⭐︎SOLANGE⭐︎
Estoy enamorada de Paris. Daniel nos lleva a Le Gentleman’s Club, y tengo la impresión de que está tomando la ruta panorámica para darme un recorrido.
—Hay seis mil cien calles en Paris— me oigo decir.
—Eres mejor que Google— señala Daniel. Volviéndose a los amplios Campos Elíseos bordeados de árboles.
—Los hechos salen de mi boca. No sé de dónde vienen. Parecen surgir de la nada, se me escapan del cerebro y salen disparados de mi boca—
—He oído que a Google le pasa lo mismo—
Daniel estaciona el Porsche en una calle pequeña y me ayuda a salir del coche. Lleva un esmoquin y parece James Bond, pero más alto, más ancho y mucho más guapo. Me ofrece el brazo y yo deslizo la mano por el hueco de su codo.
—No sé cómo va a funcionar esto. Nunca antes había cazado a un asesino en serie. —¿Cómo se hace esto?— pregunto.
Caminamos media cuadra y Daniel se detiene frente a una puerta grande. Un hombre vestido como policía está montando guardia afuera. Nos saluda y abre la puerta. Daniel me pone su mano en la parte baja de la espalda y me guía a través de la puerta
Por dentro parece sacado de una película sobre un club en Paris. Las paredes están cubiertas de cortinas ondulantes de color amarillo girasol, que combinan con los manteles de las pequeñas mesas redondas que salpican la gran sala.
Hay un balcón en forma de herradura que rodea la parte trasera de la sala con mesas rectangulares y más grandes, cubiertas con manteles rojo rubí. Una larga cortina cuelga a lo largo de la parte delantera del club, que asumo que cubre el escenario. La segunda pista es un escenario real que sobresale debajo de la cortina y se extiende hasta la mitad de la sala, dividiéndola como una pasarela de moda.
Hay velas por todas partes, y Le Gentleman’s Club huele de maravilla, a pesar de que prácticamente todos los invitados fuman.
El maître nos dirige a una mesa VIP en el balcón, pero Daniel insiste en que nos sentemos abajo, iluminado y en el centro, prácticamente abrazando la pasarela. Daniel saca una silla para que me siente, y yo me encuentro mirando hacia el techo, que esta pintado con murales ornamentados que representan actos eróticos. Hay una orgia gigante desarrollándose sobre mi cabeza en Technicolor y pintada por un artista obviamente talentoso.
—¿Qué tipo de club es Le Gentleman’s club?— le pregunto a Daniel.
—Supongo que es caro— dice y pide champán y caviar a un atento camarero.
Miro a mi alrededor, observando a los demás clientes. El lugar está lleno, principalmente de parejas o de un hombre con varias mujeres. Todas las mujeres están vestidas de forma espectacular y la mayoría son jóvenes. Mucho más jóvenes que sus acompañantes masculinos.
—Caro. Mmm— digo. —¿Ves a alguien que parezca un asesino?—
Daniel sonríe. —Si. Al menos cincuenta de ellos, y el resto parece que matarían por un puñado de euros—
Toso. El club está lleno de humo de cigarrillos y puros, y no me sienta bien, lo que me lleva a creer que no soy una fumadora.
—Echo de menos los tiempos en que la gente fumaba en los restaurantes de Estados Unidos— señala Daniel.
—¿Fumas?—
—No, pero solía disfrutar sintiéndome superior a todos los fumadores— dice, guiñándome uno ojo.
El camarero llega con el champán y el caviar, y Daniel pide la cena para ambos en francés. No le entiendo, así que supongo que no soy francesa. En algún momento, descubriré exactamente quién soy, incluso a través de un proceso de eliminación.
Las luces parpadean y se apagan, y la habitación se ilumina solo con la luz de las velas.
—Messieurs et mes-dames— brama un locutor con voz grave por un sistema de altavoces. —Bienvenidos al Le Gentleman’s club. Esta noche será una noche de fantasía, de belleza y erotismo.
Daniel arquea una ceja. —Menos mal que no llevas sostén— me dice.
Me retuerzo en mi silla. —¿Estamos en un club de sexo?— le pregunto en un susurro.
Daniel se mete un poco de caviar en la boca y se inclina hacia adelante. —Estamos en las entrañas de la bestia. La guarida del asesino. La guarida de las serpientes—
—Entonces, ¿no es un club de sexo?— pregunto esperanzada.
Daniel me entrega mi copa de champán y la música comienza a sonar. El telón se levanta, revelando una banda de jazz. Un hombre sube al escenario y se para frente a un micrófono frente a la banda. Comienza a cantar un estándar de jazz, y el restaurante estalla en aplausos.
—¿Vez? no esta tan mal. Solo una banda— me dice Daniel, justo cuando una fila de diez mujeres bailan en el escenario. Están totalmente desnudas, excepto por los tacones de diez centímetros en sus pies y los moños abultados de treinta centímetros en la parte superior de sus cabezas. Todas son del mismo tono de blanco, sin una sola mancha en sus cuerpos brillantes y pulidos. Tampoco tienen vello corporal. Nada. Ni siquiera un pelo mutante y ralo.
Las mujeres desnudas bailan provocativamente juntas mientras el cantante canta y la banda toca.
—¿Ves? No está mal. No hay orgía— me dice Daniel, justo cuando las mujeres comienzan a bailar en parejas, serpenteando una alrededor de la otra, entrelazando sus extremidades y frotando sus montes de venus lampiños.
Una mujer en la mesa de al lado gime, y su acompañante presiona su boca con fuerza contra la de ella en un beso babeante. Las bailarinas serpentean por la pasarela, y dos de las mujeres desnudas toman sus lugares frente a nosotros y comienzan a besarse mientras el cantante pasa a otra canción.
—Bien, entonces es una especie de orgía— corrige Daniel.
Una de las bailarinas se sienta en el escenario de la pasarela y levanta las rodillas como si estuviera a punto de hacerse una prueba de papanicolaou.
—¿Dónde está su vello púbico?— le susurro a Daniel. —¿Ninguna de ellas tiene vello púbico? ¿Crees que están en tratamiento contra el cáncer?_
Daniel me señala. Bn
—Sol, por fin tenemos una pista. Eres de un lugar donde las mujeres todavía tienen vello púbico. Me di cuenta de eso cuando te conocí, pero no quería que te sintieras cohibida—
Pongo una mano en mi regazo. —¿Te diste cuenta de eso en mi? ¿Qué tengo vello púbico?—
Daniel se echa hacia atrás y se cruza de brazos. —Espera un segundo. ¿Está rota la señora Google? ¿No sabes que las mujeres calvas y sensuales han sido de rigor durante años?—
—¿Mujeres calvas y sensuales?— pregunto, alzando la voz.
Algunas cabezas se giran, lo cual es sorprendente, considerando el fascinante espectáculo que está sucediendo al mismo tiempo. Nunca había visto nada igual. Al menos, no puedo creer que alguna vez haya visto algo así. Las parejas han crecido a tríos, y yo quiero lavarme los ojos con lejía.
El camarero llega con el primer plato, que parece delicioso, pero me revuelve el estómago por lo que está sucediendo a mi alrededor.
—¿Esperan que comamos?— le pregunto a Daniel.
—Los franceses se toman muy en serio la comida y… ya sabes— dice señalando una v****a desnuda con el tenedor y luego da un mordisco a su paté.
—No puedo creer que estés comiendo con todo esto pasando a nuestro alrededor—
—Tal vez estás reprimida sexualmente— sugiere Daniel con la boca llena. —Tal vez seas una monja o una profesora de química—
—No estoy reprimida sexualmente— insisto, dando una palmada en la mesa. —Estoy en contra de la represión de las mujeres. Mas de cuatro millones de personas son víctimas de trata s****l cada año, y casi todas son mujeres y niñas. Probablemente tampoco se les permite tener vello púbico—
—¿Vas a comerte el paté o me lo das?—
Deslizo mi plato por la mesa hacia Daniel. —¿Es algún tipo de truco? ¿Es todo esto una artimaña para hacerme mirar fijamente las v*****s? ¿Esto es parte de tu rutina de chico de fraternidad? ¿Dónde está el asesino en serie? ¿Cómo vas a averiguar quién me quiere muerta?—
Daniel termina las dos porciones de paté y las acompaña con su champán. —Voy a usar mis habilidades de superespía que he perfeccionado durante años en el negocio—
Jadeo. —Así que eres un espía. ¡Lo sabía!—
—No soy un espía. Estoy jubilado. Y no te dije que soy un espía. Si te lo dijera, tendría que matarte. Así que no te lo dije—
Pongo los ojos en blanco. Las bailarinas han pasado una orgía total. Era una orgía campal en el escenario mientras el cantante de jazz canta Somwhere Over the Rainbow. Y pienso que esa canción es inapropiada para la ocasión.
—¿Qué habilidades de superespía vas a usar para descubrir al asesino en este lugar?— le pregunto a Daniel.
—Lleva tiempo— insiste Daniel mientras el camarero retira los platos de aperitivos. —No es como si fuera a aparecer al otro lado de la sala, y yo lo fuera a ver, y gritar ¡ajá! Y tirarlo al suelo—
Daniel se congela por un momento y deja de hablar. Sus ojos se abren de par en par mientras mira por encima de mi hombro. Deja su copa sobre la mesa, derramando unas gotas de champán. —¡Ajá!— dice en voz alta.
—¿Qué? ¿Qué?— pregunto, girándome para ver lo que está mirando.
—Pierre Vivet está aquí. Eso no puede ser una coincidencia— dice Daniel, como si hablara consigo mismo. —¡Shh!— me amonesta Daniel, aunque yo no haya dicho nada. —Tranquila. Vivet es nuestro billete. Nada pasa en Paris sin que él lo sepa. Quédate aquí—
—Ni hablar— digo. —Adonde tu vayas yo iré. Todo esto es por mí. ¿recuerdas?—
Daniel tira la servilleta sobre la mesa y se pone de pie. —Si. Así que quédate aquí. no necesito que Vivet te persiga también. Escucha. Recuerda mis perfeccionadas habilidades de superespía— dice con seriedad. —Si quieres salir de esta, haz lo que te digo. quédate aquí—
Le dirijo mi mejor mirada asesina. —Bien. Pero no por mucho tiempo—
Finjo sonarme la nariz con la servilleta mientras veo a Daniel abotonarse la chaqueta y esbozar una sonrisa y subir las escaleras hacia la sección VIP.
Se acerca a una mesa con un hombre sentado, que puede estar incluso mejor vestido que Daniel, lo que pienso que es totalmente imposible. El hombre está sentado con dos hermosas mujeres, lo cual no es fuera de lo común en el club, y tambien está acompañado por tres hombres corpulentos. Dos de ellos estan detrás del como si fueran sus guardaespaldas, y uno de los hombres monta guardia en lo alto de las escaleras.
El hombre en lo alto de las escaleras levanta la mano cuando Daniel llega al segundo piso. Observo como Daniel intenta encantar al guardaespaldas con su sonrisa encantadora, pero está teniendo poco efecto. El hombre hace algunas preguntas, que no puedo escuchar, y luego lo cachea. El hombre bien vestido de la mesa saluda con desdén en direccion de Daniel, y el guardaespaldas lo hace un gesto para que pase. Daniel se sienta en la mesa frente al hombre bien vestido y comienzan a hablar, pero no puedo oír ni una palabra de lo que dicen.
Es frustrante no saber que está pasando, y en este momento me doy cuenta de que estoy acostumbrada a saber lo que está pasando. Por supuesto, eso es todo, tengo un momento de revelación y me doy una palmada en la frente. ¡Tal vez soy bibliotecaria! Se muchos datos y, obviamente, me gusta saber cosas. Tiene que ser eso. Lo he descubierto. Soy bibliotecaria y probablemente me habían secuestrado en la biblioteca a altas horas de la noche. Todo tiene sentido.
Estoy a punto de darme la vuelta cuando veo al guardaespaldas en lo alto de las escaleras hacer contacto visual con una de las mujeres desnudas en el escenario. Mantengo la servilleta sobre mi cara, fingiendo que me sueno la nariz, mientras observo a la mujer asentir. Baja las escaleras y se dirige detrás del escenario principal. La mujer se libera de la escena de la orgia y tambien camina detrás del escenario, obviamente para hablar con él.
Me giro para ver si Daniel ha notado el intercambio. Todavía está en una conversación profunda con Pierre Vivet, el hombre bien vestido.
Me levanto y casi llamo a Daniel, pero me detengo. Daniel está concentrado en Pierre, pero estoy segura de que algo importante está sucediendo detrás del escenario. Había tenido sobre la deshumanización de las mujeres desnudas. Nadie las noto nunca, excepto por el hecho de que estan desnudas. Nunca se les ocurrió a los hombres que una mujer pudiera tener información importante, ni siquiera que fueran humanos. Pero sé que no es así. Será la mujer sin vello púbico la que me ayudará.
Como Daniel está ocupado, decido ir a investigar por mi cuenta. Aunque puede ser peligroso, comprendo que existe una hermandad entre mujeres y que estaré a salvo con la mujer desnuda tras bambalinas. Al menos eso espero.