Ambos bajaron del auto y fue Zoe quien se despidió primero de su hermano. Un nuevo día en el instituto. Había pasado un tiempo desde el incidente en el callejón y durante esos días Hans no pisó la escuela. ¿Cuántas clases se había saltado? ¿Cuántos exámenes había perdido? La cuenta crecía tras cada día, sin embargo en aquella mañana la cadena se rompería, y la morena fue la primera en ver la silueta del rubio acercarse. Zoe rápidamente sujetó la mano de su chico con extrema atorrancia, comenzando a caminar con su frente en alto, haciendo sonar sus zapatillas escolares tras cada paso que daba.
Por fin los ojos celestes de Hans se levantaron observando a sus antiguos amigos y permitiéndose soltar un suspiro. Las ojeras debajo de sus ojos evidenciaban varias noches sin dormir; profundas y oscuras. Incluso el bello facial, resultado de la pubertad, era notorio a la distancia. El rubio se encontraba en un estado bastante decadente y Ronny consiguió detallar todo aquello justo antes de que sus miradas se encontraran. De inmediato el pelinegro volteó. No estaba interesado en siquiera mirarle, aunque en el fondo de su corazón sabía que permitirle explicarse podía ser una opción viable.
Entraron a su aula, siendo la causa de los comentarios debido a que estaban juntos. A Zoe no le importaba ya que definitivamente pensaba en ella misma y nunca en los demás. Ronny, en cambio, se sentía un poco incómodo al ser mirado de esa manera, pero no podía seguir demostrando debilidad o Zyan le obligaría a perder a la única persona que quedaba en su vida.
Una vez que ambos hubieron tomado asiento los susurros se intensificaron: era Hans quien ahora cruzaba las puertas. Zoe le asesinaba con la mirada, recordándole sin decir una sola palabra lo miserable que era por todo lo que había hecho. El rubio de forma automática decidió colocarse en su asiento de costumbre, es decir, justo al lado de Ron. ¿Cómo pasar por alto el fuertísimo sonido originado por las palmas de la morena sobre su mesa al ponerse de pie? Un par de pasos bastaron para que esta se encontrara frente al rubio, mirándole con desprecio.
–Lárgate de aquí, Hans. –Los siseos demostraban el desprecio que Zoe sentía por él–. No quiero tener que recurrir a otros medios.
–¿Qué harás? ¿Pagarás para que me den una golpiza así como hiciste con Ronny? –El pelinegro alzó el rostro rápidamente al escuchar semejante falacia–. ¿O me grabarás mientras me baño para hacerlo público?
–¿Te das cuenta de lo idiota que te escuchas inventando tales estupideces? –Zoe no pudo evitar soltar una audible carcajada–. ¿Qué otra historia imaginaste por la noche?
Hans se mantuvo en silencio dejando caer la mirada nuevamente. Era evidente que no pasaría nada si seguía manteniendo su punto de esa manera. Dejó salir un suspiro levantándose de su asiento y tomando rumbo hacia otra silla vacía.
–Eso, vete de aquí, pervertido. –Zoe dejó los ojos en blanco negando con la cabeza.
Dos versiones diferentes de la historia donde cada uno exponía al contrario como el culpable. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué Hans culpaba a Zoe por las cosas ocurridas? Aunque el hecho de que al final se hubiese retirado sin decir nada más dejaba en evidencia que sus argumentos se habían agotado. ¿Por qué algo parecía turbio en todo aquel escenario? Ese extraño momento le permitió recordar que unas horas más tarde se reuniría con la persona desconocida que decía necesitas hablar con él.
Las horas clase transcurrieron de la manera más normal, sin embargo para Hans eran simplemente sin sentido. Allí, en su mesa, con los brazos sobre la tabla de madera podía ver las vendas que cubrían sus brazos. Eran el resultado de sus noches de ira y depresión donde veía como salida viable el intentar acabar con aquel sufrimiento, a fin de cuentas se trataba de un chico despreciado por todos, eso nunca había cambiado. Sus compañeros le apreciaban por su valentía y osadía, pero dejando eso de lado era simplemente un mísero huérfano. Si tan solo no se hubiese permitido hacer aquellas cosas quizá todo sería diferente… el idiota no parecía haber sido Ronny sino, en su lugar era quien llevaba la mayor etiqueta.
Nadie parecía creer ni siquiera una sola palabra de lo que decía, por lo que Hans había roto el contacto con quienes estaban a su alrededor. Todos le veían como un pervertido y, posiblemente, se merecía pasar por eso para comprender que debía ocupar su lugar en el mundo. Esa era la manera en la que el rubio veía las cosas.
***
–¿Quieres pasar la noche en casa? –Los ojitos ambarinos de Zoe miraron con fijeza a su chico sin permitirse soltar su mano–. Zyan tendrá una cita con Alicia, por lo que no nos molestará.
Pasar la noche junto a Zoe no era precisamente un mal plan para su aburrida vida, pero Ronny estaba consciente de que tenía asuntos que resolver en casa, como, por ejemplo, la complicada e inexplicable situación que estaba viviendo con sus padres. Para él resultaba sin sentido ya que no comprendía un suceso que jamás había ocurrido.
–Sería feliz yendo contigo, pero esta noche necesito volver a casa. –Ron miró a la morena con una sonrisa de resignación antes de acomodar un mechón de cabello de esta detrás de su oreja–. Debo charlar con mis padres sobre lo que está ocurriendo y procurar resolver esa situación…
–Ronny Quintero. –El pelinegro frunció el ceño reconociendo la voz que le hablaba. Soltó un suspiro antes de darse vuelta y mirar al sujeto encapuchado que caminaba hacia él–. Lamento mucho interrumpir su amoroso momento, pero tengo información que te resultará útil.
El rostro del pecoso cambió completamente siendo una ceja la que se alzó al mirar a Nick postrarse frente a él con una sonrisa en los labios, como si estuviera disfrutando cada momento de su nuevo trabajo. A fin de cuentas parecía ser que las traiciones se le daban bastante bien. No conocía mucho de aquel maleante callejero, pero lo último que debía hacer era bajar la guardia mientras trabajara con él. Nick no era un idiota, conocía las calles casi como la palma de su mano y, a diferencia de Brandon, contaba con un nivel de astucia casi imposible de superar. Era simplemente un peligro andante.
–Te escucho. –Soltó Ron sintiendo como Zoe se apoyaba en su hombro mirando al peliazul encapuchado.
–Vamos, no pretenderás que te explique todo aquí, frente al instituto. –Las risas del chico de ojos rasgados podrían resultar bastante molestas–. ¿Qué diría la gente si ve al alumno estrella intercambiando amistosos momentos con alguien como yo? ¿O es que te enorgullece estar buscando una venganza ilegal, Ron? –Sí, definitivamente Nick era un sujeto demasiado irritante para la tolerancia del pecoso–. Bien, te explicaré entonces.
–Cállate antes de que decida patearte el trasero y comienza a caminar hacia lo que consideres un lugar seguro. –Ronny había cambiado y justo ahora estaba dispuesto a hacer lo que fuera por la venganza ante lo que le habían hecho–. Andando.
Nick no paraba de reír. Como si un tornillo dentro de su cabeza estuviera suelto, ocasionando que la cordura y el juicio de este se encontraran completamente desestabilizados. Incluso pensar en que estaba siguiendo a un desquiciado como era el peliazul hacía pensar a Ronny en lo bajo que estaba cayendo, pero no tenía muchas opciones, a decir verdad.
Un frío y asqueroso callejón repleto de basura y olores que Ron ni siquiera deseaba reconocer fue el lugar al cual Nick les llevó, porque si, Zoe había afirmado que no le dejaría solo y allí estaba, a la espalda de su novio sin permitirse soltar su mano. Las ratas corrían de un lado a otro deteniéndose en ocasiones a mirar a quienes caminaban por sus callejuelas. ¿Podía ser tan asqueroso el frío generado por la humedad del lugar? Sonido de goteos por doquier siendo pequeñas partículas de un agua de color verduzco las que caían. ¿Dónde demonios se estaban metiendo?
Por fin Nick empujó una horrible puerta de latón que daba a una especie de sótano. El lugar era oscuro, como una versión muy mala de la baticueva donde se ocultaba el murciélago de los comics. El horrible olor se intensificaba cada vez más y en las paredes podía ver el brillo usual de los insectos que más odiaba: las cucarachas. j***r, ¿qué estaba haciendo allí alguien como Ronny? Era más que evidente que nunca en toda su vida había tenido que pisar un lugar tan deplorable como ese. Se sentía simplemente asqueado.
–¿Qué esperas para sentarte? –Nick se lanzó en un sofá que parecía que se rompería en cualquier momento–. ¿O es que tu nivel de conde no te permite sentarte en un lugar como este?
Ronny soltó un bufido sin poder evitar pensar que el peliazul tenía toda la razón con sus palabras. Aun así se sentó con cuidado en una de las sillas de madera que rápidamente rechinó. Zoe hizo lo mismo en una cercana. La morena no dejaba de ver a su alrededor ahogando pequeño gritos cada vez que uno de los insectos que plagaban el lugar se movían.
–En primer lugar tendré que decirte que no me considero tan traidor como para revelar el nombre de quien actualmente es mi jefe. –Ron rodó los ojos negando con la cabeza. Ya sabía el nombre del jefe, no necesitaba que este se lo revelara–. Por otro lado, he recibido una nueva orden hoy.
–Déjate de cháchara sin sentido y comienza a explicar lo que sea que sepas. –Cada segundo contaba para el pelinegro y en un lugar tan horrible como aquel el salir de allí era el único pensamiento que ocupaba su cabeza.
Alzó por fin una ceja al ver como Nick extendía la mano hacia él. Era evidente que no hablaría a no ser que no hablaría a menos que le diera lo que antes había prometido.
–No se te pasa nada, ¿no? –Ronny bufó sacando de su bolsillo una pequeña paquita de billetes–. Es lo que tengo por ahora. Habla y te compensaré mejor en la siguiente reunión.
–Ah, Ronny, ¿debería confiar en ti? –Soltó una carcajada sarcástica antes de tomar el dinero y dejar salir un audible suspiro–. Llamémoslo "gesto de amistad". –Sacó un cigarrillo y lo encendió como preparación para lo que diría a continuación–. He recibido las órdenes de dar una lección a tu novia. De hecho, tengo hasta mañana por la noche para dejarla con algún hueso roto.
–¿Qué pasa si no cumples con esa petición? –El molesto humo de la nicotina ahora se sumaba a la cantidad de pestilencias que traspiraba aquel sótano–. ¿Algo malo?
–¿Eres imbécil o solo haces el intento? ¿Qué pasa si no te doy información? –Los ojos del peliazul se montaron encima de Zoe antes de levantarse de aquel sofá y dar un par de pasos hasta ella–. ¿Qué hueso debería romperte, preciosa? ¿Una costilla? ¿Pierna? ¿Brazo?
–¿Quieres pasar tu vida entera tras las rejas? –Fue el pecoso quien fulminó a Nick con la mirada–. Si la tocas estás muerto.
Un silencio se abrió paso en el lugar. Zoe temblaba aterrada al pensar en el mero hecho de que esta vez era ella quien se encontraba en la mira de Hans por el mero hecho de que estaba saliendo con Ronny. El pecoso, a su vez, mostraba claramente el enfado por darse cuenta de que a Nick se le pasaba por la cabeza la idea de hacerle algo a su chica. Por otro lado... ¿Hans pensaba detenerse en algún momento?
Sea como fuera, esta vez era el mismo Ronny quien no planeaba dar un paso a atrás y eso también implicaba dar la vuelta a lo que sea que su ex amigo quisiera crear en su contra. El pelinegro dejó salir un suspiro para por fin relajar su ceño una vez que Nick se hubo separado de su amada. Estábamos hablando del ser más inteligente de la clase y quien obtuvo más trofeos que sus propios años de vida. ¿Sería un problema para él resolver algo como eso? La respuesta era más que obvia.
–Vuelve a tu asiento y te limitarás a hacer lo que te diré. –Determinación. Eso era lo que se podía leer entre cada palabra de Ronny.
El peliazul alzó una ceja mirando con gracia y curiosidad a Ronny. ¿Quién era ese chico y en qué momento había cambiado tanto? No había pasado mucho desde la golpiza que él y Brandon le propinaron pero ahora parecía una persona completamente diferente. Incluso Nick admitía que sentía que sus amenazas ahora eran peligrosas y, mientras hiciera lo que este pedía, estaría seguro en más de un sentido, a fin de cuentas tenía los bolsillos llenos.
–¿Hacer lo que dices? –Tal y como una serpiente Nick era muy suspicaz. No era engañado fácilmente y Ronny tendría que convencerlo de que nada le pasaría para que este decidiera cambiar sus planes–. ¿Por qué crees que haré lo que me dices si mi seguridad depende de seguir esa orden? –El peliazul se encontraba en la espalda del chico, sujetándolo por ambos hombros y con su rostro justo al lado del contrario, observándolo de reojo con gracia evidente en sus labios.
–Porque mi orden es la única que te mantendrá totalmente a salvo. –¿Podía ser cierto? Sea como fuera las ideas del pecoso comenzaron a ser explicadas y el silencio de aquel oscuro callejón era interrumpido continuamente por las carcajadas de Nick ante cada palabra que Ronny dejaba salir.
Tan pronto el sermón acabó, el silenció volvió. Algunos minutos de tranquilidad hasta que por segunda vez en ese día la puerta del asqueroso sótano se abrió y fue el pelinegro quien salió con aquella mirada atemorizante en sus ojos. No había compañía, se encontraba caminando por aquel angosto lugar de forma solitaria… hasta que un fuerte grito de dolor se escuchó, uno proveniente de Zoe. El plan estaba hecho y, por mucho que lo lamentara, solo pensaría en su propio bienestar. Una sonrisa landina se marcó en sus labios una vez que el silencio volvió. Era hora de asistir a su siguiente cita de la noche.