Capítulo 3

3673 Palabras
Peonías rosas Freddy No he dejado de pensar en ella. Mi mente solo piensa en ella, mi corazón late con cada pensamiento. Le bastó una sola noche para apoderarse de mí. Es como si todo mi ser estuviera centrado en esa rubia que pinta. Tengo dos pantallas frente a mí, una dónde puedo ver lo que hace Brooklyn y la otra dónde estoy leyendo la carta de aceptación de una Academia de Oregón. La han aceptado y Sebastian Collins fue quién dio la recomendación más grande, he revisado sus búsquedas y sé qué está buscando una casa para Brooklyn, maldito cabrón. Mi vista de nuevo se centra en Brooklyn, no puedo ver bien lo qué está pintando pero parece demasiado enfocada, a veces salta, baila y canta, se ríe y vuelve a pintar, se emociona con su propio trabajo. ¿Se habrá emocionado cuando asesinó a ese tal Bradford? Cuando supe qué estaba saliendo con ese tipo y qué la siguió cuando no quiso hacer nada más, el impulso de matar a alguien me invadió por completo. Comencé mirando esporádicamente las grabaciones, pero pronto se volvieron mi programa habitual, está obsesión que tengo por la chica no ha disminuido ni un poco. Cuanto más consigo de ella, más quiero. Necesito verla en persona de nuevo. Le gusta el color rosa. Una chica a la que le gusta el rosa, bailar y cantar cuando nadie la ve, pintar y emocionarse por lo qué ella hace. ¿Qué se sentirá tener a alguien así? Una sensación rara me invade y de pronto algo cruza mi cabeza. Peonías. Nunca he regalado flores y ahora estoy buscando una florería que venda peonías. Cuando la encuentro, llamó. — Necesito una caja de peonías rosas. Hay un breve silencio y me aseguro de que no se haya cortado la línea. — ¿Una caja? — Sí, una caja de peonías rosas. Anote la dirección, quiero que las reciba hoy mismo. — Sí, sí ¿algún mensaje para la tarjeta? Lo pienso un momento y se lo digo, la mujer del otro lado no dice nada. Tras darle el número de tarjeta cortó la llamada. Calculó que serán unos 7500 dólares, tal vez más. No importa. Vuelvo la mirada a Brooklyn, está bebiendo una soda mientras mira su pintura, realmente se toma el tiempo. Estiró la mano y acarició su rostro y ahora ansío por volver a tocarla. Necesito verla de nuevo con urgencia. ↭↭↭↭↭↭↭↭↭↭ Brooke Estoy terminando de pintar la constelación de Andrómeda, sobre el paisaje nocturno del mar nocturno y la sombra de una pareja abrazada. ¿Estoy loca? Tal vez sí, obsesionarme con un hombre que vi solo una vez hace tres semanas me hace creer que el diagnóstico de mi madre no es tan descabellado. Alguien toca a mi puerta, miró el reloj, son las cuatro de la tarde ¿quién es? Sé qué todos están ocupados con el destripador que mató a Bradford, limpio mis manos y voy a abrir la puerta. — ¿Brooklyn Holliday? Es un repartidor, trae una caja con ¿peonías?, apenas puedo reaccionar cuando me entrega dónde debo firmar. — Soy yo. — Firme aquí – le entrego la hoja. – Listo, aquí tiene. Pesa demasiado está caja. Entró rápido y lo dejó sobre la mesa, el olor a las rosas me invade y me hace sonreír, cuando las puedo ver mejor mi corazón se detiene. Tiene que ser una jodida broma. Son peonias rosas, son jodidamente caras al menos un ramo, papá trató de conseguir un ramo para mamá en su aniversario pasado, fue demasiado dinero para un simple ramo pero las peonías siempre han sido especiales y cada color significa algo… me siento y expulsó el aliento que no sabía que estaba conteniendo. Tomó mi teléfono y busco el color rosa de las peonías y su significado, mi vista pasa de la página de google a las peonías en mi mesa, no es un ramo es una maldita caja llena de ellas. Estás flores simbolizan y/o están relacionadas con el amor a primera vista y ese enamoramiento entre personas que aún no se conocen… Llevó la mano a mi boca. ¿Qué? ¿Quién me dio esto? Trató de buscar una nota. Nada. ¿Qué diablos? Levantó la caja y cae una tarjeta, mi pulso se dispara, tomó la tarjeta y… “El rosa es tu color favorito ¿no, ricitos?” Se me formó una sonrisa enorme y mis ojos se llenaron de lágrimas y mi corazón late con fuerza. No es un simple ramo, es una jodida caja con muchísimas peonías. ¿Él aún piensa en mí? Aún después de todo, creí que solo era yo la obsesionada… esperen, eso significa que ha estado cerca, ha estado cerca de mí todo este tiempo. Debería asustarme eso, pero maldita sea, no lo hace, solo me emociona aún más saber qué él ha estado cerca de mí. No me ha dejado, como la mayoría tiene su costumbre. Amor a primera vista, ¿le guste? No importó que haya asesinado a alguien, realmente le gustó. No tuve que fingir nada, ni tratar de ser alguien quién no era, él vio mi verdadero yo, algo que ni mis padres ven y aún así le gusté. Ese hecho me impacta más de lo que debería, nadie me ha querido por quién realmente soy y eso es de verdad decepcionante. Miró las peonías y suelto un suspiró, mi misterioso lobo nocturno, ¿deberé sacrificar a alguien para poder verte de nuevo? Mi teléfono suena y mi corazón se acelera, ¿es él? Pero cuando veo que es un mensaje del grupo dónde estamos Kylie, Isidoro y Gordon, mi corazón casi deja de latir y una punzada de decepción me invade. Maldita sea, estaba tan centrada en la pintura que olvidé todo. Respondo que los veré en el bar, miré las flores una vez más y me fui corriendo al baño para cambiarme. Una noche con amigos y alcohol y tal vez sexo para olvidar a ese extraño. Aunque, será imposible. ↭↭↭↭↭↭↭↭↭↭↭↭ Freddy Recibió un mensaje que la ha levantado de golpe y ha desaparecido en su habitación, cambió el ángulo de la cámara lo veo cambiarse de ropa, se pone un vestido de color azul y una chamarra negra, se amarra su cabello y va al baño dónde se lava las manos para quitarse la pintura. Maldita sea ¿a dónde va? Toma sus llaves, su teléfono pero se detiene un momento para mirar las peonías y sonríe. Esa sonrisa es por causa mía. Sale de su piso, tomó mis cosas y en mi teléfono pongo el rastreador que le puse a todos sus vehículos, tomó de nuevo su auto, tomó las llaves de mi camioneta y subí a ella, mientras sigo el rumbo de su trayectoria. Estoy a una hora de distancia suyo, mierda. Piso a fondo mientras sigo por dónde se mueve, ¿por qué sale a está hora? ¿Con quién va a salir? No es con Collins porque a ese cabrón lo tengo bien vigilado igual. Se detiene y veo mejor la ubicación. ¡Un bar! ¿Por qué demonios va a un bar? Estoy a media hora, sigo acelerando y poco me interesa cuantos accidentes pueda provocar. Cuando llegó veo su auto estacionado, al entrar al bar me doy cuenta de que está con tres personas, una de ellas es Kylie Johnson, su mejor amiga, la rubia del otro día, Isidoro Navarro un idiota que hace bien su trabajo y James Gordon, puedo identificar bien quienes son sus amigos y quienes tienen intensiones de algo más y ese es Gordon. Me quedo de pie con un vaso con whisky, mirando a la única persona que me interesa. Ricitos parece dispersa en su cabeza, mira a la ventana y suelta un suspiró, juega con la pajilla de su trago, la rubia le dice algo, como si tratara de animarla y parece lograrlo porque ella la toma de la mano y la lleva a la pista de baile. Mierda. La forma en la que se mueve, como mueve las caderas, como se suelta el cabello y lo agita para mover el culo. Trago seco. Toda la tensión se va a mi polla. Se deja llevar por todo y en ese momento veo como Gordon se levanta y va en dirección a ella. Eso no. Me termino mi trago y lo dejó en alguna parte, empiezo a caminar entre la multitud hasta que veo que Brooklyn se aparta de él y se aleja de la multitud. Quiero matar a James. Pero me fijo en cómo un hombre sigue a Brooklyn apenas sale de la multitud. Voy a terminar matando a todos aquí si llegan a hacerle algo a mi chica. Salgo de la multitud y sigo al hombre que está siguiendo a mi chica, entra al baño, me apresuro a llegar al baño y justo cuando quiero entrar cierra la puerta con seguro. Cabrón. — Que delicioso te movías en la pista de baile. ¿Acaso te movías para mí? Si se atreve a tocarla, escucho que algo se rompe y algo cae, entonces rompo la puerta de una patada y lo veo. El espejo está roto y Brooklyn está sobre el sujeto, que se está agarrando justo la parte dónde le clavó un cristal, Brooklyn parece cegada, le quita el cristal del cuello y empieza a salir un chorro de sangre y empieza a apuñalarlo, una y otra vez, su vestido azul ha quedado de color rojo y no solo eso, su rostro y cabello igual. Una sonrisa tira de mis labios. Es tan hermosa. Cierro la puerta y no se ha dado cuenta de que estoy aquí. Ella sigue apuñalandolo, una y otra vez, hasta que la veo de nuevo con el mismo semblante de aquella noche. Preocupada, debe estar pensando de nuevo en sus perfectos padres y lo que dirán. Suelto un suspiró y eso la hace volver la mirada a mí y la sonrisa que me nace es tan natural que incluso me asusta. Me acercó a ella y la apartó del cuerpo, está sufriendo de nuevo un shock. Pero sé bien qué no es por matar sino por pensar en lo que dirán sus padres, sus amigos y su ex, pero a mí no me importa nada de eso. — ¿Es un sueño? – susurra. — No lo es, ricitos – acarició su mentón y por fin puedo sentir el tacto de su piel. Es tan suave bajo mi áspero toque. – Si tu intención era llamar mi atención, lo has logrado. — Lo… lo asesiné – susurra temblando. — Oh no, tu baja de adrenalina – sacó un terrón de azúcar, y cuando lo llevó a sus labios ella abre la boca y dicho acto hace que mi polla se ponga dura. Esos labios rosados y carnosos se abren y pongo el terrón de azúcar entre ellos, sintiendo su aliento, ella chupa el terrón y un poco mis dedos cuando lo mete en su boca, chupo mis dedos y vuelvo a mirarla a esos intensos ojos azules aunque con está luz parece un poco verdes, una mezcla de ambos. — Lo asesiné. — ¿Y qué importa? – me hace gracia que lo diga tan preocupada, me rio y mi risa sale tan natural. – No me cuesta nada desaparecer un cadáver, ni el de él, ni el de todos los que subestimen a una chica linda. — ¿Qué? — Asesina a quién tú quieras, yo siempre seré tu coartada – acaricio su mejilla. – Ahora quita esa cara, ricitos. Me obligó a apartarme de ella, porque aunque quiera seguir estando cerca y tocarla, quiero que sea el único cuerpo que tenga que sacar de este baño. Pongo el cuerpo sobre mi hombro y miró a Brooklyn con una sonrisa, abro la puerta del baño y voy a la puerta trasera, pero miró sobre mi hombro, Brooklyn mira un segundo a sus amigos y después viene conmigo. Todos creerán que tengo un borracho, me aseguro de que nadie me vea cuando lo pongo sobre la parte de atrás de la camioneta, mi camisa quedó manchada pero en el n***o no se nota. Miró a ricitos que está mirando todo lo que hago, oh Dios, se arruinó su ropa, el vestido le llega arriba de la rodilla y apenas se deja ver algo de sus tonificadas piernas, Dios tengo que dejar de verla, creo que tengo mi chamarra abro la camioneta y la sacó para dársela, ella no dice nada, solo se la pone y se amarra el cabello de nuevo. — ¿Quieres volver con tus amigos o quieres ir al mirador conmigo? — Contigo. Ni siquiera lo dudo. Me encanta. Le sonrió y abro la puerta para que pueda subir, extiendo mi mano para que pueda subir y cuando la toma siento un choque eléctrico que ambos notamos, pero solo me hace sonreír más. Cuando subo a la camioneta, puedo oler su aroma tan dulce, cómo si fueran cerezas o fresas, nunca me habían gustado tantos esos aromas hasta que los pude oler en ella. La llevaré a cenar está vez, no dejaré que vuelva a pasar lo de la otra vez. Llevarla a mi casa es una opción que debo desistir por el momento, en cuanto ella acepte irse a Oregón mi plan empezará pero mientras tanto, quiero disfrutar de está chica. — Gracias por las peonías, son muy hermosas – dijo con una sonrisa. — Como tú – extendí la mano y apreté su mentón. – ¿Qué hacías en el bar? ¿Estabas celebrando o buscando a quién matar? — De hecho sí – habla mirándome. – Dije ¿cómo ver de nuevo a mi lobo nocturno? Entonces recordé que en el pasado sacrificaban personas para atraer la atención de sus dioses – no me quiero reír y aunque trato de mirar a otro lado no logro hacerlo y me rió. – Cumplí mi objetivo ¿no? — Claro que lo hiciste ricitos – la miré y puedo encontrar a una chica que me mira sin una pizca de discreción. – ¿Quieres un balde? – me rió de nuevo cuando miró su expresión. Pero de pronto, veo como extiende su mano y acaricia mi mejilla, no me habían tocado de este modo hace mucho y me es inevitable no estremecerme, es jodidamente satisfactorio como me toca. Sus manos son suaves y evitó cerrar los ojos porque estoy al volante, pero disfruto mucho de su toque. — Has estado cerca de mí. No está haciendo ninguna pregunta, así que no le respondo porque ya lo sabe. Aparta su mano de mi mejilla y casi me quejo por el abandono de su toque. Enciendo la radio y empieza a sonar Killer de Valerie Broussard. Maldición, ¿no había otra cosa? Ella se ríe y yo solo sonrió. They told me you were a killer, a killer I saw your collection of hearts and I shoulda known better, better 'Cause they told me you were a killer, a killer Empiezo a tararear la canción y puedo ver de reojo como me mira, pero yo mantengo la vista fija en el camino, tamborileo mis dedos sobre el volante al ritmo de la canción. Me detengo en una luz roja y la miró sin dejar de cantarla. Is if I am a killer too Su mirada brilla cuando entiende lo que le estoy dando a entender. Soy el caníbal que hace años “ayude” a ahuyentar a Sebastian Collins y no pensaba regresar a ello, hasta qué tuve a está chica frente a mí. Matar se volvió algo satisfactorio y solo imagino sí matarla a ella será igual. El destriparla, sacarle los órganos y después comerlos. ¿Sabrá igual de deliciosa cómo huele? Pero sin duda antes de ello quiero verla sumida en un éxtasis que solo yo podré darle. Llegamos a un restaurante que casi nadie visita, pero eso no significa que no sea bueno, bajamos de la camioneta y nos sentamos apartados de la puerta. Se sienta junto a mí y pone una de sus manos sobre la mesa, una mesera llega a tomar nuestra orden. — Quiero dos hamburguesas con todo, dos sodas y un chocolate – ordenó y la miré un momento. – ¿Qué? ¿No tienes hambre? Porque yo sí. Ahora si que puedo ver mejor sus tatuajes, tienen mucho color para mi gusto, empiezo a acariciar sus venas, puedo sentirlas bajo mi toque y también siento como su corazón se acelera y escucho el jadeo que suelta. Veo las manchas de pintura que no se pudo quitar, así como la sangre que salpicó, acarició las venas de sus manos y lo escucho suspirar. — Así qué, me estabas esperando ¿por qué? – habla sin apartar su mano. Tiene un par de cicatrices, parecen cortes uniformes. ¿Cómo se los hizo? – ¿Me dirás tu nombre? — ¿Tienes algún problema con no saber mi nombre? – preguntó y sigo trazando sus venas. — No lo sé, puedes ser un ex convicto, esposo, padre de tres hijos. Sonrió un momento y la miró sin dejar de trazar con mis dedos sus venas, su iris azul tiene un brillo que me gusta y sus mejillas están ligeramente rosadas. Fui ex convicto, estuve casado y ningún hijo, por el momento. — No tengo ninguna multa – la CIA eliminó todo mi historial. – No tengo esposa y ningún hijo. — ¿Por qué no? ¿Qué edad tienes? Pareces del tipo al que las mujeres o los hombres se le lanzaron a la primera. — Tengo 38 años, tener esposa e hijos nunca estuvo en mi itinerario. — ¿Tienes todo planeado? — Tal vez – la miró. – ¿Quieres solicitar el puesto de esposa? Se empieza a reír y aparta su mano de la mía. Entrecierro los ojos, ¿dije alguna broma? — Gracias, pero no gracias. — ¿Le temes al compromiso? Vuelve a poner sus manos sobre la mesa, tomó su mano y vuelvo a mi labor de trazar con los dedos sus venas. — No, pero el día que me case quiero que sea por amor. Dime ridícula, pero fantaseo con el hombre perfecto, que me ame tal y como soy, con cada defecto y anomalía mía. — ¿Qué defecto puedes tener, ricitos? — No soy perfecta. — Lo eres – la miró y se quedó callada. Trazó una vena de su antebrazo y siento como su pulso se dispara de nuevo. – Eres romántica ¿no? — Tal vez, un poco. Asiento con la cabeza y sigo trazando la vena de su antebrazo, así como ver los tatuajes qué tiene, la comida llega y nuevamente aparta. Por alguna razón, el que Sebastian Collins no haya sido ese hombre perfecto me pone casi sobre un pedestal, debo ser el primero que ve este lado de ella y en lugar de ahuyentarme, solo me atrajo más a ella, de forma desesperada. La veo comer su hamburguesa y me pierdo mirándola, por un momento pienso en sí le gustara comer lo qué yo cocine. Tiene salpicaduras de sangre que solo yo puedo notar y de entre todo eso, tiene pecas, largas pestañas, un lunar cerca de su ojo derecho, sus ojos me miran un momento. — ¿Pasa algo? — Tienes pecas – susurró. – Linda. Tomó mi hamburguesa y me la como, aunque con la mirada es a ella a quién me estoy comiendo. Cuando terminamos, tomé una servilleta y me limpié la boca, pongo un par de billetes sobre la mesa y cuando salimos ella me tomó del brazo, es casi un acto tan normal para ella, pero a mí me toma un par de segundos seguir adelante. Subimos a la camioneta y vuelvo en dirección al bar. — Te noto más relajada que la última vez, ricitos. ¿Alguna novedad? — No por el momento, pero he estado pintando – una sonrisa ilumina su rostro. Me gusta. – Salí a patinar algunas veces y estoy esperando una invitación. — ¿A dónde? — La semana de la moda en París – nunca vi que enviara algo para eso. — ¿Irás sola? — Nop – aprieto el volante. ¿Con quién demonios irá? La miró pero está distraída mirando por la ventanilla. Tengo que ir a ese evento o matar a quién irá con ella para ser yo. Cuando llegamos de nuevo al bar, bajamos de la camioneta y la acompañó a su auto. — ¿Te veré de nuevo? — Tal vez. — No me dirás tu nombre ¿verdad? – le doy una pequeña sonrisa como respuesta. – Al menos tu número, para llamarte. — Creo que sabes cómo hacerlo – me rió cuando puso los ojos en blanco. Me acercó y la tomó de la cintura, jadea, lo pego a mi cuerpo. No puedo detenerme, no me importa lo mal que esté esto, la necesito jodidamente cerca, atrapó su cuerpo entre la puerta del auto y yo. — Yo estaré ahí cuando me necesites, ricitos. Sujetó su mentón con fuerza y la besó. Sus labios son tan suaves, devoró su boca, la reclamó como mía, los saboreo y experimentó otro mundo, otras sensaciones. Enciende un fuego que hace mucho creí apagado. Cuelo mi mano por su pierna, sintiendo su cálida piel, gime contra mis labios. Sus manos van a mi cuello y se tiene que poner de puntitas. Sus labios son un delicioso veneno, una droga tan adictiva y mortal. La aprieto contra mi cuerpo, muerdo su labio inferior, necesito más, pero si no me detengo todo se irá por la borda. Así qué rompió el contacto y la miró, sus ojos se han oscurecido y se ve tan jodidamente deseable. — Yo nunca te dejaré, ricitos, porque fui enviado para acabar contigo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR