Me levanté de la cama muy despacio con la intención de no despertar a Rafael. He de admitir que cuando me desperté y encontré su cara frente a la mía con expresión de tranquilidad, me resultó adorable y no me invadió aquella sensación de repulsa con arrepentimiento a la que estaba más acostumbrada. —Boungiorno peincippesa.— dije al ver que había fracasado y él estaba abriendo los ojos. Había aprendido esa frase viendo "La vida es bella" y me pareció el momento idóneo para soltarla. —Me acabas de llamar princesa.— sonrió y a continuación empezó a bostezar.—Buenos días. —Voy a casa de los niños perdidos.— empecé a cambiar el pijama por la ropa que había dejado preparado la noche anterior, de espaldas a él, ya que todavía no estaba tan cómoda. Una vez me vi en el espejo tan solo con la po

