otra, pero hasta que lo haga, pierdes todos los privilegios de corr

