– Uy qué carita – Comenta Kika ni bien me ve entrar a la cocina..
– No tengo otra – Respondo al pasar de largo para tomar algo de café.
Anoche tuve una pelea difícil y no he dormido muy bien debido al dolor de cuerpo.
Hace dos semanas que empecé a pelear en un club underground, donde solamente hay dos reglas:
1.- Sin armas de cualquier tipo.
2.- No golpear los genitales.
De ahí en fuera puedes hacer todo el daño que quieras con cualquier parte del cuerpo.
Mis oponentes hasta ahora han sido de mediocres a buenos, ninguno me ha hecho un daño significativo, al menos, no me han dejado como me dejó Diego aquella noche. Aunque el tipo de anoche em dió unan buenna pelea.
– ¿Tienes planes para hoy? – Pregunta llevándose el jugo de naranja a su boca.
– Sí, voy a ver a Pia – Tomo un sorbo de café.
– ¿En serio tienes que arruinarme la mañana mencionando a esa?
– Hoy vamos a hacer la prueba de paternidad. – Levanto un hombro.
– Eso – me señala con un dedo – es música para mis oídos. Lo que me preocupa es que haya aceptado a hacerse la prueba sin chistar.
– ¿Quién dijo que lo hace por voluntad propia? – Arqueo una ceja.
– ¿Me estás diciendo que la vas a obligar? – Abre los ojos como platos.
– Así es, ella no quiere que “le haga daño” a su bebé. La prueba no le hace daño al feto, ya investigué, eso solo me hace pensar que hay algo detrás de eso.
– ¡Sí! – Celebra Kika. – Espero que todo salga bien. No quiero ser tía de un hijo de esa perra.
Me siento al lado de Kika en el desayunador.
– Tú te ves muy feliz. ¿Es por algo en particular? – entrecierro los ojos en su dirección. Me ve de lado, sonríe y come lo último de sus huevos revueltos.
– Solo estoy contenta porque contrataste a una muy buena cocinera y hace los mejores huevos revueltos en salsa de la ciudad.
Justo cuando termina de decir eso, entra Juanita a preguntarme si voy a desayunar.
– Yo me voy, ya casi llega Rebe y tenemos que hacer algunas compras.
– ¿Rebe? ¿Viene a la mansión?
– ¿Por qué no lo haría? En sus palabras “El traidor es tu hermano, tú no tienes la culpa de estar relacionada con él” y aunque sea tu casa, yo me estoy quedando aquí. – Me guiña un ojo.
Me da un sonoro beso en la mejilla.
– Ciao, hermano, te quiero. – Y se va, dejando el plato sucio en el desayunador.
– ¡Levanta tu plato! – Le grito a su espalda pero me ignora y sigue su camino.
– Aquí tiene, señor. – Juanita pone el plato de desayuno frente a mí – Yo recojo esto. – toma el plato sucio que dejó Kika.
– Gracias Juanita, y ya te dije que no tienes que decirme señor, me puedes llamar por mi nombre. – La señora mayor me sonríe.
Cuando voy a empezar a comer, se abre la puerta principal, dejando entrar a Rebeca y Eugenio.
– ¡Ya me voy! – Grita Kika antes de ser arrastrada por Rebe fuera de la mansión.
Llega Eugenio hasta mí, golpeando mi hombro en forma de saludo, haciéndome doler un poco, pero trato de no reaccionar al dolor.
Juanita le ofrece algo de desayunar pero él solo le acepta café. Ella se lo sirve y se va.
– ¿Qué pasa, amigo? – respondo.
– Amigo mis huevos, ¿Me puedes decir por qué mierda estás yendo a pelear a ese lugar? – Me paraliza un segundo pero me repongo rápidamente.
– No sé de qué me hablas. – Me hago el desentendido tomando un sorbo de café.
– Esto, justamente esto es por lo que Paula se fue. – Niega con su cabeza.
– Euge, escucha…
– No, escúchame tú a mí. Salte de ese maldito lugar, tú no debes estar ahí. Es peligroso.
– No te metas Eugenio. – Comienzo a comer.
– No, Emilio, tú decidiste estar con Paula, y no voy a permitir que sigas este camino de autodestrucción mientras ella no está. Creeme, no lo hago por tí, lo hago por ella. Porque cuando vuelvan a estar juntos, me va a cortar las bolas si se entera que te dejé hacer eso.
– Ella se fue, me dejó, no le importo. – Murmuro. – No creo que importe mucho si me golpean o no. A todo esto, ¿Cómo supiste que…?
– ¿Que peleas ahí? – Saca su celular y me muestra un video en pantalla.
Soy yo, en la pelea de anoche.
Veo cuando el tipo lanza una patada a mi rostro, me muevo, esquivando por poco ese movimiento que seguramente hubiera sido el KO del año si no hubiera salido del camino de su empeine, haciendo que los presentes griten de emoción. Giro y le acierto una patada en el pecho, lanzándolo a una esquina, lo cual aprovecho para acorralarlo y dar golpe trás golpe, recordando que mi pequeña se fue y no puedo hacer nada al respecto. El tipo cae al suelo y me arrodillo encima de él entre gritos y vitoreos, dando golpe tras golpe.
En el video se muestra cómo me quitan de encima del hombre que ya está casi desvanecido.
Dejo de mirar para regresar a mi desayuno.
– ¿Está bien? – Pregunto mientras mastico.
– No sé. – Apaga la pantalla y lo regresa a su bolsillo. – Si quieres, averiguo.
– ¿Por qué tienes eso?
– ¿De dónde crees que saco a mis hombres? – Bufo. Por supuesto tiene contactos en todos lados – Imaginate mi sorpresa cuando me dijeron que tenían un nuevo para mí.
– ¿Me vienes a ofrecer trabajo? Me siento honrado pero no creo poder.
– No seas ridículo. Vengo a decirte que dejes eso.
– Me estás pidiendo que deje lo único que me mantiene cuerdo. No sé si lo pueda hacer. – Nos quedamos callados un momento, yo sigo comiendo mientras él me observa atentamente
– Al menos déjame acompañarte. – dice después de suspirar.
– ¿Quieres ser mi niñero? – bufo divertido.
– Es gente peligrosa, y yo tengo cierta reputación en la ciudad. Si te ven solo, estás en peligro, si te ven conmigo…
– ¿Si me ven contigo estoy a salvo?
– No precisamente, pero al menos saben que no estás solo.
– Está bien – Murmuro. – Dime ¿Sabes algo de Paula?
– Lo mismo, que está bien y tiene mucho trabajo.
– Mmm
– Pero, creo tener algo de información sobre esa noche. – Su declaración hace que deje de comer y le ponga atención.
– ¿Qué? ¿Cómo?
– Emilio… esto que te voy a decir quizás no te vaya a gustar pero piénsalo. – Me advierte.
– ¿Qué es?
– Diego…
– ¿Diego? – pregunto extrañado. – Ese tipo se murió.
– No, Emilio, Diego nunca se fue, – suspira – está en una especie de prisión subterránea.
– Pero ¿Qué carajos? – Digo alterado. – ¿Paula sabe de eso? Si se llega a enterar que ese tipo sigue vivo…
– Paula lo encerró ahí, le llamamos la cueva.
– ¿Por qué ella me ocultaría algo así?
– Supongo que quería que estuvieras tranquilo. – Se encoge de hombros.
– Y después soy yo el que guarda secretos… – comento con algo de decepción. – Bueno y qué pasa con él?
– Le pregunté si tenía más fotos de la noche de la cena, quenecesitaba saber qué había pasado esa noche, le comenté que esa chica decía que estaba esperando un hijo tuyo y me dijo que si lo vas a ver, te pueda dar información útil.
– ¿Qué? Está loco ese tipo, debe ser otra de sus mentiras.
– Emilio, piénsalo. Él mandó a seguirte, él fue el que sacó las fotos que nos enviaron, pero seguramente hay más, y sí hay más, él lo sabe.
– Eugenio, ¿Estás diciéndome que vaya a hablar con la persona que le hizo mucho daño a mi pequeña y casi me mata por una puta obsesión que tiene con ella?
– Pues, es la única opción que tenemos hasta ahora. – Me dice haciendo una mueca.
No quiero verlo porque sé que me le voy a ir encima. También, quién dice que no está haciendo eso solo para que vaya a verlo y hacer cualquier cosa en mi contra o en contra de mi pequeña. Aunque no creo que sepa que ella no está. Después de pensarlo unos minutos decido hacerlo.
– Está bien. Vamos. – Hago el plato a un lado y hago a levantarme.
– Ahora no lo puedes ver – dice rascándose la nuca, lo miro. – Digamos que está en terapia
– ¿Terapia?
– Es torturado y golpeado todos los días. Y ayer la pasó mal. – Me quedo en shock.
– ¿Por qué hacen eso? – Frunzo el ceño.
– Órdenes de arriba. – Se encoge de hombros.
– ¿Podrían parar por un par de días para poder hablar con él?
– Bueno. Les diré a mis muchachos.
– Mientras, acompáñame a hacer algo…