Raúl me lleva hasta un puesto de bicicletas donde alquilamos dos, eso era algo de lo que ya me había dado cuenta, el movimiento de este medio de transporte dentro de la ciudad es predominante, tanto para reducir el tráfico y las emisiones de gas, como por una vida más sana. Subimos en nuestras bicis y vamos parando de vez en cuando, en una catedral enorme, en una abadía, típica de las novelas románticas de época, en parques llenos de verde y marrón, resultado de las lluvias comunes. Paramos a merendar en una cafetería, pero no es como las de España o Francia, aquí ponen música clásica suave y los tonos de colores van a juego con los del exterior, Raúl me ha recomendado un té con mezclas de diferentes plantas y, la verdad, me ha gustado. Hablamos de muchas cosas, de nuestras vidas, sobre

