Me ofreció una ceja arqueada, mostrando que su atractivo tenia una cualidad diabólica, del tipo que sospechaba que muy pocas mujeres podían resistir. —No apostaría eso conmigo. —¿Oh? ¿Por qué no? — Porque… Yo siempre gano. —Hay una primera vez para todo —murmuré, empezando a pensar que era demasiado confiado para mi gusto—. Te apuesto lo que quieras a que estoy teniendo la peor noche de toda la gente que se encuentra en este parque. —¿Eso es cierto? ¿Lo que yo quiera? —Dentro de lo razonable.— Enderecé mi espalda, recordándome. Ella siempre me decía que me comportara de cierta manera. Si ella fuera un fantasma revoloteando sobre mi ahora mismo, no apreciaría mi atuendo. Lo menos que podía hacer, era no perder mi virginidad con este apuesto desconocido en una estúpida apuesta que yo

