Alejandro nos lleva a aquella casa en la que estuve una vez, no me es desconocida, y agradezco tener a Magda a mi lado, es una señora dulce y amable. Estas semanas, entre la mudanza y nuestro nuevo comienzo, pasan tan rápido que apenas soy consciente, parecemos un matrimonio normal, una familia feliz. Cada noche, cuando vuelve del trabajo, lo recibo con los brazos abiertos, él viene impaciente por un beso, por una caricia mía. —Os he echado de menos —me dice con ternura. —Y nosotras a ti —le contesto yo. Es un sueño hecho realidad, Alejandro a mi lado, amándome, Triana crece sana y con sus padres juntos, mostrándole el amor que le tenemos. Me instalo, junto con mis pinturas, en una de las habitaciones, Magda dice que es su nuevo lugar preferido de la casa, le encanta ver cómo un simp

