Cap 3. ¿Qué te puedo decir?

1332 Palabras
– Pau, pequeña, regresaste – digo con asombro al verla en la puerta de la mansión. Por fin ha venido a verme. Por fin puedo hablar con ella. Sonríe alegremente dandome una de las mejores vistas de su hermoso rostro. Dios, como amo a esta mujer. Está vestida con un vestido de verano blanco con margaritas amarillas. Su cabello recogido en una cola alta, con algunas hebras cayendo a los costados. – Te extrañé mucho, bella – Le digo queriendo caminar hacia ella pero hay algo que me lo impide. Veo mi mano y está fuertemente agarrada a la de Pia, la cual tiene un vestido rojo y largo, con una panza enorme. – Tú eres mío. – Me dice sonriendo, pero solo veo maldad en sus ojos. – ¡No! – Intento zafarme pero no puedo, estoy atado a ella. Quiero caminar y tampoco puedo, bajo la mirada y veo que mis pies están hundidos en el cemento. Levanto la mirada para ver a mi pequeña. Mi corazón se rompe al ver sus ojos llenos de lágrimas, las cuales ya comenzaron a rodar por sus mejillas. – Pau, por favor, pequeña, no llores, te puedo explicar - Digo en un susurro. Noto como empieza a negar con su cabeza – No te vayas. – Le suplico, pero me ignora. Lentamente comienza a caminar hacia atrás, alejándose poco a poco de mí. Se gira sobre sus talones para abrir la puerta. – ¡Pau! ¡Regresa! – Grito desesperadamente pero no voltea, en cambio, escucho la risa burlona de Pia. – ¡Pau! – Es lo último que le digo antes de que cierre la puerta. Abro los ojos lentamente, con mi corazón apretado. Este sueño recurrente lo tengo desde que ella se fue. Ya no me exalto cada vez que despierto del sueño como lo hacía al principio, ya me acostumbré a que cierre la puerta sin mirar atrás, solo es el maldito sudor que empapa la cama y lo aferrado que estoy a las almohadas que abrazo mientras duermo como si fuera el cuerpo de mi pequeña lo que me molesta. Quisiera saber cómo está, quisiera saber si está bien. Sé que fui un idiota en ocultar algo como eso de ella, pero ¿Qué más podría hacer? ¿Decirle “creo que me cogí a mi ex cuando te fuiste de Italia”? Hasta pensarlo parece una estupidez, pero ahora, esa estupidez me tiene hundido en la miseria. Me levanto de la cama directamente a bañarme, ya que es hora de levantarme e ir a dar algunos golpes, lo cual me vendrá muy bien despues de este puto sueño. Agarro el bolso del gym antes de dirigirme a la cocina a preparar algo de café para tomar como desayuno para después salir a entrenar. – Buen día jefe – Saludo al coach al entrar, notando que soy el primero en llegar. – Buen día Emilio, lamento decirte que hoy no tienes contrincante – Dice cuando pongo el bolso en el piso, aun leyendo el periodico, sentado detrás de un escritorio en la puerta de ingreso. Volteo a verlo rodando los ojos. Cuando empecé en este centro de entrenamiento todos querían romperme “la cara de niño lindo”, y ahora parece que se echaron para atrás después de haber noqueado a los tres primeros. – Pensé que me querían desfigurar. – digo con sarcasmo. – ¿Qué te puedo decir? – Se encoge de hombros y deja el periodico a un lado. – ¿Quieres hacer sparring conmigo? – Si no le importa, sí. – Bien, te dejo para que hagas la entrada en calor – Dice antes de entrar a un cuartucho. Me cambio la ropa pensando en que no voy a poder lograr lo que quería el día de hoy, descargar lo que tengo dentro. Al terminar de entrenar e irme, reviso el celular antes de subirme a la moto encontrando algunos mensajes y llamadas perdidas de Pia cuando una voz femenina me interrumpe desde atrás. – No respondiste el mensaje el otro día. – Volteo a enfrentarla con el ceño fruncido – ¿Quieres enfrentar a un digno oponente y no a estos niñatos? – Dice con algo de sensualidad. La mujer viste un traje de falda entallado a su esbelta figura, con cabello rojo ondulado y un lindo rostro. – No estoy interesado. – Guardo el celular y me subo a la moto. – Puedes ganar mucho dinero. – Dice apurada. – No me interesa el dinero. – Me pongo el casco. – Te he visto pelear, rompes la regla principal, peleas con odio. – Se cruza de brazos – Cuando te decidas a sacar lo que tienes dentro, ya sabes cómo contactarme. Le doy una última mirada y me voy, dejándola parada en medio del estacionamiento. Voy a rápida velocidad al edificio en donde se está quedando Pia. Tiene un par de semanas que no me paro por ahí, aunque tengo a Benny vigilando todos sus movimientos desde el apartamento que está al frente del de ella, no quiero que me salga con alguna otra sorpresa. – Buen día Benny, ¿Cómo estás? ¿Cómo ha estado todo por aquí? – Pregunto entrando al lugar donde se encuentra. En donde debería estar la sala de este, hay algunos monitores que muestran cámaras en el apartamento donde se queda Pia. – Bien, señor. Hasta ahora solo el movimiento habitual, nada fuera de lo común. – Bien, voy a entrar. – Le palmeo el hombro antes de salir de ese apartamento para tocar el timbre de ella. Espero un par de minutos, y cuando estoy a punto de tocar el timbre, la puerta se abre. – Milo – dice algo enojada – Pensé que te habías olvidado de nosotros. – Creeme que me encantaría hacer eso. – Digo bastante ácido entrando al apartamento. – ¿Cuál es tu excusa para no venir a vernos? – Pasa de largo mi comentario, cerrando la puerta detrás de mí. – No necesito una excusa, simplemente no quiero verte. – Digo enfrentandola – Me tienes aquí, ¿Qué quieres? – ¿No te quieres bañar antes? Hueles horrible y me estás dando nauseas. – Hace una mueca y se tapa la nariz. – No. Dime, ¿Qué quieres? – Yo sé que mi expresión en este instante debe ser de cansancio, y es que lo estoy, estoy cansado de ella. Ese sentimiento que en algún momento llegué a pensar que era amor, no era más que mera costumbre, ahora me molesta su presencia. – Quiero que pasemos tiempo juntos – Bate sus pestañas. Ladeo la cabeza frunciendo el ceño. – Y ¿Por qué haría eso? – Para fortalecer nuestra relación. – sonríe acercandose a mí, poniendo sus manos en mi pecho. – ¿Estás bien? Creo que estás delirando. No podemos fortalecer ninguna relación porque no tenemos una. – Tomo sus muñecas con mis manos para apartarla de mí – Pero soy la madre de tu hijo – dice enojada. – Pia, si se bebé es mío, lo voy a reconocer, pero tú y yo no vamos a volver a estar juntos, ni ahora ni nunca. – ¿Es por esa puta? – Grita fuera de sí. – ¡Esa puta te tiene de las pelotas! – me da la espalda y camina hacía la sala. – Te prohibo que le llames así – Le grito a su espalda. – ¿Qué tiene esa zorra que todo mundo la adora? – Sigue gritando. – ¿De qué estás hablando? – Pregunto exaltado. – Nada, nada. Ya vete, me hiciste alterar y le hace daño al bebé que esté así. – Responde rápidamente. Ruedo los ojos y salgo de ese lugar. Mientras bajo por el ascensor, pienso en lo que me dijo la pelirroja. Saco el celular del bolso y tecleo rápido. *Dime qué tengo que hacer* Necesito sacar esto que llevo dentro antes de que me consuma.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR