—Nos vemos.— se despidió Rafael mientras besaba mi frente. Aquello era demasiado, pocas cosas expresan tanto cariño como un beso en la frente. Y sin embargo en cuanto nuestros caminos se separaron en la puerta de aquel hotel me sentí perdida. Tardé unos minutos en recordar que no tenía porqué sentirme así, sabía perfectamente dónde estaba. Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid. Más concretamente, la Universidad Complutense. Lugar de estudio para tantas especialidades: bellas artes, medicina, ciencias biológicas, económicas y empresariales, matemáticas, ciencias químicas, ciencias políticas y sociología, enfermería, filosofía, veterinaria... Comencé a pasear tranquilamente procurando que

