El placer de morir

1513 Palabras

Y lo entendía muy bien. El juego había terminado antes de empezar. Bazyli era el temible monstruo, y yo una doncella atrapada en una torre muy alta de cristal, destinada a ser salvada por otra persona, un ogro verde talvez. Su adversario, probablemente. Asentí, aunque me dolía la cabeza y la parte posterior de la nariz y las lágrimas me pinchaban los ojos. —Si. Solo qué... Levantó una ceja, esperando más. Y yo ya no sabia qué decir. —¿Si?...— siseó finalmente. —Un último beso —murmuré un suplicio —. No se lo contaré a nadie jamás. Sabes que nunca lo contaría. Pareció considerar esto, antes de inclinar su cabeza hacia la mía. —Un beso —susurró, con su cuerpo rozando el mío—. Un último miserable, estúpido e insignificante beso. Y no te atrevas a volver por más, mucho menos por

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