Alejandro se sienta en el suelo con expresión seria, está pensativo, supongo que busca las palabras correctas para decirme que esto no durará. Me observo a mi misma, la ropa desencajada, las bragas en el suelo y la sensación en mi entrepierna. —No puedo darte más que esto —me dice sin mirarme. —No espero nada más. —Deberías querer más, mucho más, Eli, no tienes que conformarte con los restos. Sonrío con sarcasmo, ¿acaso alguna vez se me ha ofrecido la oportunidad de ser codiciosa?, no, eso nunca ha pasado, más que vivir, he tenido que sobrevivir, con él, al menos, he sentido que corría sangre por mis venas. —No quiero perderte, no entiendo qué me pasa contigo, pero no quiero perderte —asegura mirándome a los ojos. —Estás casado, Alejandro —le recuerdo. —Hay algo que debo contarte

