El precio de estar contigo
Brooke
Estamos aquí. Primera final, con muchos famosos y yo de la mano de un hombre que tiene vibras de ser mafioso y empresario multimillonario, no dijo nada sobre la ropa que le escogí para ponerse, después de haber ido a siete tiendas de ropa me di cuenta de que cualquier cosa que se ponga mi hombre le quedará jodidamente bien. Yo tengo un traje blanco, elegante, sin blusa, mostrando los tatuajes que tengo entre los pechos, los camarógrafos empiezan a enfocar quienes están en primera fila, yo volteo a mirar a Kain quién hace justo lo mismo, acaricia mi mentón justo en el momento que las cámaras pasan. Mi pulso se dispara, me es inevitable no emocionarme.
La primera colección es de Dior, me encanta ver todo lo nuevo que pueden crear y por un momento fantaseo con qué pueda hacer algo así. Siento cómo Kain suelta mi mano y lo miró, desliza su mano por mi cintura y me acerca más a él, mientras mira fugazmente las modelos que pasan con los diseños.
— Acabo de tener una visión, Brooklyn alias Ricitos – me provoca una risita. – Presentando su colección de otoño invierno 2025, aquí mismo, yo estaría en primera fila, obviamente.
— Estás loco – susurró mientras sigo mirando las modelos pasar.
— Eso no te lo niego – niego con una sonrisa, aprieta su agarre en mi cintura y me hace mirarlo de nuevo. – Hablo enserio Brooklyn – escuchar mi nombre salir de su boca me provoca un escalofrío que hace ponerme la espalda recta. – Puedes lograr esto, a mí me has sorprendido muchas veces – acaricia mi cintura. – Quiero que uses lo que tienes en está cabeza y en lugar de estarme dibujando a escondidas, lo hagas en algo así – mis mejillas se encienden, él sonríe y aprieta mi mejilla antes de volver la vista a las modelos.
Observó al hombre que tengo a mi lado, está acariciando mi cintura, mientras mira las modelos pasar, me acercó y le doy un rápido beso en la mejilla.
— Lo intentaré, pero eso no significa que te deje de dibujar.
— Pequeña diablo – susurra con una sonrisa.
La forma en la que lo dijo, estremece todo mi cuerpo. Mi vista vuelve a la pasarela, Horacio me envía mensajes sobre qué tal está la semana de la moda y le respondo que la pasó de maravilla. Entramos al after party y Kain no se separa de mí, tomando mi mano con fuerza como si me fuera a perder, pero lo noto inquieto e intranquilo. Así que mejor nos vamos y damos un breve paseo por París, en silencio, tomados de la mano, caminando como si fuéramos una pareja normal, hasta que se detiene en un restaurante, no dice nada solo entramos y el mesero nos lleva hasta una mesa, veo el nombre de Freddy en la mesa pero no presto atención a ello.
— Es un lindo lugar – digo cuando el mesero trae una botella de vino sin pedirla. Le muestra a Kain y este asiente, entonces todo empieza a cuadrar. Sonrió y miró cómo el mesero nos dejaba la botella. – Ya tenías esto planeado.
— Eres lista, ricitos – sonrió y toma su copa de vino. – Me parecía justo hacer esto, una primera cita.
Sonrió, sintiendo el revoloteo en mi estómago y el rápido latido de mi corazón. Tomó la copa y lo miró.
— Creí qué nuestra primera cita fue cuando comimos hamburguesas.
— Bueno, la primera cita normal – inclina su copa. – Sin sangre o cuerpos de por medio – sonríe mirándome. – Finjamos que somos normales una noche.
Chocamos nuestras copas, le doy un sorbo al mío, las notas amargas y dulces son perfectas y el color me hace sonreír. Sangre.
— ¿No somos normales? – digo mientras tomó la carta.
— Tú y yo no pertenecemos a la sociedad – me quita la carta de la mano y se junta a mí. – Somos de los que tomamos lo que queremos sin importar nada, de los que derramamos sangre, de los que les gustan las cosas a su manera – toma mi mentón. – De los que asesinan sin remordimiento – susurra sobre mis labios antes de besarme. – Y eso es algo que me encanta de ti, cubierta de sangre y aún tener un rostro angelical.
Jadeo. Quiero besarlo de nuevo, pero se separa de mí. No puede decir eso y retirarse, quiero que lo diga de nuevo y me folle, sin piedad, sin sentido. Quiero asesinar a alguien y verlo descuartizar el cuerpo, quiero que me folle cubierto de sangre, quiero… el mesero regresa y pone platos sobre la mesa. Supongo que por eso me quito la carta.
Kain se mueve de nuevo y se sienta a mi lado, toma el tenedor y lo veo tomar algo del platillo que tengo frente, ni siquiera sé qué es pero huele delicioso.
— ¿Qué haces? – susurró.
— Te voy a alimentar, abre la boca.
La boca me saliva. La forma en la que dice que me va a alimentar causa la misma reacción, toda la sangre se centra en un solo lugar, mi polla. Abrí la boca, no aparté la mirada de él, mientras qué él tenía la vista en mi boca, mientras me alimentaba. Pasa la lengua por sus labios cuando empiezo a masticar.
— ¿Qué tal sabe?
— Delicioso.
Sonríe y ahora toma una parte para él. Miró como su lengua toca la comida antes de que llegue a su boca, como cierra sus labios y empieza a masticar, vuelvo a mirarlo, justo cuando él vuelve a llevar comida a mi boca.
Nunca creí que comer fuera un acto que me excitara demasiado.
Terminamos la comida, tomé mi copa de vino y traté de calmar mi agitado corazón, pero es inevitable cuando él empezar a hacer lo mismo que aquel día. Trazar las venas de mis manos, de mi antebrazo. Su toque es como fuego y yo soy la pólvora, todo mi cuerpo tiembla ante su tacto, vuelvo a darle un trago a mi vino.
— Nunca pregunte si estabas soltera.
— Nunca fue relevante eso – sonrió un poco. Sebastian viene a mi mente de inmediato. – ¿Por qué quieres saberlo? ¿Qué pasa si no estoy soltera?
Se detiene justo en mi muñeca y mi pulso se acelera de nuevo, él puede sentirlo, su mirada se dirige a mí de nuevo. Ahí está el cazador y yo la presa, siendo capturada en sus ojos.
— Esperar que no le tengas mucho cariño, porque lo descuartizare – sonrió mirándolo, muerdo mi labio y suspiro. – ¿Estás soltera?
— Lo estoy, aunque, me hubiera gustado ver eso – reanuda sus caricias en mis venas.
— ¿Quieres verme matar?
— Puedo matarlo yo, quiero ver cómo haces tu trabajo – susurró, sintiéndome un poco cohibida.
— Entonces hazlo, sí quieres aquí mismo – el mesero se acerca y ahora trae una bandeja de postres. – No me importaría ensuciar el traje con tal de que veas lo que hago.
Toma un pedazo de pastel de chocolate y lo lleva a mi boca, mancha mis labios cuando mete el pastel, se acerca y siento su lengua pasando por mis labios. Cierro los ojos un momento. Dios Santo. El chocolate se derrite en mi boca y yo aún puedo sentir la sensación de su lengua en mis labios.
La voz en mi cabeza me hace empezar a mirar el restaurante. No puedo matar a nadie aquí, no son muchas personas pero de todas formas son varias.
Sonrió al escuchar esa voz. Miró a Kain que tiene una sonrisa perversa. Tomó el cuchillo y veo el sacacorchos, lo tomó igual y me levantó.
— Iré al sanitario, no tardaré.
— Descuida amor – lo veo comer un pedazo de pastel. – Aquí estaré esperando.
Veo entrar a un hombre con un elegante traje n***o, admito qué es guapo, tiene marca de anillo en su dedo pero no lo tiene, o le está siendo infiel a su mujer o enviudo, aunque por el rostro que tiene y esa mirada, debe estar en la mesa con alguna joven, firme y mejor que su esposa. Entré al baño y me aseguro de ser solo nosotros, cierro la puerta y esperó a que salga del baño.
Ahora escucho una risa en mi cabeza. En París, nadie me conoce y en un año nadie recordará esto. La puerta se abre y lo veo salir, se me forma una enorme sonrisa y me acercó a él… de pronto recuerdos vienen a mi cabeza, asesinatos brutales y todos firmados con la carta del Joker. Mis vista se llega a nublar un poco y es como si estuviera viendo todo como una película, mis manos están apuñalando al hombre, tiene el sacacorchos en su cuello y lo estoy apuñalando múltiples veces con el cuchillo mientras me rió, pero no es mi risa, es la risa que escucho en mi cabeza.
Todo vuelve en mí cuando escucho que tocan la puerta. Puedo mover mis manos y lo veo todo, el cuchillo está dentro del hombre, así que lo sacó y voy a abrir la puerta, veo a Kain y está manchado de sangre, sus manos tienen guantes y en sus manos tiene un arma con un silenciador.
— Parece que te divertiste, ricitos – sonríe al ver el cuerpo.
— Y tú igual – señaló las manchas de sangre en su camisa.
— No ibas a ser el único en divertirte – toma mi mentón y me besa. – Tienes que probar el postre de nuez, es delicioso – habla mientras toma mi mano.
— No puedo comer nuez, soy alérgica.
— Lamentable, entonces seguirás con el resto de postres.
Hay silencio, solo se escucha la música pero no hay bullicio, cubiertos chocando con platos, nada, ni en la cocina, el letrero dice cerrado por reservación especial y entonces veo a todos los comensales muertos, una sonrisa tira de mis labios.
— Ahora sí qué es una cena privada – me rió y me siento mirando los postres. – ¿Cuál es el de nuez?
— Este – dijo Kain tomando el postre para él. – No es tan divertido cómo lo haces tú, pero algo tenía que hacer – me vuelvo a reír y él también se ríe, me encanta cuando se ríe. – Vivir contigo es toda una aventura.
— Y lo que falta – salen las palabras de mi boca sin preverlas, como si alguien más hubiera hablado por mí.
Hay fresas con chocolate, empiezo a comerlo cuando empieza una canción, es Lana del Rey, Young and Beautiful. Lo miró con emoción, frunce el ceño y me levantó.
— Baila conmigo, es mi canción favorita.
Un brillo ilumina sus ojos, toma mi mano y se pone de pie, vamos directo al centro y empezamos a bailar, mientras yo canto la canción. Él me tomó de la cadera y me pegó a su cuerpo mientras nos balanceamos, él me mira cómo si fuera el centro del mundo, lo único que existe y me gusta que me miré así, y ser la única a la que mira así. Me da una vuelta y entrelaza nuestras manos.
No quiero que esto se acabe nunca, quiero vivir este sueño para siempre, solo él y yo, en un lugar dónde nadie nos conoce y dónde no tengo que fingir nada. Puedo hacer lo que quiera y ser quién realmente soy, sin máscaras, sin engaños, sin nada de por medio.
Me tomó del mentón y me besa, no es un besó dulce, es un reclamo, me levanta de las piernas y me pone contra alguna mesa mientras me empieza a desvestir, los dos tan urgidos por el otro, la adrenalina corriendo por nuestro sistema, incendiando nuestros cuerpos en un fuego en el que ambos nos quemamos.
Entra en mí, duro y profundo, gime y gruñe cada vez que me penetra. Muerdo su hombro y arañó sus grandes brazos mientras me sostiene con fuerza, es mío, solo mío y esto es nuestro. Todo lo de la mesa cae, aprieta mis nalgas y me sigue cogiendo con fuerza, sin piedad, aprieta mi cuello y lame mis labios, mis gemidos resuenan por todo el establecimiento lleno de muertos, sonrió extasiado, dejándome llevar por el orgasmo que me deja temblando y llena de él.
— Te enseñaré cómo hago mi trabajo, pequeña diablo.
Acomodo mi ropa, tomó una copa de vino y veo como trae al tipo que maté, pudo tomar a cualquier otro pero trajo el que yo maté. Lo deja caer como costal de papas, lo veo sacar cuchillos que supongo robo de la cocina.
— Será un poco grotesco con esto, porque no tengo mis herramientas, pero haré algo lindo para ti.
Esas palabras hacen latir mi corazón, mientras me como una fresa bañada en chocolate observo todo lo que hace, escuchó el grotesco sonido de como corta los pedazos, como separa las costilla, suelto un suspiró y meto otra fresa a mi boca. Me bebo otra copa de vino, realmente es tardado esto, tomó otro postre y algo me hace sospechar que la bandeja de postres la pidió para esto.
— Terminé, no es tan artístico como lo que haces tú – suspiró y me acerqué. – Pero es algo.
Tiene todo el pecho abierto, tiene el corazón en sus manos que tiene atadas con su propia corbata, lo miró un segundo y sonrió sabiendo el significado, estuve estudiando el caso cuando él estaba dormido o entretenido con otras cosas. Una muestra de amor, no de Kain o del hombre qué es realmente, es una muestra de amor al lado qué solo él conoce, mi lado oscuro, esto es la mayor muestra de amor que alguien me ha hecho.
— ¿Qué significa el corazón?
— Sabes que significa, pequeña diablo – me tomó de la cadera y me pega a su cuerpo, puedo sentir lo duro que está de nuevo.
— Quiero escucharlo – jadeo cuando siento sus manos mojadas de sangre en mi piel.
— Mi corazón es tuyo – susurra a mis labios.
Me besa y sonríe, mi corazón fue suyo desde qué me dio aquel terrón de azúcar…
Freddy
Mi teléfono comienza a sonar. Brooke está dormida en mis brazos, la semana de la moda ya terminó y hoy partimos a casa, ayer compramos muchísimas cosas, pero valió la pena cuando me dejó entrar al probador de ropa. La noticia del restaurante quemado no hizo tanto revuelo, pero pronto lo hará cuando sepan que había muchos cuerpos ahí.
— ¿Qué? – susurró sin separarme de Brooke.
— ¿Estabas dormido?
— Algo así, ¿qué pasa Collins?
— Confirmo que si vas a venir, te necesitaré antes de que Brooke regrese.
— ¿Quién? – me hago el loco.
— La chica a la que le pediré una segunda oportunidad, quiero presentartela como mi novia – casi me hace reír. – También estará involucrada en el caso, así qué quiero que se lleven bien.
Nos llevamos más que bien. Acarició la espalda de Brooke y está ni se inmuta, sigue profundamente dormida.
— Sí tú lo dices – suspiró. – Te llamaré cuando llegue.
— Perfecto.
Pongo el teléfono junto a la cama y veo a Brooke que parece empezar a despertar, me encanta verla cuando despierta, parece tan inocente e inofensiva. Acaricio su rostro y le doy un corto beso en los labios.
— Buen día ricitos.
— Hola – sonríe y se acurruca en mis brazos. – ¿Qué hora es?
— Las 9:00, aún tenemos tiempo para desayunar en la cafetería que me gustó, comprar algo para el camino e irnos, el vuelo sale en seis horas.
— Está bien – susurra y se mueve de mi lado. No me gusta que se aleje. – Último día en París – dijo triste.
— ¿Qué pasa, ricitos? – preguntó atrayéndola a mí de nuevo. – Habla conmigo.
— Es qué… después de esto ya no estarás conmigo, no despertaré en tus brazos y nada – susurró bajando la mirada.
Me hace reír. Sí supiera todos los planes que tengo, solo tiene una semana libre, tal vez menos qué eso, ella no volverá a estar sin mí. Nunca.
— Yo estaré contigo siempre, ricitos – tomó su mentón y secó la lágrima que desciende por su mejilla. – Te prometo que serán solo unos días separados y después, cada que despiertes estarás a mi lado, sin importar nada.
— ¿Lo prometes?
— Lo prometo – le doy un besó. – Ahora, levanta tu lindo culo y vamos a desayunar.
Sé qué alguien nos ha estado siguiendo, pero nunca supe quién, mientras nos dirigimos al aeropuerto un sentimiento de qué las cosas se van a poner jodidas no se va. Sostengo con fuerza la mano de Brooke y sigo mirando a todos lados, siendo precavido, nuestras maletas se registran y me doy cuenta de que el vuelo se adelantó veinte minutos. Sin soltar la mano de Brooke entramos al avión, no son muchos pasajeros, pero reconozco a la mayoría de ellos. Sicarios. Estaba esperando este momento, pero nunca creí que iban a tomar el puto avión.
Nos sentamos juntos, ella al lado de la ventanilla, yo tomé mi teléfono y revisé las alertas de asesinatos con mayores pagos. Mi sangre se calienta cuando veo lo que ocurre. No es Brooklyn la que está fichada, soy yo. Hijos de puta.
15 millones por mi cabeza, una jugosa recompensa para quién quiera tomarla y subirá entre más pase el tiempo. Desgraciados cabrones.
No quiero hacer esto, pero si no quiero adelantar del todo mis planes con Brooke tengo que dormirla. Tomó su agua y mientras ella busca sus audífonos, yo le pongo la droga. La necesito de este modo para poder eliminar a todos y hacerme cargo del maldito avión.
— Bebe esto antes de que despeguemos, ricitos.
— Sí tienes razón, la última vez tuve mucha sed – se bebió casi la mitad de la botella. – Me la pase muy bien.
— Yo también – la miró con una sonrisa. – Espero que el siguiente año presentes tu colección.
— Y sigues con eso.
— Seguiré con eso hasta que te vea ahí – le doy un besó y me doy cuenta de que hasta las azafatas son sicarios.
Su teléfono vibra y miró quién le llama, es un mensaje. Ver el nombre de Sebastian calienta aún más mi sangre, miró de reojo lo que le a escrito.
> Buen viaje Brooke, espero verte pronto, quiero hablar contigo y arreglar las cosas. Te amo, tuyo Sebas…<
Respiro entrecortado, voy a disfrutar matando a estos hijos de perra. Brooke solo le responde un “gracias, te veré pronto” apaga el teléfono y suelta un suspiró. No Sebastian, no tendrás a alguien que ya es mía.
— Tengo algunas cosas que resolver – empiezo a hablar y me mira. – Pero cuando termine, te prometo que seré solo tuya.
— Eso me gusta – sonríe y se inclina para besarme. – Yo también tengo cosas que resolver.
— ¿Ha servido el viaje para que decidas qué hacer? – asiente con la cabeza antes de bostezar.
— Mucho – acaricia mi mejilla.
Sujetó su mano y ella aprieta mi mano, se recarga en mi hombro y poco antes de qué despeguemos, ya está dormida en mi hombro. Cuando estamos en el aire, me aseguro de que Brooke está bien y espero el movimiento de alguno, siempre mirando a todos lados. La mitad del viaje ha pasado como cualquier vuelo normal, cuando se activa la alerta de abrocharse los cinturones, sé qué aquí empieza la fiesta.
Dos se levantan y vienen en dirección a mí, otros por detrás hacen lo mismo. Miró a Brooke y suelto un suspiró, no la maté, este es el precio. Me levantó y empiezo a pelear con ellos, uno saca una navaja y otro una jeringa de metal. Le rompo el cuello a uno, dos me logran sostener y me impulso para patear a los que vienen de frente, golpeó a uno que tengo detrás de mí, muerdo su yugular y le arrancó la piel, el chorro de sangre empieza a salir, le rompo el cuello al otro y tomó su navaja, le clavó la navaja en la entrepierna al que trae la jeringa y se la clavó en el pecho.
Las azafatas salen para hacer su trabajo, ellas traen armas, mierda, mierda, cada vez me estoy alejando más de Brooke y cualquiera va querer tomarla. Me vuelven a someter, pero me logro safar de uno cuando, veo que una azafata que estaba por dispararme cuando cae al piso cubierta de su sangre.
Brooklyn está detrás de ella, sosteniendo una navaja cubierta de sangre. Sonrió mirándola, dos quieren ir sobre ella, tomó está ventaja para matar a los que tengo detrás y agarrar a los que van por ella, les disparó en el pecho y me pongo frente a Brooklyn. No dice nada. Mientras yo me deshago de los que tengo frente a mí, escucho detrás de mí cómo caen otros.
De pronto alguien me toma del cuello, Brooklyn me mira con horror, y yo trato de zafarme del agarre pero es demasiado fuerte, la veo tomar el arma. Está temblando, joder, no sabe usar las armas de fuego. Ella la sujeta con fuerza pero sigue temblando y apenas logra apuntar bien cuando dispara, golpeó al tipo que tengo detrás de mí y terminó matándolo. Me acercó a Brooke que suelta el arma, tomó su rostro y ella hace lo mismo conmigo.
— ¿Qué pasó? ¿Quienes eran ellos? ¿Estás bien?
— Lo estoy, tranquila – me abraza y aspira mi aroma. – Quédate aquí, tengo que buscarte algo dulce y ver a los pilotos.
Pero claro no se separa de mí, sujeta mi mano con fuerza, pero al mismo tiempo está al tanto de todo. Encuentro un chocolate y se lo doy, la adrenalina está bajando, los pilotos no van a salir y dejar caer el avión, pero aún así, nos quedamos cerca de la cabina, sí quieren hacernos algo primero van a aterrizar el avión y luego los mataré.
— ¿Venían por mí? – susurra.
— No, es por mí – la miró un momento. – No soy un tipo bueno.
— No creí que fueras un santo – dijo y sonreí, creo que ya está mejor.
— No sabes disparar pero sabes matar, eso es curioso.
— Irónico ¿no? – sonríe. – ¿Qué pasará ahora?
— No iremos al aeropuerto, ellos deben tener órdenes, pero haré que cambien esas órdenes.
— Nuestro equipaje – susurra preocupada y casi me hace reír que se preocupe más por lo que hemos comprado que por quienes trataron de matarnos.
— Lo bajaremos, descuida – acarició su mentón y me siento a su lado.
Espero ver algo más que azul, cuando me acercó a la cabina con el arma, Brooke está comiéndose otro chocolate, toco la puerta y el copiloto la abre. Al ver el arma levanta las manos.
— ¿Cuáles son sus órdenes?
— Dejarte en Chicago.
— Aterricen ahora, no me importa dónde.
— No lo haremos – el piloto saca el arma y Brooke se pone detrás de mí. – Vas a morir Freddy, no hiciste el trabajo que debías.
Trató de disparar con mi arma pero no puedo, entonces escucho que quita el seguro y dos disparos resuenan, no de su lado, sino detrás de mí, Brooke le acaba de disparar al piloto, el copiloto le apunta a ella, pero le rompo el cuello antes de que pueda hacerle algo.
— Lo mate – susurra.
— Ricitos no es la primera vez que lo haces.
— ¡Pero es el piloto!
— Sé pilotar – suspiró y le tomó la mano para que se sentara junto a mí. – Relájate, no pasará nada.
— ¿Cómo sabes pilotar?
— Aprendí a hacerlo – le sonrió pero está vez está más asustada como para voltearme los ojos. – Brooke, estaremos bien – suspiró y en verdad me abofeteó por la cursilería que diré. – ¿Te gusto?
— ¿Qué? – me mira.
— Lo escuchaste – dije mientras empiezo a mirar dónde aterrizar esto.
— Yo…
¿Está dudando?
— Sí o no – la miró está vez.
— Obvio sí, no sé quién eres, aunque escuche que tu nombre es Freddy ¿es real?
No debía saberlo hasta que nos presentarán en comisaría, pero todo se está saliendo de mis putos planes.
— Sí.
— Me gustaba más Kain.
— Pero te gusto ¿no?
Sí me dice que no es porque aún siente algo por el pendejo de Collins y no me importara matarlo con tal de qué solo tenga ojos para mí. Porque soy solo yo a quién deba tener y gustar.
— ¡Qué sí! ¡Me gustas Freddy! Pero no me quiero morir así.
La satisfacción me hace sonreír. Pronto se lo podré restregar en la cara a Collins, que fui yo quién la llama su chica y no él.
— Te gusto – le sonrió y veo el lugar para aterrizar.
— ¿Solo eso te importa? – me mira y ahora si pone los ojos en blanco cuando me ve sonreír. – Idiota.
— Pero soy tu idiota – le doy un guiño. – Sujetate, aterrizare.
El grito de Brooklyn me hace creer que el lugar es pésimo. Pero no había otro lugar más que el sembradío de alguien. Es de noche así que no creo que vengan rápido. La tomó de la mano y bajamos nuestras cosas después de buscarlas, pero sigue callada, muy callada y ya me preocupo, así qué tomó su rostro y la miró.
— Estamos bien Brooke, relájate.
— Me voy a desmayar.
— No, no, Brooklyn… – la sostengo en mis brazos antes de que caiga. Joder. Ahora que putas hago.
No la maté, este es el resultado de todo. Pero no me arrepiento, tomaría la decisión una y otra vez con tal de tenerla.