En los límites del Cielo y el Infierno
Brooke
Despierto de golpe. En mi cama.
¿Qué demonios?
No hay nadie a mi lado, pero lo hubo, el gato está sobre mi cama y salgo de mi habitación para buscarlo, pero no está. No hay notas está vez. Mi pulso se dispara y voy directo a la televisión para mirar las noticias, un avión aterrizando en un pastizal no es para nada común, pero no hay nada. Busco en mi teléfono, pero tampoco hay nada. Todo esto me aturde más qué el asesinar.
¿Cómo me trajo a casa?
Me caga que sea la misma situación con él, Kain o Freddy, no me importa quién mierda sea. Siempre se va sin decir nada. Pasó una mano por mi rostro y me siento para poder respirar, estoy tomando todo muy aprisa, de pronto su imagen sale en la televisión, subo el volumen y observo todo lo que dicen.
“¿Los rumores serán ciertos? Parece que ha regresado alguien que hace años hizo suspirar a muchas, el modelo, el revisionista y ayudante de la policía, ¿saben de quién habló? Así es Freddy Pirce está de vuelta en Castlebrook, el codiciado Playboy ha regresado ¿será qué siga soltero o nos sorprenderá con la noticia de qué alguien lo ha flechado? Esperamos la exclusiva con él, muy pronto, lo estaremos esperando señor Pirce.”
¿Acaba de darle un guiño? Mi respiración se vuelve pesada y mi sangre espesa. ¿Playboy? ¿Ayudante de policía? ¿Modelo? ¿Qué putas? De pronto el peso de con quién he estado me empieza a abrumar. Poker Face, usa un rostro con la sociedad y su verdadero rostro lo oculta en las tinieblas… justo cómo yo. Mi pulso se dispara, las piezas caen en su lugar ahora, un hombre jodidamente peligroso y con poder aparentemente, lo del avión me lo confirma y esto me deja con demasiadas dudas, pero entonces mi teléfono comienza a sonar y veo el nombre de Kylie. Controlo mi respiración y respondo.
— Hola Baby.
— Brooke, ¿ya volviste?
— Sí – ni yo sé cómo.
— Vale entonces será mejor que vaya a tu casa y te muestre lo que tengo.
— ¿Encontraste algo sobre lo que te pedí?
— Sí y sin duda alguna es muy peligroso – escuchó un suspiró de su parte. – Brooklyn, le pusieron precio a tu cabeza, 23 millones de dólares para quién te asesine, la orden fue enviada hace cinco horas.
— ¿¡Qué!?
— Ahora iré a tu casa, no salgas, yo llegaré en una hora.
Corto la llamada. Me levanté del sofá y miré a todos lados, The Union no se quedaría de brazos cruzados, pero ¿por qué hasta ahora? Algo en mi cabeza da vueltas, a él le dijeron que debían matarlo porque no hizo su trabajo. ¿Se referían a mí? ¿A qué trabajo? Todo se está centrado en el hombre con el que me acuesto. ¿Por qué atraigo este tipo de hombres?
Me siento mareado, no he comido, ni bebido nada, así que voy a la nevera y encuentro un plato con comida y una nota. “Come y bebe, estaré en unas horas contigo, ricitos.” Será cabrón.
Caliento la comida y mi cabeza le da vueltas a mi pasado. Algo por lo que papá tuvo que sacarme… necesito confirmar muchas cosas y solo lo podré hacer como Andrómeda y navegando en la dark web. Tomó el plato de comida, maldigo que cocine tan bien, me siento frente a mi computadora y hago algo que le prometí a Noah Holliday no volver a hacer. Entró en el navegador y comienzo a usar todos los códigos que como Andrómeda tenía, no tardó mucho en estar dentro. Voy directo a la parte de contratos activos y mi corazón se detiene.
Encabezó la lista pero eso no es solo lo que me sorprende, el segundo es él. Freddy Pirce, 15 millones de dólares y el contrato se activó ayer antes de que abordaremos el avión. Por eso se adelantó todo, las piezas van cayendo poco a poco. Pero ¿por qué se activó el mío? Sí el hombre que ha estado conmigo es este tal Freddy, eso significa que primero lo quisieron matar a él para tenerme, pero al no lograrlo, nos enviaron a asesinar a los dos.
Necesito verlo. Pero no debería. ¡Maldita sea! Todo es tan confuso, pero gran parte de mí, quiere verlo. Lo necesito.
Puedo con esto yo solo, me deshice de una mafia yo solo, sicarios que están tras mí es solo un recordatorio de quién fui en el pasado. Puedo solo. Pero lo quiero a él a mi lado, aunque ahora mismo lo deteste. Me acercó a las ventanas y las cierro todas, me quedaré a oscuras pero es mejor así, cierro cada ventana y puerta, tengo un cuchillo de cocina y sé crear bombas caseras, así que quién quiera venir que lo haga.
El gato salta al mostrador y me asusta cuando tira un vaso, empiezo a estar paranoica, debo relajarme. Pensar en mi grandiosa semana en París y las noches que tuve con él, me hace sentir la mujer más amada, pero no sé quién es y eso empieza a pesarme, mi teléfono comienza a sonar y veo que es Sebastian, maldita sea, quiero paz y este hombre no es la definición de ello. Aunque dije que le iba a ayudar, sé qué si no respondo él estará aquí y es lo menos que quiero.
— ¿Qué?
— También me da gusto saber de ti Brooke.
— Sebastian no estoy de humor, ¿qué quieres?
— Mi amigo regresó de Brasil, te lo quiero presentar, pasó por ti en un rato.
— Kylie vendrá, me iré con ella a comisaría, ahí puedes presentarmelo – corto la llamada cuando empiezan a tocar mi puerta.
Sebastian y sus pendejadas. No quiero conocer a su amigo, es solo otro imbécil que pondrá a cuidar mi culo seguramente. Tomó el cuchillo y me acercó a la mirilla, es Kylie, respiró con normalidad y la dejó entrar.
— Vaya que ya empezó la paranoia – dijo al verme con el cuchillo en la mano.
— Me hiciste ser así – me quejó y suspiró. – Ya lo confirme.
— Dios, no me digas que volviste a entrar como Andrómeda – asiento con la cabeza y le muestro el contrato.
Se deja caer en el sillón y lleva la mano a la boca. Al menos pusieron una foto dónde me veo bien.
— Tendré a muchos tras mi culo y no de la forma que quisiera – me rió pero creo que a ella no le hace gracia. – ¿Quién lo sabe?
— Nadie, no quiero provocar un caos, por el momento.
— Mejor – nos sentamos a la mesa y saca lo que le pedí. – ¿Qué encontraste?
— Una persona, registrada como Kain – mi pulso se dispara de nuevo. – Visitó muchas veces a Armando, tiene alguna clase de poder porque siempre que se registraba no había nada en las cámaras. Solo visitó una vez a Yun, a nadie más de The Union, pero curiosamente el día qué dijiste sentirte vigilado, el mismo Kain fue a verlo parece que Armando lo llamó.
Ese día dijo que no estaría, que no matara a nadie… estaba con Armando. Las piezas están cayendo y empiezo a ver el rompecabezas casi terminado.
— Y no es todo, Emilio es el único que ha salido de prisión bajo palabra – extiende la hoja y la tomó. – Sabemos cómo es él y que será el primero en querer reclamar la recompensa.
Muerdo mis labios. No tengo que perder nada aquí, él sabe quién soy realmente, algo que Kylie ha visto muy pocas veces, algo que Kain o Freddy, han visto de primera mano. Sí Kain no me asesinó, Emilio lo hará y ese no dudara en apretar el gatillo.
— Brooklyn ¿qué piensas?
Sin mencionar, que tener a Noah Holliday y Clara Castro metidos en esto… Dios, será un baño de sangre. Me querrán poner en una isla vigilada 24/7, no volveré a tener una vida y lo que me preocupa aún más, no volveré a verlo a él.
— En qué debí quedarme en París y seguir comiendo postres – suspiró y la miró un momento. – No puedes decirle a nadie aún.
— Pero…
— Sabes lo que pasará sí lo dices, no quiero protección a testigos, ni esas mierdas. De por sí no me siento del todo conforme conmigo, ahora con esto será peor, necesito hablar con alguien de esto que me ayudara – o al menos eso espero. – Te llamaré cuando lo tenga resuelto, pero necesito que no le digas a nadie.
— Está bien, pero con la condición de que me quede aquí contigo, no sabes disparar un arma y necesitas alguien que te proteja.
Sí supiera que hace menos de 24 horas dispare un arma, dos veces, las manos aún me tiemblan con el recuerdo del arma disparandose.
— Bien – asiento con la cabeza. – Iremos a la comisaría, Sebastian quiere consultar algo y nos iremos de nuevo.
Me cambio de ropa, miró las maletas sin desempacar aún. Kain puede ser mi salida de esto o mi condena, pero sí él se pone en mi contra, el único al que puedo recurrir es a alguien que se supone que asesine hace tiempo, formare una contienda entre hermanos pero es el único Escobilla confiable. Salimos de mi piso y cuando subo a su auto espero sentir la sensación de que alguien me vigila, pero nada. Más el presentimiento de que algo muy fuerte ocurrirá empieza a crecer en mi pecho.
Salimos de la comisaría, miró a ambos lados y nada, ni siquiera una sombra de qué alguien me quiere asesinar. No esperaba esto de un contrato activo hace cinco horas. Entramos en comisaría y Kylie se va por su lado, mientras yo abordó el ascensor para subir al piso de Collins.
Entre más me acercaba a la oficina de Sebastian siento como sí estuviera en el límite de algún lugar, cómo si al cruzar aquella puerta, algo pasara, algo que cambiará todo. Me siento entre el límite del Cielo y el Infierno, puedo caer con los demonios o descender como un ángel. Algo me espera tras esa puerta y tengo ciertas dudas sobre si quiero cruzar ese límite. Toque la puerta. Al menos quiero ver qué infierno o cielo me espera.
— Adelante.
Abrí la puerta, vi a Sebastian y mi padre riendo con alguien, estaba de espaldas, vestido de n***o, tiene una pistolera en la pierna, pero el aroma amaderado me remonta a la primera noche en el mirador.
Tiene que ser un mal chiste. Por favor, dime que no es cierto lo qué estoy pensando.
— Brooke – sonríe al verme. – Te ves bien – se acerca a mí y me toma por sorpresa el beso que cae en mi mejilla. – París siempre te sienta bien.
— ¿Qué pasa Sebastian? – susurró cuando no se separa de mí a pesar de que estoy retrocediendo.
— Te presentó al nuevo comisario y quién te ayudará con el caso del asesino – el hombre se da vuelta y me doy cuenta de que estoy en el límite del infierno. Mi pulso se dispara, la respiración se me entrecorta. – Y también mi mejor amigo, Freddy Pirce, ella es Brooklyn, de quién te he hablado.
¿Comisario? ¿Asesino? ¿Doble cara? Ni siquiera pestañeó cuando extiende su mano, pero me recupero rápido, papá me conoce bien y no quiero que sospeche nada.
— Brooklyn – me mira, esos pozos profundos que ahora me están ahogando. – Es un placer.
Extiende su mano enguantada. Hace menos de 24 horas me estaba follando y ahora finge no conocerme. Estrecho su mano, nunca me di cuenta de lo pequeña que es mi mano con la suya. Aprieta mi mano y una corriente eléctrica recorre mi cuerpo por completo.
— Un placer, comisario Pirce.
Es un verdadero hijo de puta.
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Freddy
Horas antes
— ¿Cuál es tu plan ahora?
Ajustó el chaleco y meto el arma en la pistolera de la pierna. Miré las cámaras y vi que Brooklyn seguía profundamente dormido. Necesito que siga así hasta que llegue el momento que estoy esperando, ella será mía por completo, lo quiera o no. En las noticias ya se está hablando de mi regresó, no esperaba que fuera de este modo, la ciudad entera sabrá qué estoy de vuelta y es un peligro más, pero si quiero tenerla a salvo, debo dar la cara a mi pasado y esperar a que no me asesine.
— El mismo – dije mientras metía la placa debajo del chaleco. Cuando mi teléfono empieza a sonar con un número desconocido. – ¿Quién es?
— Parece que te la has pasado bien, rata – el acento mexicano me calienta la sangre.
— ¿Qué quieres Emilio?
— Parece que te las has pasado jodidamente bien con Brooklyn – rechino los dientes y aprieto con fuerza el teléfono. – Esa pequeña sociópata, manipuladora, es la peor manipuladora que vas a conocer, pero eso ya lo has visto tú – se ríe. Y siento la saliva ácida. Se quedó en silencio y solo respiró con fuerza. – Se activó un contrató hace poco ¿sabes? Es más grande qué el tuyo.
— ¿Qué?
Voy directo a la computadora y empiezo a teclear con fuerza, dime que no hizo lo que creo. Hijo de su puta madre, lo hizo, no me pudo matar y va a ir por lo qué si va a poder asesinar fácilmente. Brooklyn.
— Será tan fácil ese contrato, al final del día estaré de camino a México con 23 millones de dólares y tal vez hasta salve el mundo de un psicópata.
— Atrévete a tocarla y suplicaras morir Emilio.
— Ahí está el loco que recuerdo – vuelve a reírse. – ¿Quieres hacer una competencia? Quién le lleve la cabeza de Brooklyn antes de que acabe el día, gana los 23 millones, que gane el mejor.
Corta la llamada y yo rompo el teléfono y miró fijamente la fotografía de Brooklyn. Aprieto los puños y golpeó la mesa. Tiene que ser hoy, no tengo otra opción, no me dejaron tener otra opción. Los voy a joder a mi modo.
— Eso creo que cambia los planes, ¿qué harás?
— Tengo que estar con Sebastian, él seguramente llamará a Brooklyn – suspiró y lo miró. – Quiero que lastimes a cualquiera que trate de reclamar el contrato.
— ¿Solo lastimar? – frunce el ceño.
— Los quiero matar yo mismo, solo hasta que lo tenga, Phoenix.
Phoenix sonríe como idiota antes de mirar la fotografía de Brooklyn y por un fugaz momento pienso en qué va a querer cobrar el contrato.
— Todo con tal de verte feliz, hombre.
— ¿Qué dices? – me levantó y tomó otro teléfono.
— Brooklyn trajo a un tipo que nunca creí que vería de nuevo – sonríe mientras se sienta en la barra. – Tendré todo listo, eh, pero quiero ser testigo de todo.
— Idiota.
Tomé mis llaves y subí a la camioneta, saqué el teléfono y miré las cámaras, sigue dormida. Joder, es tan reconfortante verla dormir, da tanta paz. Podía verla dormir todas las mañanas de París y pensar en que era el único ser del mundo, no puedo perderla de este modo.
Llegué a comisaría y miré a ambos lados, supongo que ahora quieren 23 millones a 15 millones. Mataré a Emilio sí llega a tocarle un solo cabello a mi rubia. Sacó la placa y veo a Sebastian Collins en la entrada, maldito hijo de perra, saber que esto no es más que culpa suya me calienta la sangre. Ajusto mis guantes y me quito los lentes.
— Freddy Pirce de vuelta a Los Santos, ¿quién lo diría?
— Solo es un favor, no es que ame estar aquí – entramos en la comisaría. – Entonces, ¿qué pasa con el caníbal?
— Regresó hacer no mucho, aunque ha estado días fríos, ningún asesinato, nada.
— Pero eso solo es la señal de que vendrán más – susurró.
— Así es, tendrás la mejor compañera de todos. Alguien qué es muy buena y es mi chica, Brooklyn.
Su chica. Casi me hace reír, hace 24 horas que yo la estaba haciendo gemir con mi polla y este pendejo cree que es su chica.
— Te presentó al Subcomisario Holliday, el padre de Brooklyn.
— Un gusto Comisario – estrecho su mano con la mía.
Miré el teléfono un momento, ansioso por saber qué está haciendo, ya despertó y ahora la veo frente al televisor, enfoco otra cámara y suspiro cuando miró qué tiene las noticias. Rechino los dientes y vuelvo la mirada a los hombres que están hablando y no he escuchado.
— ¿Playboy? – dijo Sebastian mirando la misma noticia.
— Ni siquiera sé cómo me captaron – me cruzo de brazos. – Pero ya no soy así.
— ¿Es casado? – preguntó Noah.
— Algo así – sonrió un poco. – Entonces, Brooklyn es su hija – digo mirándolo.
— No sabía qué estaría en el caso, apenas me estoy enterando – dijo mirándome. No le gusta la idea. – Pero admito que es la mejor, no porque sea mi hija – sonríe un momento como padre orgulloso, no entiendo porque Brooke se preocupa mucho de lo qué sus padres dirán si hablan de él como el mejor del mundo. – Es la compañera perfecta, se esmera y es dedicada, se llevaran bien.
— Ya lo creo – sonrió un momento.
Escuchó la llamada qué Sebastian le hace y yo empiezo a mirar los mensajes de Phoenix, de todos los que ha estado “lastimando”, quiero a esos cabrones en una habitación para mandarle un mensaje a Armando, sí cree que será fácil asesinar a Brooklyn que lo intente hacer a través de mí.
— ¿Sabemos que alentó de nuevo a este asesino? – dijo Noah mientras se sentaba.
— Tal vez una pareja – dije mirándolos. – El amor causa cosas raras en una persona.
— Freddy Pirce hablando de amor ¿qué te hicieron? – sonríe Sebastian.
— Cuando lo experimentas, haces cosas que nunca harías – miró a Noah. – Tú lo debes saber mejor que nadie – señaló su anillo.
— Claro que sí, el amor y el odio son cosas que te impulsan a hacer algo que nunca creerías que harías.
El amor y el odio… es posible que enfrente una de las dos cuando Brooke llegue.
Sebastian empieza a decirle a Noah porque me llaman Playboy en las noticias, mientras yo miró de nuevo las cámaras, Brooklyn ya no está y el gato está colgado de las cortinas. Suspiró un momento y trató de prestar atención a lo que dicen, pero me es imposible cuando lo único que quiero es ver a Brooklyn y saber qué está bien.
Y entonces, ahí estaba ese aroma dulce, un aroma que estaba impregnado en mi piel, ese iris azul, ese cabello revuelto, esas mejillas rosadas, esos labios pecaminosos, mi chica.
— Brooklyn, es un placer.
No va a flaquear. Porque si algo conozco de ella es que nunca dejará ver su verdadero rostro, si me voy a la mierda, ella se va conmigo.
Brooklyn está hablando con su padre, me gusta saber que mantiene bien la postura, evita mirarme todo lo que puede pero más de una vez la atrape mirándome. Miró todo lo relacionado del caso o al menos eso finjo hacer, porque toda mi atención está centrada en mi ricitos de oro.
— ¿A quién quieres en tu equipo? – dijo Sebastian.
> Tengo todo listo, más vale que pongas en marcha tu plan ya… <
— Tendré qué ver eso más tarde – dije guardando mi teléfono. – Tal vez mañana, hay cosas que poner en orden antes de hacer algo.
— ¿Necesitas ayuda?
— Te llamaré si lo necesito – me pongo mis lentes y me acercó a Noah y Brooke. – Subcomisario un gusto conocerlo, pero tengo que hacer algo antes de empezar.
— Por supuesto comisario – estrecha mi mano.
— Brooklyn – asiento con la cabeza y me dirijo a la salida.
No tengo que ser adivino para saber qué vendrá tras de mí, puedo sentirla seguir mis pasos y me gusta saber qué me está persiguiendo. La dirijo al estacionamiento junto a la comisaría, justo dónde tengo mi camioneta, abrí la puerta y saque el pañuelo y el cloroformo.
— ¡Freddy!
Mierda. Escuchar mi nombre saliendo de su boca me la pone dura. Nunca creí que mi nombre sonara tan erotico saliendo de su pecaminosa boca. Cuando me doy la vuelta esquivó el golpe que me quería dar.
— Eres un hijo de perra – la sujetó de los brazos con fuerza y la pongo contra la camioneta. – ¿Qué haces?
El miedo que destila en sus ojos me la pone aún más dura. Maldita sea. Ya sabe de lo que soy capaz, ahora sí me ve como el hombre que soy.
Yo el cazador, ella la presa.
Pongo el pañuelo con cloroformo en su cara y empieza a forcejear, pero la sujetó con más fuerza, grita pero nadie puede escucharla. Entonces deja de pelear y su cuerpo se empieza a deslizar, la cargó y la meto en la camioneta.
— Es hora de qué sepas quién soy, Brooke.