Cap 1. ¿Y cómo te salió eso?

1594 Palabras
– No seas cabrón – Grita el coach – esto es entrenamiento, no tienes que matarlo. – Me amonesta, está es la cuarta vez en la semana. Dejo de golpear al pobre iluso que dijo que podía vencerme, levantándome de él y dejándolo libre para que vaya a llorar con su mami. Al parecer a veces se me va la mano con sus muchachos. No me sorprendería que me expulsara de su gimnasio, como los coaches anteriores. – Para tí es todo por hoy. – Dice mientras se acerca al chico que está tirado en la lona. Escupo el protector bucal en mi mano antes de hablar. – Lo siento, jefe, pero me pidió que no tuviera piedad. – Me encojo de hombros mientras sonrío sacándome los guantes, aunque no creo que le hace mucha gracia al coach porque solo me mira de costado con reprobación. Claro, he hecho añicos a su nene estrella. – Sí, sí, como sea, ya vete. – Ondea la mano regresando la atención al chico tirado. Salgo de la jaula pensando que la sesión de hoy ha durado menos de lo que tenía planeado, aún necesito sacar frustración. Tiro mis cosas al bolso del gimnasio, me pongo los zapatos y salgo de aquí sin poner atención a mi alrededor. Me subo a la moto y manejo a toda velocidad a la mansión. Al entrar, me golpea de nuevo la soledad. El saber que ella no está conmigo duele cada maldito segundo pero no puedo culpar a otra persona más que a mí por lo que pasó esa noche, por como manejé toda la situación. Hace un mes que mi pequeña desapareció sin dejar rastro, o al menos, hasta donde he averiguado. Nadie sabe a dónde fue, solo sé que está bien y que está tranquila. ¿Cómo sé eso? Bueno, le manda emails a Eugenio, ya que sigue estando al mando de Pambro y él trabaja para ella. Y aunque él es uno de los mejores en investigación y seguridad, esto no lo ha podido resolver. No ha podido dar con su paradero, parece que la tierra se la tragó. Ella se esconde muy bien, lo cual no me sorprende. Lo único que puedo hacer para evadir el dolor que tengo por haberla perdido es causarme dolor físico, así que decidí volver a practicar artes marciales mixtas y sacar toda mi frustración ahí, cosa que no le ha venido bien a alguno que otro tipo, ya que los muelo a golpes. Dejo el bolso junto al canasto de ropa sucia, junto con mi ropa sudada para meterme a bañar. Abro la regadera, me meto bajo el agua caliente para comenzar a mojar mi cuerpo, queriendo que se vaya mi dolor con el agua corriente, pero es inutil, solo flashes de esa noche vienen a mi mente. Imágenes en donde la beso hambrientamente, acariciando su cuerpo. Puedo recordar sus jadeos, sus uñas arañando mi espalda. Mi estómago se anuda y la frustración por no haber podido parar a tiempo me gana. Choco el puño contra la pared, lastimandome la mano en el proceso. ¿Cómo pude hacer eso? ¿Cómo no me di cuenta que no era mi pequeña la que estaba en mis brazos esa noche? No recuerdo mucho más que eso, solo que al otro día desperté desnudo, con Pia abrazada a mí. Sé que de alguna forma me drogó y termine en una habitación con ella, pero no tengo pruebas de eso, por eso, cuando Eugenio me confrontó por las fotos, le conté absolutamente todo, y de alguna forma creyó en mí y desde entonces hemos tratado de averiguar qué pasó. Lo que ninguno se imaginó es que viniera Pia a decirme que estaba embarazada. Termino de bañarme, me visto y voy al departamento de Eugenio para planear lo siguiente que haremos, ya que no nos podemos quedar de brazos cruzados. El portero me deja pasar, ya que vengo bastante seguido últimamente. Subo por el ascensor, el cuál me deja en el pasillo con dos puertas, una a la derecha y otra a la izquierda. Toco la puerta indicada y espero a que me abra. Segundos después escucho la voz de Rebeca avisando que viene, lo cual me pone nervioso porque no he hablado con ella desde ese día que mi pequeña se fue. – Ah, eres tú – dice con molestia al verme – Amor, el traidor está aquí – avisa. Se da la vuelta sin darme otra mirada, dejando la puerta abierta. Al menos esta vez no la cerró en mi cara como lo ha hecho otras veces. Camino detrás de ella hasta que llega dónde se encuentra Euge. Ella entra, yo me quedo en la puerta. Él le llama oficina, yo le llamo centro de monitoreo, ya que está lleno de monitores donde se pueden ver múltiples imágenes de lugares. – La visita me da urticaria, así que mejor me voy a ver a Clari – dice llegando a él, dándole un beso. Él sonríe por su comentario, levanta la vista y niega con la cabeza, aun sonriendo. – Está bien, pero que te lleve Jorge, por favor. – Le dice tomando su mano. – Ugh, está bien. Nos vemos, sexy – Le da un último beso, se da la vuelta, camina hacía mí, pasando a mi lado para salir, murmurando algo que no logro entender. – Pasa, siéntate. – dice Euge una vez que Rebe sale de la oficina – No sé qué va a ser más difícil, convencer a Pau o convencerla a ella. – Señala en dirección por donde se acaba de ir su novia. – Ni me digas, aunque pienso que si esclarecemos todo, Rebe entrará en razón y me ayudará con Pau. – ¿Qué te pasó en la mano? – señala apuntando la cabeza. Miro mi puño vendado. – Me lastimé con el saco de boxeo. – Aprieto el puño, tratando de esconder mi mano – Claro, porque el saco es duro como una piedra. – dice sarcastico. – ¿No has sabido nada de ella? – Cambio de tema. – Hoy me envió un par de emails, pero no me dijo nada fuera de Pambro. – Y me vas a decir que no puedes rastrear esos emails. – Pregunto con algo de frustración. – Pasa, campeón, que tu futura esposa es una de las personas más inteligentes que hay en el planeta. Entonces, sabe que la puedo ubicar por los emails, así que la muy viva utiliza un VPN y siempre modifica su dirección IP y ubicación, lo que me hace imposible saber en dónde está. – La admiro y la amo. – Y aún así le mentiste. – Me dice serio. – Porque fui un estúpido. – No, te dejó porque no le hablaste con la verdad desde un principio y todo le explotó en la cara. – Hace una pausa – Emilio, tienes que estar consciente de que aunque descubramos que eres totalmente inocente, y que el hijo que espera esa chica no es tuyo, eso no quiere decir que Pau vaya a regresar contigo. – Pero si soy inocente, nunca le fui infiel. – Pero no confiaste lo suficientemente en ella para contarle todo. – No quería hacerla sufrir – ¿Y cómo te salió eso? Debe estar pasándola genial. – Es lo que más me duele – aprieto mis puños con frustración – y no puedo regresar el tiempo para cambiar mi decisión. – ¿Y qué pasa si resulta que el hijo es tuyo? – Pregunta desviando la vista a uno de los monitores. – Me pego un tiro en los huevos – suspiro pesadamente mirando a la nada, no tengo idea de qué voy a hacer si todo resulta ser verdad. Escucho un bufido divertido que sale de la garganta de Eugenio, lo cual me hace levantar la mirada para verlo. – Conozco a un par de personas que estarían dispuestas a dar esos tiros. – dice riéndose. – Me alegro que mi vida te divierta. – Ruedo los ojos. Me levanto del asiento. – Hombre, no me vas a decir que te enojaste por eso – me dice sonriendo – Ya la vamos a encontrar, mientras ocúpate del otro asunto. – Saca un sobre del cajón del escritorio, estira la mano y me lo da. – Contacta a esta persona, creo que debes esperar a que tenga 16 semanas, igual ahí dentro están todas las indicaciones Tomo el sobre que me ofrece, agradeciendole. Esto es algo que he querido hacer desde el primer día que me enteré del embarazo pero tenía que ser paciente y esperar a que el embarazo estuviera un poco más avanzado. Pia no tiene idea de lo que voy a hacer, no tiene idea por qué opté por alquilar un departamento para ella, aunque hizo un gran escándalo cuando supo que no se iba a quedar en la mansión, pero ni loco la dejo pisar el lugar que pertenece a mi pequeña. Salgo del edificio para ir a quedarme afuera del departamento de Paula, pareciendo un maldito acosador. La primera vez que vine, fue el día que ella se fue. Solamente me encontré a Bertha, llorando a moco tendido porque Paula se había ido. Me dijo que llegó, agarró solo algunas cosas y le dijo que iba a estar afuera por tiempo indefinido, que cuidara el departamento como si fuera de ella. Ahora, no veo más que gente entrar y salir, pero no a ella. – ¿En dónde estás pequeña? ¿En dónde te escondes?
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