Julia y Alejandro se estaban besando, con el pulso tiritando los miro, mis ojos los taladran, crean un hoyo imaginario en el cual los entierro. No quiero hablar, ya me lo esperaba, solo que en el fondo deseaba con todas mis fuerzas estar equivocada, camino rápido para subir las escaleras y no encarar esto, no estoy lista. —¡Eli, Elisa, espera! —me suplica Alejandro cogiéndome del brazo con fuerza, su mano me quema. Cruzamos las miradas unos segundos, quiero mirarlo a los ojos por última vez. —¡No vuelvas a tocarme! —escupo con rabia soltándome de un tirón y continuando mi camino. Llego a mi habitación, loca, sin razonar todo lo que siento ahora mismo, busco una maleta y empiezo a vaciar mi armario. —¿Qué estás haciendo?, ¡no puedes irte! —me grita Alejandro entrando y dando un portaz

