Rita y Leonard se encontraban sentados en la mesa, uno junto al otro comiendo en silencio de forma inusual. Parecía existir una tensión fácil de cortar con cualquier objeto filoso. La mujer mantenía sus ojos cristalizados mientras ingería los bocados de su ensalada césar. Nada se sentía bien y ni siquiera podía disfrutar de su cena con el horrible estado de ánimo que llevaba consigo. –Amor, ¿estás bien? –Fue la calidez de la mano de su marido aquella que le hizo cerrar los ojos reteniendo las emociones que afloraban sobre ella–. Rita… –¿Cómo puedo cenar tranquila cuando ni siquiera sé si Ronny ha comido algo? –La canosa miró a su marido tragando saliva demostrando en sus ojos la cantidad de frustración retenida–. ¿De verdad está bien todo esto, Leonard? –¿Alguna vez hemos obligado a Ron

