¿Cómo había transcurrido aquella noche? Incluso habían jugado a Verdad o Reto mientras escribían con la única regla de que no tendrían contacto físico más allá de un abrazo ya que necesitaban terminar su trabajo. Eso sin contar las reglas de la casa en la cual se encontraban. Decir que habían dormido cuatro horas era exagerar en tiempo extra. El informe les generó mucho más trabajo del que cualquiera de los tres pudo imaginar, pero más difícil para ellos fue conseguir que Hans se decidiera a colaborar. Definitivamente era un hueso duro de roer.
Comenzando con una sencilla investigación asignada a Hans la cual fue seguida de la transcripción de gran parte del informe. Quizá Ronny y Zoe trabajaban en complot para enseñar a su flojo compañero el valor de un buen trabajo o quizá simplemente ellos estaban demasiado ocupados con otros asuntos... nunca lo sabremos, lo cierto es que el rubio no paraba de quejarse por la cantidad de asignaciones que tenía. Una y otra vez decía que era el trabajo más difícil de su vida. Los otros dos no dejaban de burlarse de él.
Envoltorios de golosinas y botellas vacías de gaseosas se encontraban amontonadas en un rincón. Fue el primer lugar en ser alcanzado por los rayos del sol que entraba por la ventana de aquella habitación. Ronny abrió los ojos con pesadez, estirándose sobre la cama. Sus dos invitados seguían rendidos. Bufó ligeramente. Hans parecía estar en un maratón tomando en cuenta la posición en la que dormía. Zoe era una dama, por lo que se veía mucho más "normal".
La puerta sonó. Estaba claro de que se trataba de Rita en su visita matutina para despertar a su hijo, aunque esta vez se cohibió de entrar.
–Estoy despierto, mamá. Bajamos en un momento. –Talló sus ojos incorporándose por fin. Los otros dos chicos también habían despertado. Ronny bufó–. A juzgar por como duermen cualquiera diría que son tan santos como los ángeles. Buenos días.
–Dejemos a los ángeles en el cielo. –Respondió Hans abriendo los ojos con pesadez. Estiró su cuerpo antes de sentarse–. Prefiero que me llamen demonio en lugar de ángel.
De forma impulsiva el rubio quitó su camiseta mientras se levantaba. Tomó a Zoe por sorpresa, razón por la cual esta no pudo ocultar su sorpresa. ¿Tapo sus ojos? Vamos, la castaña era más bien de las que apreciaba una buena figura y Hans era una pieza digna de admirar. Un abdomen ligeramente marcado, pecho definido el cual evidenciaba una buena rutina de ejercicios... y cómo podía pasar por alto los gruesos brazos que presumía. Ah, vaya que el rubio ocultaba más de lo que aparentaba.
Ronny, en cambio, comenzó a contar la cantidad de cicatrices que mostraba su torso desnudo. Una bajo la segunda costilla, otra en el hombro izquierda, una tercera en el mismo brazo, la cuarta en el costado derecho, número cinco en su pecho...
–¿¡Es que nunca han visto a un hombre, o les gusto!? –La pregunta sobresaltó a ambos y estos simplemente soltaron una carcajada–. ¿Quieren que también me quite el pantalón? Puedo hacerlo si lo desean.
–No.
–Si.
Las respuestas contradictorias de Ronny y Zoe simplemente hicieron que el rubio rodara los ojos una vez más. Definitivamente se estaba asociando con personas muy opuestas a él.
–Ron, tomaré prestada tu toalla. Espero que no te moleste. –Se retiró al baño sin mirar atrás.
La rutina comenzó incluso con la compañía de aquellos para, eventualmente ser llevados por Leonard a clase. El semblante de ambos progenitores parecía estar mejor al ver que su hijo si había hecho amigos. Muy probablemente no llegaron a notar el peculiar comportamiento de estos, pero de igual manera ese era, a su opinión, un problema secundario, ya que el principal era conseguir que Ronny se asociara con alguien en el instituto.
Tan pronto el pelinegro bajó del auto y se despidió de su padre echó a andar. ¿Cuánto tiempo tardó en darse cuenta de que era el blanco de todas las miradas? Muchos cuchicheaban y negaban con la cabeza al mirarle. Zoe parecía algo tensa debido a aquello mientras que Hans estaba acostumbrado a que comentaran cosas de él a sus espaldas porque, claro estaba, de frente no podían hacerlo a menos que desearan irse a casa con un moretón en la mejilla.
–Parece ser que hoy somos la comidilla del instituto. –Hans llevó ambas manos a su nuca mientras caminaba–. Por supuesto que no es nada nuevo para mí. Solo ignóralos, Ron.
–Creo que más importante que ignorarlos o no, es saber lo que está pasando. –Soltó la castaña con intriga–. No es común ver a tantas personas unidas de esta forma.
Entraron a su respectivo salón y el escenario no fue diferente. Allí estaba la chica del día anterior, Patricia, mirando a Ron con una sutil sonrisa saturada de maldad. ¿Tenía ella que ver algo con los comentarios que todos hacían entre ellos? Zoe fue la primera en sentarse y tomar su celular. Si algo estaba pasando a ese punto era más que evidente que estaría en la página de la escuela. Era el foco principal de chismes y escándalos.
–¡Demonios! –Su mirada se alzó repentinamente mirando perpleja a Ronny–. No sabía que fueras de hacer este tipo de cosas, Ron.
Tanto el pelinegro como el otro se acercaron al celular y fue entonces cuando el video llegó a su conocimiento. Uno donde claramente se veía la conversación que este había tenido con Patricia la tarde anterior justo antes de entrar al baño siendo seguida de ella. Pero ese no era el problema. La verdadera fuente de todo el malentendido se trataba de lo que esta sostenía en sus manos. Ese pequeño empaque cuadrado que hizo que la mirada de Ronny se levantara hacia Patricia, quien continuaba hablando con sus amigas.
–¿Están haciendo un escándalo porque Ronny se fue a disfrutar unos minutos con esa chica? –Hans soltó una leve carcajada–. ¡A ver, a ver! ¿¡Acaso ahora todos nos haremos los santos!? ¿Dirán que nunca han tenido sexo en sus vidas? ¡No sean ridículos!
–¡HANS! –El grito de Zoe fue incluso más fuerte que la voz de este–. Deja de ser impulsivo por un momento y lee lo que dice la publicación. –Estaba enfadada, muy enfadada.
“¿Acostarse con alguien por dinero? Sí, es cierto que eso rebaja los valores de una chica, ¿pero qué pasa con quien ofrece dinero para pasar un momento de placer? La verdad oculta detrás del niño rico recién llegado. Si no creen a esto entonces pueden preguntarle a la implicada, quien está etiquetada aquí. Las conclusiones quedan a su criterio, pero Ronny Quintero es un completo morboso.”
Era la primera vez que el pelinegro pasaba por un escándalo de este tipo. Estaba acostumbrado a ser agredido de forma física y a siempre tener corrector en su bolso para cubrir hematomas y algunas heridas… pero esta vez su reputación estaba siendo aplastada y la etiqueta de “sucio” no se podía cubrir con su amado corrector. Los puños del chico se apretaban con impotencia frente a aquella situación tan complicada para él. ¿Quién había grabado aquello? La publicación estaba hecha por un famoso “Anonimus06”, por lo que ni siquiera podía saber a quién reclamar.
Salió del momento de trance al oír un momento de algarabía en el aula. Hans se había movido de su lado de forma fugaz y ahora estaba sosteniendo por la camisa a Patricia, acorralándola en una de las paredes con fuerza. El rubio solía atacar a personas que se metían con él, pero reconocido por su lema de “cada uno se defiende solo”, evitando involucrarse en asuntos relacionados a alguien que no fuese él, lo que excluía a su propia pandilla. Pero allí estaba, adentrándose en una situación del alguien externo. Todos estaban perplejos.
–Eres una perra mentirosa. –Siseó entre dientes, enfadado–. ¿Has sido tú quien publicó esta basura? ¿De dónde has sacado semejante mentira?
–Si crees que te tendré miedo por ser quien golpea a otros estás muy equivocado, Hans. –La voz de Patricia era firme incluso en aquella situación–. No sé quién ha hecho la publicación, pero nada de lo que allí dice es falso. Tu amigo se ofreció a pagarme por tener sexo con él. Decidí no aceptar justo cuando ya estaba a punto de comenzar porque tengo principios y dignidad. Por eso se fue enfadado. –Una sonrisa apreció en los labios de la pelinegra–. ¿Qué pasa? ¿Te molesta saber que tu amigo es un pervertido?
–Hans… Hans suéltala –era Zoe quien llamaba con cautela–, por favor. Solo se agravará más la situación.
Murmullos, gritos ahogados y otras reacciones fácilmente se podían resumir en lo que sumía aquel salón de clases: Tensión. ¿Agrediría Hans a Patricia por testificar en contra de su amigo? ¿Quién de los dos estaba mintiendo? Sea como fuera, la pelinegra tenía una evidencia en manos y eso dejaba a Ronny en clara desventaja.
–Buenos días. –El saludo de la directora del instituto rompió aquel nivel de tensión. La mujer de cabellos blancos escaneó el aula con su mirada captando por completo lo que ocurría.
–Buenos días, directora Rosa. –Saludaron a coro los estudiantes.
–Ronny Quintero y Patricia Herrera, conmigo a mi oficina. –La mujer se dio la vuelta dispuesta a salir, pero no se movió–. Hans Estrada, tan pronto como acabe con ellos tendremos una charla.
Si, Ronny estaba en graves problemas.