–No… ¡No! –Incluso con los ojos cerrados el pelinegro continuaba moviéndose de un lado a otro. Definitivamente el sueño que tenía era muy malo.
–Ronny… Ronny… despierta. –Ah, esa dulce voz que le ayudaba a calmarse. Su cuerpo por fin se tranquilizó y sus ojos lentamente comenzaron a abrirse–. Has tenido una pesadilla, Ron.
La tez morena que le hacía feliz al abrir los ojos, la chica a la que lentamente comenzaba a amar, esos ojos ambarinos en los que se sumergía cada vez que le miraban fijamente… Zoe definitivamente se ganaba tras cada momento un espacio más grande en su corazón. Ronny suspiró mostrando una sonrisa. La chica estaba allí, en su habitación sin el consentimiento de sus progenitores. El pelinegro les había dejado en claro que tomaría sus decisiones y les pidió que por favor respetaran y se mantuvieran al margen de los sentimientos que tenía y a quien se los entregaba. Rita se mostraba cada vez más decepcionada, pero hacía caso a su marido ya que confiaba en que la lección que este quisiera enseñar resultaría bien.
–Si las pesadillas me traerán al cielo de la mano de un ángel como tú, deseo tenerlas todas las noches. –Zoe acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja mirando a su amado con una sonrisa tierna–. Gracias por apoyarme, Zoe.
–No tienes nada que agradecer. Siempre estaré para ti incluso cuando el mundo entero te dé la espalda. –Se acercó a este permitiéndose juntar sus labios con los contrarios en un suave y delicado beso. Esta vez no estaban pasados de tragos ni mucho menos bajo la euforia de una fiesta. Eran simplemente ambos permitiéndose sentir–. Porque te amo, Ron. Eres un gran chico y te prometo que saldrás adelante conmigo a tu lado.
–Yo también te amo. –Entonces le devolvió el beso envolviéndola en un abrazo.
***
La alarma de Ronny sonó. Estiró su cuerpo dejando salir un enorme bostezo. Hacía frío en aquella mañana y su cuerpo desnudo se erizó por completo. Ah, sí, una movida noche de calor seguida de una mañana helada. Vaya contraste el que se presentaba frente a él. La cama a su lado estaba vacía. ¿Dónde estaba Zoe? El celular del chico dejó notar que un nuevo mensaje le había llegado. Ron talló sus ojos abriendo el pequeño sobre de las notificaciones.
“Buenos días, precioso Ronny. He tenido que volver temprano
a resolver un asunto. Nos vemos en clase en una hora, guapo.
PD: Te amo”
“Descuida, princesa. Nos vemos al rato.
También te amo”
Sensaciones inusuales recorrían su cuerpo. Sentía latir su corazón con alegría al despertar viendo un mensaje tan peculiar en su celular. La felicidad embargaba su ser hasta el punto de motivarle a levantarse con una sonrisa y comenzar a alistarse para el día que le aguardaba en la escuela. ¿Podía llamarse motivación? Quizá era lo que en toda su vida siempre faltó, pero el destino acababa de enviarlo a su vida.
Bajó de su habitación rumbo al comedor, dispuesto a tomar el desayuno que por ley siempre se encontraba en la mesa justo al lado de su padre. Sin embargo esa maravillosa y radiante sonrisa no tardó en desaparecer al notar el lugar vacío. La mesa de madera brillaba con el reflejo de la luz que entraba por las ventanas y simplemente se destacaba sobre esta el precioso florero que servía como centro de mesa. No había desayuno, no había plato servido y sus padres tampoco estaban allí para darle los buenos días.
La felicidad desapareció como si un interruptor dentro de él hubiese sido apagado. El silencio de su hogar le hacía sentir un enorme vacío en su interior. Cada mañana plasmada sobre un lienzo como una rutina que nunca variaba incluso cuando las ocupaciones podrían cambiar. Un hilo impecable que se extendía por quince años ahora se había roto. Era la primera vez en su vida que sus padres no estaban con él en el desayuno. Sintió una lágrima caer por su mejilla notando el temor frente a aquella situación. ¿Era el precio por sus acciones? ¿Rita y Leonard de verdad le darían la espalda ahora que él intentaba tomar sus propias decisiones?
El miedo se apoderaba cada vez más de su corazón, como si se tratara de un fantasma que le abrazaba, recordándole que lo que estaba ocurriendo era solo culpa suya. ¿Debía retroceder? ¿De verdad deseaba sacrificar el amor de sus padres por su propia venganza? Rápidamente tomó su celular sin poder refrenar las lágrimas que ahora caían a cantaros hasta llegar al suelo, encendió la pantalla y comenzó a buscar el número de su madre. Le marcó, sintiendo que cada repique era eterno. Aguardando de forma ansiosa escuchar la dulce voz de Rita como si no la hubiera oído en años.
–Mamá, por favor… responde. –Soltó entre sollozos antes de escuchar por fin que su llamada se iba directamente al buzón de mensajes. Suspiró dejándose llevar por el llanto antes de caer en el suelo arrodillado–. ¿Por qué siempre pierdo lo que quiero? –Sollozó apretando los puños con fuerza.
Su celular sonó, ocasionando que este rápidamente y con extremo desespero contestara, sin siquiera verificar quien le estaba marcando.
–¡Mamá! –Soltó intentando de forma fallida que su voz sonara tranquila.
–¿Mamá? Ron, ¿estás bien? –Era Zoe quien le llamaba y en cuestión de segundos la chica se notaba preocupada–. Ronny, ¿qué pasa? Estoy en la entrada de tu casa. Ábreme, por favor.
Dolía. Era, con toda seguridad, el golpe más fuerte que Ronny había sentido, incluso por encima de todos los físicos que antes le propinaron. Como pudo se levantó limpiando sus lágrimas y abrió la puerta, consiguiendo que Zoe saltara sobre él envolviéndolo en un abrazo, susurrándole que todo estaba bien mientras acariciaba suavemente sus cabellos.
–Nada está bien. –Musitaba el chico permitiéndose nuevamente llorar, esta vez en el hombro de su amada–. Todo es un completo desastre.
¿Cuánto tiempo había durado aquel abrazo? Definitivamente llegarían tarde a la clase de biología, pero para la morena era más importante escuchar lo que le ocurría a Ronny. Realmente parecía devastado, incluso más que en el instante en que descubrió lo de Hans. Por fin el pelinegro comenzó a explicarle lo que ocurría y su rompecabezas encajó. Su novio –a pesar de que no lo eran formalmente, Zoe ya lo veía como tal– era un chico que siempre estaba rodeado de sus dos progenitores… ahora estos le daban la espalda en sus decisiones y resultaba demasiado evidente que las consecuencias serían estas.
–Ron… –Musitó la morena separándose del chico y permitiéndose limpiar el rostro de este con su mano–. Has vivido durante mucho tiempo bajo la sombra de tus padres. Es momento de que dejes el nido y eches a volar. Es momento de que les demuestres que puedes defenderte por ti mismo. –Zoe mostró esa típica sonrisa que parecía hipnotizar a Ronny por completo–. Lo aceptarán tarde o temprano y las cosas volverán a ser como antes. Verás que sí.
Claro, era fácil decirlo, pero ¿cómo podría Ronny asimilar algo como eso de una forma tan simple? No parecía ser tan sencillo cuando se llevaba a la práctica, y Ronny justo ahora solo deseaba echarse a llorar por lo desdichado que era.
–Mi amor, eres fuerte. Has resistido los fuertes golpes de la vida durante quince años, has mantenido mucho en silencio. Puedes superar este golpe que te da la vida. Yo creo en ti. –La morena nuevamente acariciaba la mejilla de Ronny con extremo cariño, como si se tratara de una pieza arqueológica que mereciera un nivel de cuidado extremo–. Yo estoy contigo y seguiré aquí hasta el final de todo.
Como pudo se levantó, devolviendo la sonrisa a la chica de la que se había enamorado, una sonrisa triste y fingida que expresaba el enorme dolor que Ronny sentía. Limpió por fin su rostro y accedió a salir con su futura novia, quedando sorprendido al darse cuenta de que Zyan les esperaba fuera, reposando su cuerpo sobre el pequeño Volkswagen que le caracterizaba. Incluso resultaba curioso que siendo tan adinerado tuviese un sencillo auto de los años de su abuelo. Sea como fuera le resultaba incluso más extraño el continuo rostro serio del moreno. Era tan diferente a Zoe.
Ronny subió al vehículo en el asiento del copiloto por petición del mayor. No pasó mucho antes de que este comenzara a conducir. Era la primera vez que subía en un auto diferente al de su padre. Este siempre le llevaba a cualquier lugar, incluso si se complicaba en su horario, nunca le dejaba solo. Parecía que era la primera vez en la que tendría que valerse por sí mismo.
–Entonces estás saliendo con Zoe. –Los ojos de Ronny se abrieron al escuchar aquella afirmación. ¿Cómo había podido olvidar que estaba con el hermano mayor de la chica? Era evidente que ese tema saldría tarde o temprano–. ¿Cuánto tiempo llevan juntos?
–Hace tan solo un par de días. –Musitó el pelinegro sin ser capaz de ver a Zyan a los ojos–. No llevamos mucho tiempo.
–Pero incluso en tan poco tiempo han dejado una molesta evidencia en mi habitación. –El moreno alzó una ceja–. Eso sin contar el video que circuló por las redes. Incluso luego de ser eliminado sigue almacenado en algunos móviles de quienes les odian.
–Lo siento mucho. –Ya había cerrado los ojos dándose cuenta de que había metido la pata en su primera relación incluso antes de haberla comenzado.
–¿Lo sientes? –Zyan soltó una carcajada. Era la primera vez que Ronny le escuchaba reír y eso ocasionó que este levantara su rostro mirándole–. ¿Qué sientes exactamente? Nada ha sido tu culpa. Ha sido el chico rubio, ¿no? Entonces no necesitas sentirlo.
–Si… ha sido él. –Incluso hasta ese momento seguía teniendo dudas de aquella situación. Los mensajes de Hans continuaban apareciendo en su mente.
–Ronny, pareces ser un buen chico, pero tu debilidad me genera preocupación. ¿De verdad eres apto para mi Zoe? –Nuevamente Zyan sonaba serio. Un nivel de seriedad que conseguía asustar a Ron–. Te mantendré en observación, pero quiero que tengas en mente que si mis dudas incrementan, no tardaré en alejar a mi hermana de ti.
¿Eso había sido una amenaza? Era difícil de determinar, pero lo único que estaba claro era que Ronny no estaba dispuesto a perder a Zoe. Incluso si era necesario fingiría ser más fuerte con el fin de mantenerla a su lado. Si tan solo Hans no hubiese actuado de esa manera todo sería como antes, los tres como amigos, sus padres apoyando todo lo que esos chicos se proponían y extendiendo una mano al rubio ya que la necesitaba.
Pero la vida no siempre era como lo deseaban, ¿verdad?