Capítulo 9

3615 Palabras
Me harías caer del Cielo Freddy Ver su cuerpo en la cama, indefensa, vulnerable, altera todos mis demonios y escuchó la risa de Toro en mi cabeza. No solo yo la quiero, él igual, la desea y justo ahora la tenemos a nuestra merced, no puede negarse a nada y eso me la pone tan dura, maldita sea. Pero no tengo tiempo para eso ahora, mientras el tiempo corre el contrató aumenta, así qué me siento y solo lo observo, controlando a Toro y los impulsos por tomarlo ahora mismo. Empieza a moverse, aprieto la mandíbula y veo como se despierta. Se toma un momento para mirar en dónde está cuando me mira, se levanta abruptamente, se sostiene de la pared, se queda quieta un momento, seguramente está mareada, cruzó las piernas y suspiró. — Hola nena – le sonrió cuando me mira. — ¿Hola? ¿Es lo que dirás? ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí? — Por favor, tranquilízate. Se empieza a reír y se acerca a mí, poniendo sus manos a los lados de mi silla y se inclinó para mirarme, esos intensos ojos azules me miran y puedo ver el rostro que tanto amo, el rostro de su oscuridad. El rostro de la psicópata asesina. — Me drogaste y dices que me tranquilice – su voz es tan baja y siniestra. – Eres un maldito inestable Freddy. Una sonrisa tira de mis labios cuando escucho mi nombre con esa voz. La tomaría justo ahora y le metería mi polla para que grite más mi nombre. — Hago esto por tu bien, Brooklyn. Grita desesperada y empieza a tirar y romper cosas, trata de abrir la puerta pero es obvio que no puede. Sacó el arma y suelto un tiro a la pared, eso la calma un poco, me mira llena de furia y desesperación, y entonces mira lo que pongo en la mesita. Frunce el ceño y su mirada se relaja. Una bala y un anillo. — ¿Qué es esto? — Quieren tu cabeza, si no es hoy, es mañana, y estás son tus únicas dos opciones Brooklyn – la miró y analizo cada facción, está confundida y al mismo tiempo, tiene miedo. – Cásate conmigo o yo cobraré el contrato. Se echa para atrás como si lo hubiera empujado. Me mira esperando la broma pero no encuentra nada y vuelve a mirar lo que tengo en la mesita. Me pongo de pie y voy a la puerta y salgo. Bajo las escaleras y voy a la cocina, sacó una botella de whisky y me sirvo un trago, si no se casa conmigo por las buenas, miró mi teléfono y observó las cámaras que enfocan a sus padres, lo hare por las malas. Saco cosas para prepararle un emparedado, hago un poco de limonada y salgo a cortar una de las rosas del rosal, preparó todo en la bandeja, quiero al menos darle una buena presentación a mi prometida. Subí las escaleras cuando empiezo a escuchar que destrozan la puerta, cuando llegó veo que Brooklyn sacó un hacha. ¿De dónde mierda sacó un hacha? Pasa empujándome, tiro las cosas al piso y ella baja corriendo las escaleras. ¿Quieres jugar? Juguemos. Bajo las escaleras y sacó mi arma, tira un librero y salió corriendo de la casa. Esquivo el librero y salgo de casa, la veo subir a la camioneta, arranca el motor y suelto un suspiró, apuntó con el arma a las llantas de atrás y está derrapa, frena y la veo golpear el volante. Me acercó a ella y abro la puerta de la camioneta, aun sosteniendo el arma. — Puedes correr pero no esconderte, cuando un cazador ya tiene su presa en la mira, nada le quita el objetivo – tomó su mentón con fuerza y la obligo a mirarme. – Puedes hacer esto difícil, sabes bien cuál será el resultado. No le suelto a pesar de que está manoteando para que la suelte. Acercó su rostro al mío y rozó mis labios con los suyos, jadea. — ¿Te vas a comportar o voy a tener que cazarte? Hay una lucha interna consigo misma, pero sé qué ahora mismo lo único que quiere es lo mismo que yo quiero. Un beso. — Me voy a comportarme – susurra. Suelto su mentón y me aparto de ella, me hago a un lado y dejo que salga, baja de la camioneta sosteniendo el hacha y poniéndola entre nosotros, me da una sonrisa antes de volver a la casa. Cuando entramos en la casa, me acercó y sacó unas esposas, le pongo una a ella y una a mí. — ¿Qué haces? ¡Suéltame! — No, ahora camina – empiezo a jalarla con fuerza, hace un siseo de dolor y empieza a caminar detrás de mí. Subimos al segundo piso y tomé el anillo y la bala, bajamos de nuevo y nos sentamos en el sofá, dejó de nuevo el anillo y la bala y la miró. – Elije, mi presa o mi esposa. Brooke mira de nuevo las cosas sobre la mesa, mira con detalle la bala, no la toca porque sabe lo que significa. El anillo es un rubí grande rodeado de diamantes. Mira las esposas que unen nuestras manos y me mira, trata de buscar algo, no sé qué, pero lo veo en su mirada y entonces toma el anillo y se lo pone, veo el brillo en sus ojos y como trata de contener una sonrisa. — Me sorprende que sepas la talla de mi dedo – susurra. — Sé todo de ti, ricitos – sonrió cuando se giró a verme. Tomó mi teléfono y marcó su número. – Ha elegido la segunda opción, ven de inmediato. No dejó que me respondiera, miró el anillo en su dedo y no evito sentirme orgulloso, es mía. Jodidamente mía. — ¿Qué pasará ahora? — Nos casaremos. — ¿Qué? No podemos, mis padres… — ¿Quieres morir está noche? – aprieta los labios. – Responde. — No. — Entonces nos casaremos. — No tengo testigo. — Si lo vas a tener. ↭↭↭↭↭↭↭↭↭↭↭ Brooke Nunca creí que me iba a casar, han pasado tantas cosas en mi vida que casarme no lo tenía siquiera contemplado y ahora, miró por milésima vez el anillo en mi dedo anular. Siento mariposas y a la vez náuseas. Me voy a casar y no es que sea muy voluntaria, pero mirando al hombre a mi lado, sé qué es la mejor opción que tengo ahora. Además no dudo que dijera en serio cuando dijo reclamar el contrato. Cada minuto que pasa mi suma crece más y me vuelvo más apetecible ante otros cazadores, Freddy pudo ser mi mejor opción, un hombre al que no conozco nada y que antes de esto, me gustaba realmente. Escucho la risa de mi amiga y eso me deja desconcertada. La puerta se abre y entra ella primero, seguida de dos hombres. Cuando me mira se queda confundida. Mira las esposas y después mira al hombre que está a mi lado. — ¿Comisario? ¿Brooke? ¿Qué sucede? — No quería hacerlo de este modo Kylie – dijo uno de los hombres. – Pero no hubieras venido y te hubieras negado. — Me dijiste que íbamos a hacer algo para tu amigo. — Freddy es mi amigo y Brooke la tuya, se van a casar. — ¿¡QUÉ!? Suelto un suspiró, no voy a decir nada que lo haga Freddy. El anillo es muy grande, debió costar miles o incluso un millón, entrecierro los ojos y sonrió un poco, el cabrón tenía preparado todo esto. Él iba a salir ganando a como diera lugar. Pero sí cree que seguiré siendo esa chica que ansiaba verlo, está muy equivocado, él me mintió todo este tiempo, ahora conocerá el lado que hizo a Collins retroceder. — Si no se casa conmigo está noche tendrás a tu amiga muerta y alguien será 23 millones más rico – dijo Freddy. – Necesitaba un testigo y tú eres ese testigo. — Brooke ¿qué dices al respecto? — Insisto que debí quedarme en París, al menos ahí todo era perfecto – Freddy me mira y no pienso retractarme, me gustaba el hombre de París no esté. – Seamos realistas Baby, sí no hacemos esto, mis padres se van a enterar y nunca volveré a tener una vida normal, tal vez no la tenga con Freddy, pero es mi única opción. Así que sé mi testigo, por favor, quiero acabar este circo. Kylie suspira resignada y asiente con la cabeza. El hombre que habló le dice algo al otro y se acomodan a los lados de nosotros, mientras que el otro hombre se pone frente a nosotros, ahora veo que es quién nos casara. Me voy a casar con jeans claros y una blusa azul, increíble. — Día 4 de Octubre del 2024, a las 17:26 aceptan que Brooklyn Holliday y Freddy Pirce están aquí presentes para contraer matrimonio por voluntad propia, conscientes de unirse al otro – mira a los testigos. — Sí – dijo el amigo de Freddy. Kylie me mira un momento, asiento ligeramente con la cabeza y mira de nuevo al oficiante. — Sí. Les entrega el acta y firman en los lugares correspondientes. — Brooklyn Holliday y Freddy Pirce los dos están aquí para contraer matrimonio ante la ley, ¿los dos están de acuerdo? — Sí – responde Freddy seguro. — Sí – digo en voz baja pero audible. Extiende el acta y Freddy es el primero en firmar, me entrega el lapicero y nuestros dedos apenas se rozan, una corriente eléctrica destalla con ese toque. Evitó mirarlo, miró mi nombre junto al suyo, mi corazón se acelera y todo mi cuerpo se siente lleno de electricidad, mi mente lo odia pero mi corazón salta de alegría con ello porque no entiende la situación en la que estoy. Firmó sobre mi nombre y dejó el lapicero. — Por el poder que la ley le otorga, los declaro marido y mujer – extiende el acta de matrimonio. – Se pueden besar. Mi respiración se acelera cuando dice eso, no quiero ni mirar a Freddy, pero entonces toma mi mentón entre sus dedos provocando un choque eléctrico entre nuestras pieles, gira mi rostro y roza mis labios con los suyos. Apenas una caricia. Un toque. Que deja ardiendo toda mi piel en llamas. Se aleja y yo quiero más. Necesito más. Pero no lo pediré, que se joda, no pienso rogar nada aunque mi cuerpo lo pida a gritos. Miró el acta antes de que Freddy la guarde, miró cuando saca algo de su bolsillo, cuando veo que es mi pulso se dispara de nuevo. Es un anillo similar al mío, solo qué este no está rodeado de diamantes, es de oro y solo tiene el rubí escrutado en el medio. Se lo pone en el dedo anular y por alguna razón eso me hace sonreír. El oficiante se va y Freddy empieza a hacer algo en su teléfono, seguimos esposados, así que no puedo alejarme de él, es que ni con las esposas me puedo alejar. Estamos atados. — Soy Phoenix, por cierto – sonríe el amigo de Freddy y me entrega un trago. — Gracias – susurró. — ¿Qué pasa ahora? – dijo Kylie bebiendo su trago de un tirón, apenas si hace un gesto. – Se casaron, ya, pero el contrató sigue activo. — Freddy dará un comunicado, eso cambiará el contrato de los dos por uno solo, buscandolos como pareja y aumentará el precio y por ende el riesgo… — No veo beneficio entonces de casarnos – dije dándole un sorbo a mi trago. — El beneficio aquí es que se la pensaran para tratar de matar a Freddy. — No lo creo, tomaron nuestro avión y casi morimos por eso – dije recargandome en el sofá y bebiendo más. — Freddy solo es una cosa, más de uno ha tratado de matarlo, pero cuando se trata de algo qué es suyo, se lo van a pensar hasta cinco veces. Su matrimonio tiene que ser público, al ser más público el contrato sube de nivel y las posibilidades de qué los asesinen disminuyen, hay locos que lo ven como un reto y se atreven a todo, pero acabarán en la cocina antes de que se atrevan a tocarlos. — ¿Publicó? – lo miré. – ¿Quieres quitar tu finta de playboy? — Puedo seguir siéndolo, solo que con anillo. La forma en la que me lo dice me hace apretar el vaso con tanta fuerza que se rompe en mis manos. Un silencio se forma, pero Freddy no despega su mirada de la mía, está sonriendo ahora. — Será mejor que los dejemos solos – dijo Phoenix. – Deje a las ratas en el sótano, algunas ya podrían estar muertas. ¿Ratas? — No – dijo Kylie. – Brooke se va conmigo. — Brooke se queda conmigo – dijo Freddy. — Ella puede elegir por sí misma. — Ella es mía, no me hagas verte como una amenaza – susurró. Kylie le sostuvo la mirada, antes de mirarme a mí, relajando su mirada se acerca a mí. — Brooke… — Dejame hablar con él, dile a papá que estaba cansada y me quedé dormida, mañana hablaré con él. — ¿Segura? — Sí. Se acerca y me da un besó en la mejilla. Cuando se aleja de mí siento un dolor punzante en mi mano y me doy cuenta de que estoy sangrando, Freddy mira mi mano y quita el vidrio que tengo en la palma de la mano, entonces veo como lleva mi mano a su boca. Su lengua lame mi sangre, me provoca un escalofrío que me deja temblando ante su tacto. Esto no debería excitarme ni un poco. Estoy jodida. Chupa la palma de mi mano, trató de evitar suspirar, me mira, esos ojos oscuros con un brillo perverso me hacen querer tomarlo y besarlo… Sus labios están manchados de mi sangre, trago seco, me toma del cuello apretando con fuerza y estampa sus labios con los míos. Sí. Puta madre. Sentir el sabor metálico en sus labios me hace saltar a sus piernas, está jodidamente mal, no debo hacerlo, pero necesito más. Quiero más de él. Pero mi lado racional me hace separarme de él de nuevo. — Eres un puto cabrón – susurro sobre sus labios. — Soy tu puto cabrón – sonríe mirándome. — Quítame las esposas. — ¿Vas a huir? — Creo que ya no tengo opción – lo miró. – Además, siempre me vas a encontrar ¿no? — Sí – sonríe y me quita las esposas. Me alejo de él y masajeo mi muñeca, busco un botiquín para curarme la herida de la mano. Tengo hambre, sed, estoy enojada, caliente, y todo por el maldito tipo que ahora es mi esposo y que no deja de verme el culo como un pervertido. — Explica eso de que debe ser público esto. — Mañana daré una conferencia de prensa… — ¿Se la darás a la zorra de la televisión? — Sí. Lo miró cuando empezó a sacar cosas de la nevera, alcanzó a ver bolsas con órganos, mi respiración se agitó y ahora pienso en mil formas de salir de aquí. — Esa zorra es la que prácticamente nos salvará, se llama Andrea. Saber que la conoce me hace olvidar el hecho de que tiene órganos en su nevera. Esa zorra lo conoce, me va a querer quitar lo que es mío. Mío. Legalmente es mío. No puede tenerlo. Empieza a freír algo, miró con más detalle lo qué está haciendo, sacó una de esas bolsas de su nevera y ¿qué es? ¿Riñón? ¿Pulmón? Joder no lo sé, pero me está abriendo el apetito. Miró al hombre que ahora es mi marido ¿le tengo miedo? No. Porque a pesar de todo, es el único hombre en el que confío y de no haberme drogado y secuestrado, hubiera acudido a él por ayuda. Me siento a la mesa, mirando todo lo que hace, miró el anillo en su dedo anular y eso me relaja un poco. — El canibal nunca fue ahuyentado ¿verdad? – habló por primera vez del caso. — No – dijo sacando dos copas y una botella de vino. — ¿Me has alimentado con esto? – preguntó, aunque no me importara la respuesta. — Sí. — Esa primera noche ¿me ibas a matar? — No. — ¡Responde bien! Deja de decir sí o no, carajo. Me mira y siento un escalofrío recorrer mi espalda. Me hace tragar seco. Pone una copa de vino frente a mí y sin apartar la mirada de mí le da un sorbo a su vino. No aparto la mirada ni él, el desafío en su mirada me hace querer romperle la botella en la cabeza y a la vez querer besarlo y que me folle en la mesa mientras me grita que soy suya ahora. Pero qué mierda me sucede. Estoy loca. — ¿Descuartizas gente por diversión? — No. De nuevo las palabras simples. Quiero matarlo ahora. Aparta la mirada y me siento como si hubiera corrido un maratón que gane, pone un plato frente a mí y me sorprende lo presentable que está, que incluso me siento informal para comerla. Es la elegancia en un plato, como si hubiera ido a uno de esos restaurante caros a los que Sebastian solía llevarme y que ni disfrutaba porque no sabía que putas comía, pero esto, tengo hambre, me gusta como se ve y aunque sé qué estoy consumiendo carne humana no es algo que me importe mucho. El hombre que tengo frente a mí lo cocino, se esmero por darle está presentación como para rechazarlo. Lo cuál es estupido, pero mi cabeza ve las cosas de ese modo. Freddy no come, mantiene su copa de vino en una mano y con la otra está agarrado a la mesa. Me es más fácil leerlo cuando ya sé quién es. Lo cuál es otra bofetada a qué no soy buena perfiladora. Hizo la comida frente a mí y quiere saber qué límites traspasaría, qué tan jodida estoy de la cabeza… que tan sumida estoy en mi oscuridad. > Sí supiera todo lo que hiciste en el pasado, serías tú quién lo ponga a prueba de qué tan retorcido es… < Mi subconsciente me traiciona una vez más, santa no soy, he cometido actos qué ni la terapia me ayudó a olvidar, he tratado de detener mi lado oscuro porque sé qué dañare a los que me rodean, pensaran mal de mí y tendrán una imagen de mí qué… miró al hombre que sigue esperando que pruebe su platillo. Él no es así. Él nunca me ha rechazado por ello. Tomó mi tenedor y pruebo el platillo. Es el hambre o el hecho de que este hombre cocinó para mí, pero la boca se me hace agua cuando degusto el platillo. La carne humana realmente sabe bien. No evitó gemir de placer, tomó más y más, sigo comiendo como si fuera una huérfana de calle. Ok no fue la mejor comparación, ya qué si fui huérfana de calle. Es delicioso y ni siquiera miró lo qué él hace, sigo comiendo hasta terminar el plato y sigo con hambre, cuando tomó mi copa de vino lo miró y sé qué acabo de hacer. Acabo de caer del Cielo en el qué él me puso cuando estuvimos en París y me está arrastrando al Infierno y no me opuse a ello. Extiende su plato en mi dirección ¿no va a comer? Tomó de nuevo el tenedor y vuelvo a comer, ahora más tranquilo. — Me divierto de otras formas, Brooke, descuartizar gente es enviar un mensaje, no hay nada más claro que las extremidades del cuerpo tomando alguna forma gutural – habla mientras pone otro plato frente a él y ahora sí come. – Te envíe un mensaje personalizado, nadie más hubiera entendido el significado de las peonías más qué tú. Tomó de nuevo la copa de vino. El hecho que este aceptandolo me dispara el pulso y siento una descarga de adrenalina. Muerdo mi labio y ahora lo observo comer, como lleva cada bocado a sus labios, como su lengua toca el tenedor, tengo que apartar la mirada para no caer en la tentación. — ¿Qué haremos ahora? — Te llevaré a nuestra casa, yo me tengo que encargar de las ratas del sótano. ¿Casa? ¿Qué casa? — Más vale que te expliques porque no pienso moverme de aquí. Freddy se termina su vino y me mira, juntando sus manos frente a él. Suelta un suspiró y su rostro se ensombrece. — Eres un contrato jodidamente jugoso y nadie te ha tocado un solo pelo ¿no es raro eso? – la verdad es qué sí me lo pareció. – Le pedí a Phoenix que no los matará. Fruncí el ceño pero entonces recuerdo que dijo, algunos ya podrían estar muertos. Cuando me doy cuenta de lo que son esas ratas, empiezo a sentir mariposas en el estómago. Sabía del contrato y tomó a todos los que lo quisieron reclamar, sicarios y asesinos peligrosos, atrapados como ratas, con tal de que no me tocaran. La garganta se me seca. Me caso con él porque ¿quién se atrevería a tocar a la esposa del tipo que tuvo como ratas a asesinos y sicarios peligrosos? ¿Esto es el amor de verdad?
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