Un par de días transcurridos en los cuales Hans no había conseguido dar con el paradero de su objetivo. Ni siquiera poniendo a sus chicos a vigilar la casa de esta conseguía siquiera ver un cabello suyo. Era frustrante parar Ronny saber que luego de acceder a aquello también estaba resultando en un absoluto fracaso. Simplemente molesto. El rubio, por su parte, se mostraba enfadado cada vez que debía responder de forma negativa ante las preguntas de su amigo. Deseaba hacer más, pero simplemente las cosas se escapaban de sus posibilidades.
Parecía como si la persona detrás de todo supiera exactamente lo que estaba ocurriendo para hacer desaparecer a la chica de sus garras… a no ser que fuese el mismo Hans quien estuviese manipulando la situación a su favor. ¿Era el caso?
***
Dos semanas transcurrieron de forma tranquila. La mayoría de los estudiantes del instituto evitaba a toda costa relacionarse con Ronny luego de conocer la amenaza de su amigo. Nadie deseaba tener algún tipo de roce con Hans. Valoraban su integridad física. No obstante, era el rubio quien también continuaba enfadado. Patricia se había transferido de escuela y seguirle el rastro fue incluso más complicado. Una búsqueda sin sentido a la que él mismo había decidido darle fin.
Este caminaba junto a Ronny rumbo a la salida del instituto. Su fiel compañera les pidió que se adelantarán ya que primero pasaría por el baño a retocar su maquillaje. Nada que ellos entendieran, a decir verdad. El atardecer era simplemente hermoso. Un cielo enrojecido adornado con esponjosas nubes cuyo movimiento era definido por el frío viento que advertía un cercano anochecer.
–¡Hey! ¿Harán algo mañana por la noche? –Zoe había alcanzado a ambos chicos y consiguió un espacio entre ambos, rodeándolos con sus brazos–. Zyan está de viaje y organizaré una fiesta en casa. ¡Tienen! ¡Que! ¡Venir! –La fuerza en la petición que hacía les dejaba en claro a los otros dos que habrían problemas si se negaban.
–No puedo. Tengo que ir a la disco. –Hans bostezó negando con la cabeza–. Me apetece poco ir a jugar a las muñecas contigo, Zoe. Sin ofender.
Ronny no pudo evitar soltar una audible carcajada. La chica, en cambio, los fulminó con la mirada a ambos.
–¿Jugarás entonces con los muñecos? No sabía que preferías un Ken en lugar de una Barbie. –Sí, allí estaba Zoe demostrando su verdadera malicia. Ella misma lo decía: Nunca perdía una batalla–. ¿Te asusta verte rodeado de muchas "Barbie", Hans? Si lo deseas puedes traer a tus "Ken". No hay problema.
¿Le importaba al rubio lo que estaba diciendo su amiga? Muy poco. Solía darle igual si los demás pensaban algo distinto a lo que realmente. O quizá no estaban tan lejos de la realidad. ¿Quién podría saberlo cuando se trataba de un sujeto tan reservado? La verdadera cuestión en todo esto era si el rubio asistiría o no a la fiesta de Zoe.
–¿Habrá algo en tu fiesta que capte mi atención? –Esta vez Hans decidió mirar a la chica de reojo.
–Alcohol, buena música y personas interesantes. ¿Te basta con eso? –Zoe alzó una ceja consiente de que eso sería suficiente.
–No garantizo que lleve a los míos. Son muy exigentes cuando se trata de fiestas y, además, tienen a ser volubles. –La castaña lo había logrado–. Sea como sea... ¿algún plan para hoy por la noche?
–¡Espera Hans! Ronny aún no responde a mi pregunta–. Los ojitos ambarinos de la chica parpadearon rápidamente mirando al pelinegro–. Entonces, guapo, ¿cuento contigo?
–Debo consultarlo con mis padres, pero dudo mucho que se nieguen cuando quedaron tan satisfechos contigo. –Zoe estaba emocionada, no podía negarlo.
–¡Fabuloso! Si ocurre algo puedo llamarlos personalmente. –Dejó un guiño antes de dirigirse a Hans nuevamente–. Lo siento, Hans, pero debo organizar algunas cosas en casa. Hoy no estoy libre.
Luego de despedirse dejando un beso en la mejilla para cada uno, desapareció cruzando la cuadra del instituto. Fue el rubio quien dejó salir un suspiro audible, consiguiendo que Ronny le mirara.
–Deberías estudiar para el examen de mañana. –Explicó con fastidio–. Además... no entiendo del todo la clase.
–¿No quieres volver a casa? –El mayor ya había sacado un cigarrillo y comenzaba a encenderlo–. Hans, deja de fumar.
–¿Por qué? –Lo encendió e inhaló la primera bocanada.
–¡Porque te hará daño! –Ah, el pequeño objeto había terminado en el suelo gracias al golpe de Ronny en la mano de su compañero. El segundo suspiró pisándolo finalmente.
–No, Ronny, no quiero volver a casa.
–Vayamos entonces a la mía. –Alzó los hombros. Una solución bastante rápida incluso para que Hans la procesara–. Puedo ayudarte con la clase y así obtienes una buena calificación.
Hans no podía quejarse por la manera en la cual Rita, Leonard y Ronny le trataban. Podía decirse que incluso se sentía más cómodo que en su propia casa... aunque cualquier lugar era mejor que su propio hogar, si es que así podía llamársele. Luego de la cena incluso le habían servido algo de postre y, a diferencia de la ocasión anterior, la conversación había fluido sin avergonzar al joven de la casa.
–Gracias por su hospitalidad. –Era la tercera vez en la noche que el rubio decía aquella frase.
Una vez que la cena llegó a su fin, Ronny llevó a Hans a su habitación. Era la primera vez que este estaría allí, ya que cuando Zoe estuvo con ellos se habían quedado a dormir en una habitación de huéspedes por cuestiones de seguridad. No obstante esta vez sería diferente.
Los ojos del rubio se movieron por toda la habitación tan pronto como cruzó la puerta. Vaya, sí que era un lugar digno de anhelar. Las paredes resaltaban en un brillante blanco mientras una sola contrastaba con un vinotinto que cambiaba la apariencia del lugar. Era el tercer TV gigantesco que Hans veía en aquella casa. Ni siquiera él podría ostentar solo uno en la suya. Sin embargo llamó su atención –entre muchas otras cosas– la enorme cantidad de posters colgados en una de las paredes. Una biblioteca destinada a cajitas con el mismo logo y algunas otras cosas.
–¿Eres fan de la música china? –Preguntó frunciendo el ceño mientras detallaba los afiches.
–Coreana, –corrigió el menor de los dos–, y sí, soy fan.
Hans estaba un poco intimidado en aquel lugar. Era extraño ver a un sujeto tan prepotente y confiado encontrarse indefenso y asustado, como un pequeño ratón. Ronny le miró alzando una ceja antes de permitirse soltar un bufido y acercarse hasta él.
–Descuida, no suelo practicar el canibalismo. –Se burló palmeando su hombro–. Relájate. Imagina que estás en casa y solo sé tú mismo.
Dicho esto el pelinegro tomó su toalla y entró al baño. Era el momento de tomar una ducha. Hans, en cambio, dejó su mochila en el suelo y comenzó a recorrer aquel lugar, observando con detenimiento cada pequeño detalle frente a sus ojos. Algunas fotos reposaban en las repisas, recuerdos donde apreciaba a un Ronny bebé, otras mostraban al chico con sus reconocimientos por los logros obtenidos… ¿Logros? La siguiente exhibición hizo que el rubio tragara saliva. ¿Cuántas placas, trofeos y medallas habían en aquella pared? Todas evidenciando cada vez más que se trataba de un joven prodigio.
–¿Qué haces en este curso? –Preguntó al aire detallando a lo que pertenecía cada premio–. Deberías estar en Harvard.
Hans era muy diferente a Ronny y tras cada cosa que conocía se daba cuenta de que había entrado a un mundo completamente diferente, uno donde él era un simple insecto y el resto le miraría desde arriba. Porque sí, el rubio no podía presumir familia, dinero ni mucho menos algún don de inteligencia. Simplemente era bueno intimidando a algunos… y últimamente hasta en eso fallaba. ¿Qué estaba haciendo allí? Ese no era su lugar en el mundo.
–No siempre los dones innatos son la solución para vivir feliz. –La voz de Ronny lo sacó completamente de sus pensamientos, sobresaltándolo–. Mírame a mí, tengo mucho pero a la vez nada. –El pelinegro secaba su cabello mirándose frente al espejo… si es que algo podía ver sin sus anteojos–. A decir verdad he pensado una y otra vez que estoy rodeado de personas que no son mi tipo, pero… ¿por qué pensar en desigualdades cuando realmente ambos somos personas con los mismos derechos? –Hans estaba perplejo. ¿Le estaba leyendo la mente?–. A juzgar por tu mirada, estabas pensando en algo parecido, sin embargo no deberíamos perder el tiempo en esas cosas. Somos amigos, ¿no?
La mandíbula del mayor amenazaba con fracturarse debido a la fuerza con la que era apretada. Sus puños resaltaban las venas brotadas gracias a la enorme fuerza ejercida en estos. ¿Eran amigos? ¿Hans se podía considerar a sí mismo amigo de alguien? Más importante aún ¿alguien podía ser realmente amigo de Hans? Era extraño para este escuchar algo como eso. Las categorías regían el mundo, por lo que se le hacía difícil pensar en una amistad sin ellas.
–Ni siquiera tus padres aceptarían que seas amigo de alguien como yo. –El rubio bufó negando con la cabeza–. Soy una mala influencia para ti, y lo sabes.
–Ya lo conocen. –Se detuvo, notando como la sorpresa invadía a Hans completamente–. Les he contado sobre ti y no existe problema. Así que deja de mortificarte por cosas sin sentido, ¿vale?
Una toalla voladora aterrizó a toda velocidad en el rostro de Hans, ocasionando que este soltara una palabrota sin pensarlo. Ambos echaron a reír antes de que Ronny recibiera una amenaza por parte del otro.
El momento de estudiar llegó y ambos tomaron rumbo a ello. Resultaba sorprendente lo mucho que Hans había mejorado en poco tiempo. Incluso sus calificaciones se elevaban con rapidez sorprendiendo a muchos profesores. Ronny lo pudo notar en ese momento: ayudar a Hans fue una de las mejores cosas que hizo. No existía algo mejor que enseñar a alguien y ver una mejoría tan rápida y, por supuesto, el panorama cambiaba cuando se trataba de su propio amigo.
Hans, por su parte, había conseguido destruir su frustración frente a los estudios y podía darse cuenta de que si era capaz de aprobar su año escolar. Recuperaba lentamente parte de su determinación, y eso era más que suficiente para que tuviese esperanza.
Casi era medianoche cuando terminaron de estudiar y ambos habían accedido a jugar en la consola de Play Station 5 que Ronny tenía en su habitación. Era la primera vez de Hans usando una de estas. Solía jugar con la 2 que tenía uno de los chicos de su banda. ¿Cuánto tiempo se habían quedado jugando? Ninguno de los dos se interesó en mantenerse al tanto de la hora, pero cuando el pelinegro revisó su celular saltó espantado: Eran las 3 AM.
Dormirían en la cama del dueño de aquella habitación, así que no tardaron en acomodarse en esta. Hans estaba junto a la ventana. Sus ojos permanecían fijos en el cielo estrellado que rara vez podía ver en casa. Le era imposible no mostrar una leve sonrisa luego de observar la Osa Mayor. Si, el rubio había estudiado las estrellas y las conocía. Quizá era lo único que conocía muy bien por su propia cuenta.
–Hans… hace unos días te hice una pregunta que no has respondido. –La voz de Ron era gruesa–. Sigo esperando saberlo.
–¿Estás seguro de querer conocer sobre mi pasado? Quienes lo descubren acaban muertos en el basurero. –Soltó junto a un bufido.
–Entonces debería escribir mi última voluntad. –Ambos rieron.
–Nunca suelo hablar de mi pasado, pero creo que haré una excepción… porque eres mi amigo.