Capítulo 6

2709 Palabras
París Freddy Observó a Brooke por la mirilla del francotirador, es tan sencillo matarla y acabar el trabajo, pero ¿dónde estaría la diversión en ello? Aunque no sé sí quiera matarla aún, porque en lugar de tener su cuerpo muerto frente a la madre que está abrazando, tengo una maleta hecha, lista para irme a París. Quiero matarla, pero primero quiero consumir todo de ella para que no quede nada y pueda deshacerme de ella, cómo suelo hacerlo siempre. Pero ella es diferente. Sé lo qué tengo que hacer, pero cuando estoy con ella, es cómo si el mundo dejara de existir y sólo estuviera ella, quiero ponerla en una caja de cristal para observarla y protegerla de todo mal. Ella es sólo mía. Y mientras la brisa del viento da en mi rostro, sigo observando a Brooke por la mirilla hasta que sube a su auto, quito el francotirador y lo guardo, bajó del edificio y subo a mi auto, guardo el franco en la cajuela y me voy directo a su casa, esperó a qué ella entré para poder ir a su piso, mi teléfono recibe un mensaje del mexicano, lo ignoró por completo, aun tengo está semana con él antes de que la verdad se sepa. Freddy Winchester volverá a Castlebrook y lo hará con una maldita placa, Comisario del cuerpo de policía, encargado del asesino en serie que una vez ayude a “ahuyentar” y del que Brooke se hará cargo para perfilar. Es posible que me odie, pero no me importa, porque después de qué ella sepa quién soy en verdad, no va a tener ninguna alternativa. Brooke será mía, sin importar nada y pobre de aquel que quiera interferir. Toco la puerta de su piso y escucho como corre a abrir la puerta, en cuanto miró sus ojos y su sonrisa, para mí no existe nada más hermoso qué ella, todo mi ser gira en torno a ella. — Has entrado otras veces y no has forzado la cerradura, ¿por qué no entras así? — Porque ahora estás en casa – entra y mi vista va directo a su culo. La noche que perdí el control fue mi condena y lo único que quiero es volver a hundirme en su delicioso coño, verla extasiada, sin sentido alguno y qué lo único que tenga grabado sea mi nombre. – ¿Estás lista? — Sí qué sí, mamá vendrá a ver al gato todos los días – la veo sacar al menos tres maletas y yo solo llevo una mochila de gimnasio. ¿A dónde coño vamos? ¿No es mejor comprar ropa allá? – Debemos ponerle un nombre. — Tú piensa en ello. — Perfecto, le dejaré una nota a quién quiera venir – la miró frunciendo el ceño y se empezó a reír. – Es broma, le dejó nota a mi madre. — ¿No son muchas maletas? Creí que comprarías ropa allá – dije mientras tomaba sus maletas. — Y lo haré, pero nunca se sabe qué pueda pasar – me sonríe. – Vamos. Subí sus maletas al auto, cuando miró un auto rojo estacionado no muy lejos de nosotros, tenía los vidrios tintados, pero sé qué hay alguien y eso me hace llevar la mano a mi espalda y dar dos pasos en su dirección, el auto arranca el motor y se va. Solo una semana. Abrí la puerta y dejé que entrara, miró de nuevo al auto rojo que desaparece de mi vista al dar la vuelta. — Si te soy sincera odio volar, pero no hay otra forma de llegar a París – comienza a decir mientras enciende la radio. – Está semana es para aliviar estrés y para tomar ciertas decisiones. — Apoyaré todo lo qué decidas y mataré a quién no le parezca bien lo que hagas. Me detengo en una luz roja y en ese momento siento las manos de Brooke en mis mejillas, volteando mi rostro en su dirección y sus labios contra los míos. Todo mi cuerpo recibe una descarga eléctrica, muestras de este tipo nunca las recibí, ni las di, pero sin duda es algo que me gusta, solo de su parte, la tomó de la nuca y profundizo el besó, mezclando mi lengua con la suya, acariciando sus mejillas, muerdo los labios y escucho un pequeño gemido ahogado en nuestros labios. Acarició su cuello y la miró, jadeante y con los labios rojos. Mi polla se pone tan dura que quiero tomarla aquí mismo, pero en cuanto escuchó el primer pitazo me separó de ella y me apresuro a llegar al aeropuerto. Cuando llegamos al aeropuerto sacamos nuestras cosas, le ayudé con todas sus maletas y entramos al aeropuerto, siento el control en mi bolsillo y espero abordar el avión antes de hacer volar el auto, si el mexicano está siguiendo que hago y que no, no le dejaré acercarse al auto. Dejamos todo nuestro equipaje, excepto mi mochila y la que Brooke tiene, miró cómo varios hombres la miran y eso enciende mi sangre, así que la sujeto de la mano, la tomó por sorpresa pero no dice nada, la llevó así hasta que abordamos el avión. Observó a cada pasajero cuando subimos al avión, ningún rostro conocido hasta ahora, Brooke se sienta junto a la ventanilla y yo a su lado, si algo pasa será más fácil actuar de alguna forma. Nos abrochamos los cinturones y me aseguro que el de ella está bien sujeto, no hemos hablado prácticamente más para decir sobre que vuelo es el que nos toca y nuestros lugares. Cuando cierran la puerta veo a Brooke un poco nerviosa, así qué pongo mi mano sobre el antebrazo de nuestro asiento y Brooke frunce el ceño, muevo los dedos y entonces toma mi mano, la entrelaza con la mía y veo cómo sus nervios se aligeran un poco. El avión comienza a moverse, tomó su mentón y la besó, disfruto de sus labios y de la sensación de tenerlos sobre los míos, de saber que soy el único que puede ponerla así y qué nadie en este puto avión puede tenerla más que yo. Cuando el avión ya está en el cielo, separó nuestros labios, le doy un besó en la frente y acarició su mejilla. Tengo la maldita sensación de qué alguien en este avión está aquí por nosotros, pero no pienso recorrer el avión y dejarla sola es lo peor que puedo hacer. Veo qué empieza a sacar una libreta de dibujar y un lápiz y me mira con una sonrisa. — Es algo que me gusta hacer en cada vuelo, puedes pedir lo que quieras o escuchar lo que quieras, estaré bastante ocupada. — Bien. Pido algunos snacks de queso y finjo estar escuchando música cuando estoy alerta a todo, cada persona que se levanta, las azafatas que pasan a nuestro lado. Estoy alerta a todo, Brooke se detiene por algunos momentos para pedir algo y comer, estirar las piernas y seguir, cuando veo qué empieza a oscurecer miró a Brooke y entonces me fijo en lo qué ha estado dibujando y mi pulso se vuelve irregular. Soy yo. Trazado en un lienzo. Miró a Brooke y tiene una sonrisa tímida, creí qué estaba dibujando algo más, pero era a mí. — Aún no está terminado. — Es increíble Brooke – digo sin dejar de mirar lo que sus dedos pueden hacer. — Bueno quería dibujar lo más precioso de este vuelo – la vuelvo a mirar, ese iris azul brillando en la oscuridad como estrellas. Acarició su mentón y la besó, sin prisa, solo disfrutando de sus labios. – Pero lo acabaré cuando lleguemos, tengo sueño. — Duerme – susurró. Brooke guarda sus cosas y se acomoda para dormir, yo nunca he podido dormir en un avión y menos sabiendo que alguien aquí nos puede matar durmiendo. En algún momento Brooke se recarga en mí y se duerme, quito los mechones de cabello de sus ojos y observó su angelical rostro, de no haberla visto con mis propios ojos, diría que Armando estaba loco cuando dijo que este rostro dulce y angelical acabó con una de las mafias más poderosas, es solo una demonio disfrazado de ángel y eso es lo que adoro de ella. Brooke París. Tenemos la vista a la Torre Eiffel desde nuestra habitación… bueno mi habitación, aunque no planeo dormir sola. Kain está mirando toda suite de lujo, yo me recargo en el marco de la puerta y lo miró, parece un ángel de la Muerte en medio de tanto color claro, me muerdo el labio, su mirada encuentra la mía, le sonrió y viene caminando a mí, una pantera acercando a su presa. Cuando lo tengo de frente, subo la mirada y miró sus pozos oscuros, profundos, que me llevan hasta el límite. Me toma de la cintura y me pega a él, su mano toma mi mentón, mi pulso se dispara, se inclina y besa mis labios con desespero y dominio. Mi cuerpo completo responde a él cuando me pega a la pared, muevo mis caderas, queriendo más, se separa de mí y en sus ojos puedo ver una lucha interna, ceder o no ante el pecado, saltó sobre él, rodeándolo con mis piernas, él me sujeta, besó su mejilla y me acercó a su oído, muerdo su lobulo y sonrió cuando lo escucho gruñir. — Te necesito dentro de mí o voy a volverme loca. Refriego mi pelvis contra la suya, su agarre en mis piernas se vuelve más fuerte, siento cómo inhala en mi cuello y eso me hace jadear. — Si pierdo el control una vez más contigo estaré perdido. — Todos estamos perdidos – tomó su rostro y lo obligó a mirarme. – Me quemaré en el infierno y tú igual, ¿por qué no arder juntos? – pasó mi lengua por su mejilla y eso lo hizo gruñir de nuevo. – Deseas tanto follarme de nuevo – vuelvo a frotarme contra él. – Follame y pierde el control en mí. Me besa con furia, me lleva hasta la cama y me arranca la ropa, tiene una mirada oscura, se saca el cinturón y jadeo cuando se sube sobre mí y ata mis manos sobre mi cabeza. — Se buena chica – susurra a mi oído. Su voz ronca me provoca un escalofrío en todo el cuerpo, me quita el resto de la ropa y quedó desnuda ante él. Lo veo morder su labio y siendo como me recorre con su mirada, me estremezco al saber qué este puede ser su verdadero rostro, se empezó a quitar la ropa frente a mí. Es un dominante. Libera su polla que toma en sus manos y la frota mientras me mira, tragó saliva, se está masturbando con solo mirarme. Mi respiración se vuelve cortada. Se acerca a mí, pasa su glande por mi coño, como si mojara un pincel en la pintura, jadeo sintiendo como mi coño está en llamas, su mirada está llena de lujuria y peligro, siento como entra en mi interior, trató de tirar de mis manos pero no puedo, gimo y ladeo la cabeza. — Mírame – ordena y lo hago. – Mira quién te está follando. Pone su mano en mi cuello mientras que con la otra empieza a frotar mi clítoris, mis gemidos se vuelven más fuertes así como la presión de su mano en mi cuello, la falta de oxígeno mientras él me sigue penetrando me gusta. Es cómo si todos tus demás sentidos se agudizaran y cada sensación de placer aumentará por cien. El sonido de nuestros cuerpos chocar, su mano masturbandome y con la otra asfixiandome me está llevando al límite. Pasa su lengua por mis labios y me escupe en la boca. El orgasmo me invade y lo siento como una descarga de adrenalina cuando me corro tan fuerte que me quedo sin fuerza, suelta mi cuello y puedo empiezo a toser mientras trató de recuperar el aliento. Suelta mis manos bruscamente y me pone boca abajo, levanta mi culo y lo azota con fuerza. Cierro los ojos y siento como entra en mí de nuevo. Apenas sí puedo mantenerme de rodillas, otro azote más fuerte, una de sus manos presiona mi cabeza contra la almohada con fuerza mientras me sigue dando duro y sin sentido. Pone mis manos detrás de mí y vuelve a azotarme, lo escucho gemir. Maldita sea. Sus gemidos son tan excitantes, tan calientes, podría correrme con tan solo escucharlo y entonces siento como se corre en mi interior. Me suelta y sale de mí, siento como escurre con mis piernas y nalgas, me desplomo en la cama, siento que el corazón se me va a salir, no puedo controlar mi respiración. Quiero más. Necesito más de está mierda. Pero no ahora, solo quiero dormir. Cuando despierto veo a Kain dormido a mi lado, tiene pecas, una cicatriz que abarca sus labios y casi su mentón, otra en su ceja muy cerca de su ojo, pudo haberlo perdido si hubiera llegado más abajo. Muerdo mi labio. Su cabello n***o tiene algunas canas prematuras, porque no siento que sea muy mayor. Largas pestañas, dos lunares, uno en la ceja derecha y otro en la mejilla. Se ven lindos. Quiero poner cada detalle en mi dibujo. Abre los ojos y me mira, mis mejillas se encienden y lo veo sonreír, apartó la mirada pero no me lo permite cuando toma mi mentón y me hace mirarlo de nuevo. — ¿Puedes caminar? – dijo en tono burlón aunque esté serio, pongo los ojos en blanco. — Si puedo. — Bueno, date una ducha porque quiero ir a la cafetería que está pasando la calle. Se levanta y puedo ver de nuevo su tatuaje, le quedó precioso, le faltaban las flores para que fuera perfecto. Miró su trasero y muerdo mi labio, quiero apretarlo mientras me folla, si es que me deja. Me levantó y siento una punzada, hijo de perra, no hago ningún gesto solo lo dejó pasar y voy al baño a darme una ducha. Cuando terminó de vestirme no puedo controlar las mariposas en mi estomago, somos él y yo, sin nadie más, no reglas, no escondernos, me gusta y sé qué está semana será la mejor de todas. Salgo de la habitación y lo veo sentado en el sofá, vestido de n***o, se ve jodidamente bueno, su mirada se encuentra con la mía y me recorre por completo, una sonrisa se le forma en los labios y se acerca a mí, tomandome de la cintura. — Quieres que asesine a alguien hoy, ¿verdad? — ¿Por qué lo dices? – sonrió y siento como me aprieta a él. — Porque luciendo así, harás que cualquier hombre y mujer miren lo qué es mío. Me derrito por completo cuando escucho qué soy suya. — Tal vez – susurró. – He visto que haces cosas interesantes con los cuerpos que te dejó – sonrió pasando mis manos por sus bíceps, siento su respiración irregular. – Me excitaría ver cómo lo haces. — Portate bien – susurra a mi labios y me da un besó. – Vámonos, tengo hambre. Entrelaza nuestras manos y cuando veo nuestro reflejo en el ascensor no puedo evitar sonreír más, él de n***o y yo de rosa, el yin y el yang, perfectamente equilibrados. Dos chicas suben al ascensor y es inevitable no pasarlas por alto, parecen modelos y sus miradas no se apartan del hombre que tengo de la mano. Aprieto su mano y me pegó más a él, es cuando sus miradas bajan a nuestras manos, sueltan un suspiró y miran al frente. Las puertas se abren y salimos, no sin antes darles una mirada asesina a las mujeres, escucho al risa de Kain a mi lado y lo miró. — Quisquillosa. — ¿Yo? Alguien acaba de decir que asesinara a quién me miré, pues debo decir que yo haré lo mismo – hablo cuando cruzamos la calle. — Hazlo – me mira cuando me abre la puerta de la cafetería. – Quiero ver ese rosa teñido de sangre, de nuevo. Asesina a quién quieras, ricitos. Él siempre será mi coartada.
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