Lo miro confusa, ¿qué hace él aquí? —¡Responde! —le grita de nuevo. —¡Sí, quiero follarme a tu esposa!, ¡tú no supiste cuidarla!, ¡ahora no te las des de marido ofendido! —le contesta Juan provocando un huracán. Alejandro avanza firme hacia él y lo tira al suelo de un puñetazo. —¿A ti qué te pasa, eh?, ¡no puedes venir aquí y montar una escena!, ¡te liaste con mi hermana! —le recuerdo mientras me agacho para ayudar a Juan. —Sigues siendo mi esposa, Elisa, te guste o no, al menos podrías fingir un poco de decencia. —¿Decencia?, ¡qué sabrás tú de eso! —¿Qué pasa?, ¡se escuchan los gritos desde la galería! —intercede Gabriel. —Lo siento, ya se iba —le digo mirando a Alejandro, sintiéndome mal por fallar a mi jefe. —Arreglar lo que tengáis que arreglar y vuelve —me pide volviendo por

