Freddy
La aparición de Sebastian no me pone de muy buen humor y todo empeora cuando Brook se levanta furiosa y lo corre de su casa. Sebastian Collins jode todo lo bueno en está vida, su esposa, sus hijos y ahora la chica más dulce y hermosa que puedo conocer. Ha dejado a mi chica bastante fuera de sí, ha golpeado un saco de box hasta que sus manos empezaron a sangrar y después fue a su estudio, dónde ha pasado las últimas dos horas pintando algo, no puedo verla, pero parece muy centrada en ello, no se ha levantado, ni movido de su lugar, parece muy centrada en lo qué está haciendo.
No me gusta verla así. Las ganas de matar a Sebastian Collins incrementan cada vez más, quiero ir por él y ponerlo frente a Gustabo, lo mataría frente a él, con tal de que nadie más robe su sonrisa, su brillo, su alegría. Tomé mi chamarra y salí de casa, subí a la motocicleta y conduje directamente a su casa. Miró un momento el teléfono y veo que se ha separado de su pintura y se ha ido al baño, conduzco con rapidez y en menos de quince minutos estoy fuera del edificio. Tomó mi teléfono y vuelvo a ver qué hace, ha traído su lienzo a su sala, sigo sin poder verlo, ha puesto música y tiene una copa de vino mientras observa la pintura. Guardó el teléfono y miró la cantidad de pisos, si tuviera escaleras de emergencia sería fácil subir y dudo que quiera abrir la puerta después de su jodida visita.
No debe ser tan difícil. Logró subir al primer balcón y con fuerza e impulsandome subo al segundo, casi tropiezo en el tercero pero continuó hasta llegar a su piso. Estoy en su balcón, no tiene muchas luces encendidas, la noche ha caído y estoy en un sitio que no me ve con facilidad. Cuando veo un gato saltando de otro balcon hacía dónde estoy, lo tomó en mis brazos y observo su hermoso pelaje n***o, levantó la vista de nuevo y la veo ergirse y ponerse alerta. Es imposible que me haya oído o al gato. Se da la vuelta y mira justo en mi dirección, el gato en mis brazos ronronea, camino un par de pasos y me pongo justo en un lugar dónde ella me verá.
Ladea la cabeza confundida, suelta un suspiró y me da la espalda para ver de nuevo su pintura. ¿Me está ignorando o me cree parte de su locura? Tengo buen ángulo de su pintura, es toda roja como la sangre misma es una calavera con una serpiente rodeandola y tiene algunas flores, realmente tiene talento, es algo que el mundo debería ver. Una brisa fría hace estremecer al gato, lo envuelvo en mis brazos y tocó el cristal, eso alerta a Brooke y ahora voltea y me mira con los ojos abiertos, deja su copa de vino y viene caminando descalza hasta abrir la ventana.
— ¿Me dejarás aquí fuera, ricitos?
Realmente no cree que estoy aquí, pasó en el interior y miró de nuevo la pintura, me gusta el color rojo, parece sangre. Miró a Brooke y tiene una expresión de no creer que estoy ahí, pero al mismo tiempo tiene una sonrisa y un brillo en los ojos que solo tiene para mí, lo que hace horas Sebastian le robo, yo se lo devuelvo y eso solo me hace querer tenerla más cerca. Necesito a Brooklyn, ya no me conformo con solo verla a través de mis pantallas, necesito tenerla solo para mí. El besó de la otra noche solo me hizo querer más y más, fue como probar la mejor droga del mercado, me hizo tan adicto a ella, con solo una probada.
— ¿Quién es tu amigo?
— Nos encontramos tratando de llamar tu atención – le sonrió y dejó al gato sobre el piso.
— ¿Estabas por el vecindario? – dijo con una sonrisa.
— Tal vez.
— Y decidiste subir casi diez pisos por los balcones que subir las escaleras o el ascensor – dice mientras se sienta en el piso a los pies de su pintura.
— Podía correr el riesgo de que no abrieras la puerta – me siento frente a ella y me mira con una sonrisa que le hacen brillar los ojos. – Además, quería darte una sorpresa.
— Vaya que lo hiciste – le da un sorbo a su vino, miró sus labios carnosos tocar la copa y tengo que evitar estirar la mano y tocar sus labios. – Estaba mirando el resultado de un arranque de… emociones – no quiere hablar del tema y no voy a indagar más, porque ya lo sé, su mirada va a la pintura y yo solo puedo verla a ella. – Me gusta el resultado, apesta de todo – sus ojos azules me miran y siento el impacto de un choque eléctrico en mi cuerpo cuando sus ojos me miran solo a mí. – ¿Qué opinas tú?
Apartó la mirada de ella para ver la pintura. La serpiente rodea a la calavera, muestra sus colmillos y en las esquinas del cráneo hay flores, entrecierro los ojos y una sonrisa tira de mis labios. Peonías. Me tome el tiempo de hacerlas en el cuerpo del tipo que quiso propasarse con ella, quería que viera de lo que soy capaz y al mismo tiempo que supiera que me interesa. Una flor se marchita pero en el asesinato prevalece hasta el final.
— Se parece mucho a uno de mis tatuajes, solo le faltan las peonías – dije volviendo la mirada a ella.
— ¿De verdad?
— Sí – me levanté y me quito la chamarra.
— ¿Qué haces?
Me reí un poco, sabe bien lo que hago, me quito la playera y cuando vuelvo a mirarla tiene un rubor natural cubriendo sus mejillas. Tierna. Puede asesinar sin que le tiemble el pulso, pero se sonroja al verme sin playera. Abre ligeramente la boca y puedo sentir su mirada recorriendo cada parte de mi torso desnudo, tengo muchos tatuajes, aún queda espacio libre en uno de mis brazos. Me doy la vuelta y le muestro el tatuaje de la espalda, escuchó un jadeo y miró sobre mi hombro, ahora está más roja, pero se levanta, puedo ver nuestro reflejo en el cristal, sus pies descalzos acercarse a mí y su aliento cerca de mi espalda.
Sus dedos apenas rozan mi piel, siento de nuevo esa electricidad estremecer mi cuerpo, cierro un momento los ojos y disfruto de ese roce, son como las alas de un ángel que te acaricia con delicadeza.
— Puedo añadirle las flores – dijo casi en un susurró, de no estar tan cerca no hubiera escuchado.
— Hazlo.
Brooklyn se pone frente a mí, me encanta la diferencia de altura, el que me tenga que mirar hacía arriba, sonrió cuando veo la sorpresa impresa en su hermoso rostro.
— ¿Hablas enserio?
— Sí.
— ¿Por qué dejarías que una extraña tatue tu espalda?
— ¿Aún soy un extraño? – fruncí el ceño.
— No me has dicho tu nombre.
— Kain.
— ¿Qué?
— Querías mi nombre, Kain.
Me sonríe, sabe que no es real, no es idiota pero lo acepta. Su miraba baja a mi torso, mi pecho y veo como muerde ligeramente su labio. Tomó su mentón y hago que me mire de nuevo, quiero que solo me miré a mí, esos ojos azules solo me pertenecen a mí, paso mi pulgar por su labio, esos tentadores labios, son solo míos. Ella es mía. No quiero que vea a nadie más y que nadie más la vea, haré un baño de sangre a quién la vea y la mataré a ella si se atreve a mirar a alguien más.
— No soy buena tatuadora – susurra.
— Confío en ti.
Su labio tembló ligeramente, apreté su mentón y me contuve las ganas de volver a besarla. Sé qué si vuelvo a besarla, será mi perdición y no voy a soltarla, por nada del mundo. Aflojo mi agarre, la veo tragar y suspira, apartándose de mí.
— Puedes ponerte sobre el sofá, ya vuelvo.
Miró al gato tendido sobre el sofá, acaricio su cabeza y me pongo boca abajo junto a él. ¿Por qué jodidos hago esto? Realmente, no lo sé, cuando estoy con ella mi control llega al límite, mi cordura pende de un hilo y aceptó cualquier cosa con tal de tenerla cerca. La música sigue fluyendo, creo que es Lana del Rey quién está sonando ahora, escucho nuevamente los pasos de Brooklyn levantó la vista y la veo poner en la mesa cercana todo un kit de tatuador.
— Kylie me lo regaló cuando le dibujé un girasol en el brazo con un lapicero, dijo que tenía talento.
— Lo tienes – admitó y me mira con esos intensos ojos azules. – Juzgando los tatuajes de tu brazo y la pintura de ahí, realmente tienes talento.
Una sonrisa ilumina sus ojos y me gusta. Me gusta verla sonreír, es como un ángel… es un demonio disfrazado de ángel y eso solo lo sé yo y es algo que quiero mantener, un secreto que solo yo sea el dueño.
— ¿Cuando te hiciste el tatuaje? – pregunta mientras siento como pone el calca en mi piel.
— Hace unos siete años, había tenido sueños muy raros pero la serpiente y el cráneo es algo que se repetían mucho.
— Y decidiste tatuarte ¿porque?
— Para no olvidarlo.
Lo hice en la época dónde estaba tan ahogado en mis problemas, dónde incremente mis asesinatos y no encontraba paz, por eso me aleje y le hice creer a Collins que lo habíamos ahuyentado. Fue en la época que también asesiné a mi hermano, pero ahora tendrá algo más y será la marca de ella.
— ¿Aún irás a París?
— ¿Lo recuerdas? – la sorpresa en su voz me hace mirarla antes de que encienda la máquina.
— Ricitos, yo recuerdo cada palabra tuya.
Abrió ligeramente los labios y vi cómo sus ojos tenían ahora un brillo diferente, un brillo que vi la primera noche en el mirador. Vuelvo a poner mi cabeza sobre mis manos y siento como empieza a trazar el lienzo.
— Todavía no me llega la invitación, pero cruzo los dedos porque me llegue pronto, la semana de la moda es en dos semanas, siempre me ha gustado la moda además de que van muchas celebridades, el año pasado conocimos a Lady Gaga y JLo.
— ¿Conocimos?
Mi cuerpo se tensa y ella puede notarlo, la mera idea de qué vaya con alguien más, un hombre, me pone la sangre caliente y me cuesta respirar.
— Mi mejor amigo y yo, los dos siempre vamos, nos conocemos desde los 16 años, él siempre queriendo ir por el camino correcto y yo siempre por el delictivo, si sabes a qué me refiero – sonrió un poco, aunque la tensión en mí no me permite hablar. – Él es un gran agente del FBI, estoy orgullosa de él, es como mi hermano, hemos pasado tantas cosas y él nunca me dejó.
Lo último lo dice casi en un susurró, cómo sí lo dijera para sí mismo. Me relajo un poco, aunque me tomó de sorpresa saber que tiene un mejor amigo y que no está aquí. Continúa el tatuaje mientras la música sigue sonando y me relajo, sorpresivamente me relajo, es cómo sí estar con ella me relajara de maneras que no creí que fueran capaz. Nunca me sentí así con nadie más, hace años que no siento está clase de paz y me la está otorgando una simple chica que me está tatuando la espalda. Mis ojos se cierran, pero no me duermo, escucho cómo empieza a cantar a Maroon 5 y sonrió un poco, dejándome llevar por el sonido de su voz.
— Está listo – habla y abrí los ojos. – Ven, te mostraré como quedó.
Me levanté y Brooke tomó mi mano, llevándome a una parte de su sala dónde tiene un espejo, me suelta y la veo ir por otro espejo, entonces colocándolo en mi espalda puedo ver el reflejo en el espejo que tengo frente a mí. Por un momento siento que no puedo respirar al ver la similitud de su pintura en mi tatuaje, solo le faltaban las flores para qué fuera tal cuál. Los sueños, las pesadillas con respecto al cráneo y las serpientes…
— ¿Te gusta?
Noto el nerviosismo en su voz, me doy la vuelta y le quitó el espejo, tomó su mentón y lo alzó, mirando sus ojos azules. Acercó mis labios a los suyos, jadea y siento como se estremece con un simple roce mío y me fascina ver que un simple toque mío provoque estás sensaciones en ella.
— Me fascina – susurró.
— Besame.
Una sonrisa tira de mis labios ante su petición, con la voz temblorosa, rozo mi nariz con la suya y pruebo su aliento, mi autocontrol se está yendo a la mierda y su aroma a fresas me está provocando sobrepasar mi límite, pero cuando siento que retrocede no la dejó y la tomó. Besó sus labios con hambre, mis manos bajan hasta sus piernas y la cargó, ella jadea cuando la cargó, sus ojos azules me miran y hay un brillo malicioso que no había visto antes y me gusta, me rodea con sus piernas, tomó mi rostro y me besa.
La presiono contra la pared, sus manos se deslizan por mis hombros, mientras sigo besándola, dejó sus labios para besar su mentón y bajar a su cuello, aspirando ese dulce y delicioso aroma. Siento como sus pezones se han puesto duros y rozan mi pecho.
No pienso parar, por nada del mundo.
Mis manos se cuelan bajo su playera y gime mientras empiezo a tocar su cálida piel, vuelve a besarme, muerde mis labios y gruño cuando siento el sabor metálico de mi sangre. Me mira con una sonrisa y pasa su lengua por mi labio, acabando con mi poco control, la dejó sobre el piso y le sacó la playera mientras empiezo a besar su cuello, muerdo su hombro y me deleita escuchar sus gemidos y su respiración agitada, lamo sus pezones y miró cómo cierra los ojos cuando mis dientes rozan sus pezones, aprieto sus grandes pechos, son una puta locura. Continuó besando su vientre, le quitó el pantalón y las bragas y la dejó a mi merced. Mojada y deliciosa. Lamo como si fuera un helado que se está derritiendo, gime en alto y sus manos van a mi cabello, chupo y me embriagado con sus jugos. Chupo su clítoris y siento como tiembla sobre mí boca, sus manos tiran con fuerza de mi cabello y sus caderas se mueven cada vez más.
Es tan putamente deliciosa que casi puedo imaginar que sabrá justo así cuando tenga parte de ella en mi plato. Toma mis manos y las entrelaza con las suyas, sus gemidos se vuelven gritos, hasta que siento como se corre en mi boca. Es un elixir, no se compara a algo que antes haya probado.
Limpió la comisura de mi boca, me quitó el pantalón y veo como su mirada se oscurece cuando quedó desnudo ante ella, mi erección robota en mi vientre, se pasa la lengua por sus labios y eso solo me hace perder la pizca de cordura que tenía.
— De rodillas y manos en tu espalda.
Brooklyn acata la orden tan rápido que me hace sonreír. Pequeña traviesa… llevó mi polla a su cara, golpeó sus mejillas con ella y me mira con una sonrisa y una mirada casi angelical, abre la boca y saca la lengua, meto mi polla en su boca y empiezo a follar su preciosa y pecaminosa boca. Nunca pierdo el control de está manera pero Brooklyn… joder, está pequeña diablo me está volviendo loco. Miró cómo sus ojos se llenan de lágrimas, sujeto su cabello y dejó mi polla dentro de su boca, su rostro se pone rojo, pero no deja de mirarme, sostengo su cabeza para que no suelte mi polla y cuando veo su rostro más rojo la suelto, empieza a toser, un hilo de saliva sale de su boca.
Vuelvo a tomarla y la cargó de nuevo, sostengo sus piernas en mis brazos y ella se sostiene de mis hombros, entró en su interior, tan apretada y caliente, es tan deliciosa. Los dos soltamos un gemido cuando nos sentimos unidos, es tan fácil moverla, tiene un cuerpo pequeño, curvas marcadas, tetas grandes y un culo jodidamente delicioso, puedo sostenerla y abrirla a mi gusto como una muñeca de trapo. Sus nalgas golpean mis piernas con cada embestida y sus gemidos se vuelven más fuertes, sus ojos me miran mientras sigo follandola.
Mi control, mi cordura, todo se ve perdido cuando se trata de ella. Dije que me alejaría pero no puedo, simplemente me es imposible mantenerme lejos de algo que ya me pertenece.
Sus uñas se entierran en mis brazos y sus gemidos se vuelven gritos de placer, la obligo a mirarme, quiero verme en sus ojos cuando esté en la cúspide del placer. Grita en medio de la euforia del orgasmo y puedo verme reflejado en su mar azul, me corro en su interior y muerdo su hombro hasta sentir su sabor metálico. Jodido Dios. Es tan deliciosa que me vuelvo a poner duro con el sabor de su sangre en mis labios, deseo tanto verla en un charco de su propia sangre, agonizando y mi reflejo en sus ojos.
Voy al sofá y me siento con ella sobre mi polla.
— Muévete, ricitos, porque si lo hago yo no voy a detenerme hasta verte inconsciente.
Un brillo oscuro ilumina sus ojos… está chiquilla es mi puta perdición.