Mis piernas nunca habían ido tan rápido, voy derecha, directa a las oficinas de Alejandro, esperando que esté ahí. Subo al piso donde está su despacho, ignoro a la secretaria que me pide que no entre, del mismo modo, he ignorado la suplencia de la mujer que disfrutaba atormentándome por alguna razón. Entro sin llamar, Alejandro no está solo, Francisco, el padre de Laura, está sentado frente a él, al otro lado de la mesa. —¿Qué haces aquí? —me pregunta sorprendido Alejandro. No voy a soltar todo estando este mentiroso aquí, este ruin que antepuso el dinero a su familia. —¿Qué hace él aquí? —pregunto yo señalando con los ojos a Francisco. —He venido a recuperar lo que me pertenece —responde el susodicho. —No va a recuperar nada, le pertenecía a Laura, y ella quiso dejárselo a mi hija

