Tatuaje
Brooke
La sangre se ve negra a la luz de la luna. Es por eso que no use el color rojo en la pintura, solo somos él y yo, bajo la luna, con un toque más oscuro, solo yo sabré el significado del porqué es tan oscura está pintura.
Muerdo mi labio y cierro los ojos un momento, puedo sentir el toque de sus dedos trazando mis venas, sus labios besando los míos, lo brusco y rudo que fue. Como todo mi cuerpo reaccionó tan bien a él, a esa toma tan posesiva. Me encanto. Tanto que olvidé que había matado a alguien ese día y qué él nuevamente se deshizo del cuerpo. Sus palabras de que puedo matar a quién sea y que él va a desaparecer los cuerpos me hace sonreír más de lo que debería pero si solo así podré verlo, tocarlo, sentirlo y… fuertes golpes en mi puerta me alarman y salgo de mi trance. Limpio mis manos y voy a abrir la puerta.
— ¿Sebastian?
— Hola Brooke, ¿puedo pasar? ¿Traje comida china?
Sebastian Collins… a veces siento que es una espina que no me puedo quitar del costado, pero al mismo tiempo es una espina que no quiero retirar, pues además de mi lobo nocturno, este hombre logra activar fibras sensibles en mí. Me hago a un lado y lo dejó entrar, su aroma a canela me hace tener un deja vu ¿cuantas veces me embriague con ese aroma mientras me hacía suya? Lo miró observar el penthouse, estuvo una vez aquí pero no es como si viniera a ver el lugar, solo vino a follarme y se fue en la mañana. Poco después de ello termine con él.
— ¿Qué ocurre? – pregunte mientras lo llevaba a la cocina.
— ¿Supiste del otro cuerpo desmembrado?
¿Cómo no saberlo? Salió en todos lados y además esperaba la noticia, tuve que aguantar mis ansias de ir a comisaría para indagar del caso. Asiento ligeramente con la cabeza mientras Sebastian saca la comida de la bolsa y yo sacó la botella de vino.
— Tengo mis sospechas de quién es, tiene un patrón que me hizo reconocerlo.
Mi instinto me hace mirar el lugar en dónde están mis cuchillos, él está del otro lado de la barra por lo cuál tengo una ventaja de al menos 4 segundos para tomar un cuchillo y hacer algo. Vierto el líquido rojo en las copas y me acercó a él, me está mirando pero no lo hace de manera diferente a las otras. Aún prevalece ese brillo de esperanza y de cariño. No lo sabe aún… me relajo un poco y le doy un sorbo a mi vino. Sin embargo, sí ha encontrado un patrón y no es el mío, es el de mi lobo nocturno, mi hombre de ojos oscuros y eso me da un vuelco al estómago.
¿Dejaré que atrapen a mi hombre? Pensar siquiera como “mi hombre” me provoca una corriente eléctrica en todo el cuerpo, pero pensar en qué pueden indagar más sobre él me provoca nauseas. No pueden atraparlo. No puedo permitirlo.
— ¿Un patrón? Supongo que me contaras sobre ello – pestañeo un par de veces y sonrió sin apartar la mirada de la suya. Sí algo conozco de mi Sebastian, es qué puedo tenerlo en la palma de mi mano con una simple mirada. – ¿Aún quieres mi ayuda?
Y me aprovecharé de eso para poder estar en el caso. Sé qué me retiré porque era demasiado personal para mí, lo sigue siendo, pero si no me involucro en esto, algo lo llevará a él o peor aún a mí. Por el bien de nosotros, tengo que estar en el caso.
— Nunca negaría tu ayuda – estira su mano y pone uno de mis mechones de cabello detrás de mí oreja. – Mientras no llegue mi amigo para ayudarme con esto, te quiero a mi lado.
No lo dice solo en el sentido laboral. Podría pensarlo, pero el simple recuerdo de ver su rostro, su mirada de disgusto e incluso aberración, cuando vio una pizca de mi lado oscuro me hace retroceder a hacer algo. Yo lo acepte tal y cómo era, lo amaba porque sabía que el día que yo le mostrará quién soy, me amaría cómo yo lo hice, pero estuve equivocado. Al pensar en mi hombre, la forma en la que me besó, la forma en la que me mira, la forma en la que me sonríe… él no conoce el rostro que todos conocen. Él conoce algo que nadie había visto antes y vi todo lo que siempre quise ver en Sebastian, aceptación, anhelo y ¿amor?
— ¿Qué amigo? – digo mientras tomo mis palillos. – ¿El de Brasil que me habías dicho?
— Sí, Freddy, aún sigue allá y realmente trató de convencerlo de que venga, me ayudó con este asesino.
¿Ya estuvo antes? Las palabras que me dijo la primera noche ahora tienen más sentido. No quería que nadie supiera que había regresado a Castlebrooke, me dejó en claro que fingiera que no lo conozco. Esto debería asustarme, pero me cautiva por saber más sobre mi misterioso hombre.
— ¿Quién era?
— Nunca lo supimos, pero sabemos que se comía a sus víctimas.
Me atraganto con la salsa. ¿Qué dijo?
— Tómalo con calma Brooke – dijo acariciando mi espalda.
Me bebo el resto de mi vino y me sirvo más, vuelvo a mirarlo y respiro hondo. ¿Comerse a sus víctimas?
— ¿Qué dijiste? ¿Es caníbal?
— Sí, se come partes de sus víctimas, desmiembra los cuerpos y siempre los deja en un lugar público, para que todo el mundo lo vea. El primero fue casi como para decirme “estoy de vuelta, imbécil” aunque este segundo lo ha dejado casi en forma de flor, incluso dejó la flor misma.
Vuelvo a mirarlo, eso no lo dijeron en las noticias. Joder. Sebastian Collins siempre reservando cosas de vital importancia solo para él y el equipo. Saca el expediente y me muestra las fotografías… tiene que ser una puta broma.
El primer cuerpo lo desmembró partiendo de mi corte. Pero este se ha tomado su tiempo, cada corte ha sido como el pétalo de las flores que conservo en mi estudio. Peonías, pero ahora en lugar de rosas, son rojas carmesí y son de un cuerpo. Tengo que evitar sonreír. Me gusta, me gusta mucho. En la otra fotografía, está su rostro, la boca la tiene abierta y tiene una flor, casi no se distingue bien que flor es, pero yo sí puedo y puedo jurar que la tomó de las qué él me envió.
Me emociona demasiado esto. No solo se conformó con enviarme peonías sino que creó la misma flor en el cuerpo que yo mate. Hizo arte. Llevó la copa de vino a mis labios para disimular mi sonrisa, aunque el latido de mi corazón no puedo ocultarlo.
Levantó la mirada y miró al hombre que no ha dejado de observarme, es momento de entrar en el juego, como en el ajedrez, soy el Rey y soy intocable pero si se van a acercar a mí tengo que ver sus movimientos de cerca.
— El primer cuerpo parecía cortado por diferentes personas y lo ha dejado más como un mensaje para ti, cuando el segundo, se nota que se tomó su tiempo. A simple vista no parece el mismo asesino.
— Eso quiere hacerte pensar, pero a ambos cuerpos les faltan órganos vitales algo que el caníbal siempre tomaba.
— Puedes ser un imitador.
— Nunca se dio a conocer que era un caníbal.
Suelto un suspiró y me recargo en mi silla, mirándolo. Él aprieta los labios y se reclina en la silla, tomando su copa de vino y cambiando su mirada.
— No crees que sea él ¿verdad?
— No puedo juzgar porque yo no estuve en el momento que tú y este caníbal estaban jugando al gato y al ratón. Tengo que familiarizarme con el caníbal, pero Sebastian, te veo demasiado metido en el caso y eso puede nublar tu juicio.
— No me perfiles a mí, Brooklyn.
— No lo hago – estiró mi mano y tomó su mano libre. – Lo estás haciendo personal, más de lo que deberías, ¿por qué no dejas este caso en manos de alguien más y yo me haré cargo de todo?
— Lo haré, cuando llegue…
— Tu amigo Freddy de Brasil – concluyó, estoy por soltar su mano cuando él la tomó con más fuerza. – Sebastian…
— La cague de muchas maneras, sé qué la oportunidad que pudiera tener contigo se esfumó hace mucho, pero no me gustaría perderte. Te amo – apartó la vista y cierro los ojos un momento. No caigas. – Y lo digo en serio Brooklyn, te amo y siempre te he amado.
— Cuando estuvimos juntos, yo fui la única que amo de verdad, porque apenas viste quién era de verdad y me miraste con desdén, me quitaste cualquier oportunidad de estar en alguna academia, de ser una perfilador de puta madre y usaste a mi madre para que me diagnosticara como una maldita psicópata. Sí esa es tu forma de amar, prefiero tu odio.
— Brooke…
— Iré mañana a comisaría para que me des todo sobre el caníbal, ahora tengo muchas cosas que hacer y necesito que te vayas.
No dijo una sola cosa más, abrí la puerta y él se fue.
Me acaba de amargar todo. Siento una presión en el pecho y mis ojos se llenan de lágrimas. ¿Es qué nadie me amara de verdad? Es muy temprano para salir y hacer algo, así qué mejor voy directo al gimnasio que pocas veces usó, comienzo a vendar mis manos y voy directo a saco. Necesito sacar de alguna manera toda está rabia, esta frustración, esta tristeza. Mis lágrimas se derraman y no puedo ver nada pero no dejó de golpear, una y otra vez, los puños me empiezan a doler pero no me detengo, en mi cabeza se repite lo ocurrido en la iglesia hace un año.
>> Hace un año
Armando, Logan, Jay y Gringo están inconscientes en medio de la iglesia, todo el lugar está lleno de gasolina y explosivos. A mis pies está el resto de la mafia todos en un charco de su propia sangre.
El golpe final. Escucho las sirenas y entonces abren la puerta, Sebastian y mi padre están mirando todo a su alrededor y ninguno da fe de lo qué están viendo. Los asesine con mis propias manos, yo, una simple chica de 21 años, infiltrada, me creían una imbécil, una tonta, un culo facil, pero ese fue el rostro perfecto para que confiaran en mí y cayeran como simples moscas.
— Brooklyn ¿qué hiciste?
— Lo qué querías amor, aquí está la mafia que tanto te ha jodido – me acerqué a Sebastian con una sonrisa. – Deje a los capos para que te hagas cargo tú mismo, sé qué eso querías.
Su mirada me recorrió, pero no era como en otras veces, cuando me miro a los ojos, vi algo que nunca creí ver, desdén, repudio, algo que me hizo verme a mí misma, cubierta de sangre y vísceras. Papá fue el único que se me acercó, tomó mi rostro y me miró a los ojos.
— Te llevaré con tu madre, estás en shock, Collins saca a esos imbéciles de aquí o los mataré yo mismo.
— Pero…
— Brooke, olvídate de esto.
Papá me quiere sacar a la fuerza, pero me safo de su agarre y miró a Sebastian de nuevo, que se ha quedado pasmado en su lugar.
— ¡Mírame! Me hiciste entrar en la mafia porque querías acabarlos – sentí como mis lágrimas comenzaban a salir. – ¡Sebastian, di algo!
Me estoy quemando por dentro. Necesito esa mirada de orgullo, de amor, de alegría, quiero que me diga que está bien, que todo acabo.
— Brooklyn, vámonos – insistió mi padre.
— Sebastian – susurré.
— Sal de aquí Brooklyn, me tengo que hacer cargo de tu… desastre.
— ¿Qué?
Trate de tocarlo pero se alejó como si fuera a contagiarlo de algo. No me mira a la cara, solo mira a los capos que siguen maniatados.
— Vete con tu padre ¡ahora!
— ¡Hice lo que querías! – grito desesperada. – Sebastian, por Dios, querías ver su puto final. ¡Lo hice por ti! Dime algo – vuelvo a plantarme frente suyo y ahora lo veo muy molesto.
— Tú no te mandas sola, te dije que los quería ver arruinados – niego con la cabeza. No dijo eso. Nunca dijo eso. – Entiende Brooklyn – lo miró. – Eres una peón y solo eres eso, una peón.
Apartó la mirada como si me hubiese dado una bofetada. Cierro los ojos y siento mis lágrimas descender por mi rostro. Duele como si me hubieran arrancado algo, como si me hubieran roto algo. Duele demasiado.
— Brooklyn – papá me vuelve a tomar y me voy con él.
— Llene la iglesia de explosivos – susurró cuando estamos fuera.
— ¿Qué?
Noah regresó de inmediato y yo solo miré la iglesia dónde creí que me casaría con Sebastian. Todo deja de existir para mí, me vuelvo sorda, solo puedo sentir un horrible dolor y entonces, explota… <<
No recuerdo mucho de ese día, mamá dijo que estuve en shock mucho tiempo… pero incluso a pesar de ello, una parte de mí aún lo ama. Supongo que esa será mi condena.