Cap 2. ¿Dijiste boda?

1380 Palabras
Un par de días han pasado desde que Euge me dió el sobre que contiene mi salvación o mi total perdición. No voy a negar que tengo miedo a saber la verdad, sobre todo, si la verdad es que soy el padre del bebé que crece dentro de Pia. Nunca me imaginé ser padre, pero con la única persona que lo haría, sería con mi pequeña, no con la persona que me ha cagado la vida incontable número de veces. “Puf, puf, paf, puf” suenan los golpes rítmicos que le doy al saco de boxeo que está en el gimnasio de la mansión. Lo hago una y otra vez mientras las gotas de sudor caen por mi frente. “Puf, puf, paf, puf,” golpeo de nuevo mientras trato de no pensar en mi pequeña, en ese último beso antes de subirse al auto. Sí tan solo hubiera sabido que esa iba a ser la última vez que la vería, la hubiera atado a mí y nunca dejar que se alejara. “Puf, puf, paf, puf” De nuevo, aunque ahora más agresivamente, para evitar que mis ojos se llenen de lágrimas. – Tranquilo, fiera, el saco no te hizo nada. – Escucho la voz femenina detrás de mí. Abrazo el saco para que deje de moverse para poner atención a la persona que habla. – ¿Qué haces aquí? – Pregunto con el ceño fruncido. – También me alegra verte, hermanito. – Se acerca Kika a darme un abrazo, el cual le devuelvo. – Estoy sudado. – Le advierto. – Lo sé, puedo verlo. – dice pero igual me abraza fuertemente. Mentiría si dijera que no necesitaba un abrazo así. – ¿Qué haces aquí? – Vuelvo a preguntar. Ella rueda los ojos, deja el bolso en uno de los bancos. – Vine a ver cómo estás y a preguntar si sabes algo de mi cuñada – se sienta en el banco cruzando una de sus piernas sobre la otra. Suspiro. – Nada aún – Regreso a golpear el saco. – ¿Y estás haciendo algo al respecto? – Pregunta. Vuelvo a parar el golpeteo para volver a verla. – ¿Tú qué crees? – La miro con algo de enojo. ¿De verdad piensa que estoy de brazos cruzados? – Kika, si vienes a… – Tranquilo, león. – dice alzando sus manos en modo de rendición. – Vengo en son de paz y te voy a ayudar. – ¿Y cómo vas a hacer eso? – Vuelvo a golpear el saco. – Tú déjame eso a mí. Antes dime. ¿Qué pasó con el asunto de Pia? – Todavía no tiene el mínimo de gestación para hacerle la prueba. – Pensé que se podía desde las 9 u 11 semanas. – Sí, podría ser, pero puede salir inconclusa y habría que volverla a hacer, y no pienso correr riesgos. – Milo… – Dejo de golpear y le pongo atención. – ¿Hay posibilidad de que sea tuyo? – Pregunta en un hilo de voz – No, lo que quiero preguntar es… ¿Cogiste con ella? Suspiro y me siento en el piso. – No sé, Kika, no lo recuerdo. Es todo muy confuso. – ¿Eso qué quiere decir? – Pregunta curiosa. – ¿Acaso estás insinuando que la muy puta de drogó o algo por el estilo? – Endereza su postura y su rostro cambia. Asiento mirando para abajo. – Eso es violación, Emilio, si eso pasó, ¡esa tipa abusó de tí! – Como si eso ayudara en algo. – Te juro que en cuanto la vea le arranco los pelos de elote que tiene. – No le vas a arrancar nada a nadie. – Me saco los guantes y me levanto del piso. – Voy a bañarme y si quieres después vamos a comer. – Le sonrío. – Gracias por venir. – Le alboroto el cabello, ganándome una mirada de odio con esa acción. – ¡Mi pelo! – Escucho que grita a mi espalda, antes de sentir el golpe del guante que aventó. Al parecer su puntería sigue intacta. Al salir de bañarme, noto que tengo algunos mensajes en el celular. Un par de Pia, en los cuales me exige sus antojos y me ordena que vaya, los cuales paso de largo y otro, de un número desconocido. Num Bloq *¿Quieres una pelea? Se paga bien.* Lo leo y creo que sé a qué se refiere, pero tampoco respondo. Me termino de cambiar y voy a la recamara de Kika. Encuentro la puerta abierta, pero aún así toco antes de entrar pero no me detengo. La escucho hablando por teléfono acostada boca abajo en la cama. – Sí, claro – Voltea a verme – Tengo que colgar, después hablamos – Dice sonriente antes de terminar la llamada. – Vamos a comer, que muero de hambre. – ¿Lista? – Sí. – Se levanta de la cama, toma el bolso y viene hacia mí. – Oye – Se para y me enfrenta. – Si viene German ¿Se puede quedar aquí? – Pensé que habían terminado. – Mmm, sí, pero ya volvimos. – Dice sonriente, dándose la vuelta para seguir su camino. – Sí, puede venir pero por favor no quiero escucharlos coger. – Como digas – dice con sarcasmo. Una vez en el auto, recuerdo los mensajes de Pia y hago una llamada mientras salimos de la mansión. – Señor Salvatore – responde Benny inmediatamente. – Benny, amigo, ¿Cómo está todo por ahí? – Por ahora tranquilo, señor. – Bien, escucha, ¿Puedes hacerme el favor de comprar algo para comer para Pia? – digo por el manos libres y Kika voltea a verme con ojos matadores. – Sí, claro. ¿Sabe qué quiere? – Sí, ahora te reenvío lo que quiere. Gracias Benny. – Un placer, señor. Cuelgo la llamada, tomo el celular y reenvío la lista que me mandó Pia mientras estoy en un semáforo. – ¿En serio le cumples sus antojos? – pregunta Kika bastante indignada. – Te juro que eres de no creer. – Kika, no lo estoy llevando yo. – ¡Pero te preocupas por ella! – No es eso, hermanita, sólo quiero mantener la fiesta en paz hasta que sepa a ciencia cierta lo del bebé y qué pasó esa noche. Recuerda que se atrapan más moscas con miel que con hiel. – La miro fugazmente. – Mis papás están flipando. – suspira – Lo sé. Papá debe estar decepcionado de mí. – Digo con algo de pena. Él siempre ha sido mi modelo a seguir, en todos los sentidos, pero esto no encaja para nada en ese modelo que aprendí de él. – No creo que sea así, Milo. Papá nos ama por sobre todas las cosas. Sabe que todos cometemos errores. – Esto no tendría que haber pasado. Mi pequeña y yo deberíamos estar planeando la boda, no… – siento un golpe en el pecho el cuál me hace dejar de hablar. Volteo a mirar a Kika extrañado. – ¿Dijiste boda? – pregunta gritando – ¿Le pediste matrimonio? – sigue en shock. – Kika, ten cuidado, me vas a hacer chocar. – ¡Emilio Salvatore, responde! – exige con una gran sonrisa. – Sí, le pedí que se casara conmigo la mañana del día que se fue – Sonrío con tristeza, recordando cómo me dió el primer sí y sus lagrimas del segundo sí, las cuales me hicieron emocionar a mí también. – ¿Y aceptó? – Pregunta emocionada. Solamente asiento apretando mis labios. – Pero ya nada de eso importa, ahora no sé si me va a querer ver. – Digo echando a andar el auto. – Sí que la cagaste, hermanito. Al estar estacionando, me llega un mensaje de Pia, donde me putea por no haberle llevado personalmente la comida y que se las voy a pagar. – Ya la estoy pagando – Murmuro para mí al leer el mensaje. – ¿Todo bien? – Pregunta Kika antes de salir del auto. – En lo que cabe. – Digo antes de salir del auto para ir a comer con mi hermana, la cual me ofrece la compañía y el soporte que tanto necesito en este momento.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR