—¡Tío Bazy! ¿Puedo montarte? Szymon, el hijo de Ludwika y Aron, de no más de tres años, abrió de golpe la puerta de la casa de Armandek y Oliwia, lanzándose hacia mi, como un misil. Me rodeó la pierna con sus brazos regordetes y procedió a arrastrarse hasta mi torso como una mini soldado, hasta que lo recogí, metiéndolo bajo un brazo y sujetándolo como si fuera un saco de batatas. Entré en la casa donde había pasado mi adolescencia y besé a Ludwika en la mejilla y luego abrase a Oliwia. —Quiero montarte.— Szymon soltó una risita, todavía metido bajo el brazo mientras intercambiaba cumplidos con mi madre y mi hermana adoptivas—. Por favor tío. —Después de la cena, Szymon—dije, revolviendo su melena pelirroja enmarañada. Era exactamente igual que Ludwika, que era exactamente igual

