Había pasado una semana desde que visité el lugar dónde vive Bazyli. Una semana de absoluto silencio por su parte, y mi hermano haciendo todo lo posible por restablecer algo parecido a la normalidad en nuestro hogar. Llegaba de visita después del trabajo varias veces a la semana para ver cómo estaba Tata, convencido de que el envenenamiento era obra de mamá o un error tácito de Apoloniusz. Les seguí el juego, colmando de atenciones a mamá, vigilándola con ojos de halcón para asegurarme de que no intentara hacerse daño, pero la verdad era que algo había cambiado dentro de mi, reorganizándose en una forma diferente. Estaba empezando a cambiar, y no sabia cómo ni por qué, pero las últimas semanas tenían mucho que ver con ello. Por fuera, seguí los pasos habituales. Me reuní con Ludwika,

