¿Idiota?

1985 Palabras
            –De alguna manera pareces estar más radiante hoy, cariño. –Los ojos de Rita permanecían montados sobre el alegre semblante de su hijo, quien tomaba su desayuno como de costumbre–. ¿Algo que no nos hayas contado?               –Mmmm no es nada. –La sonrisa de Ronny decía lo contrario–. Solo que ayer fue un buen día –culminó volviendo la vista hacia su cereal para seguir comiendo.               ¿Cuál podía ser la mayor satisfacción para ambos padres, a no ser que su hijo irradiara felicidad? Tanto la mujer como su marido se miraron a los ojos con una sonrisa en su rostro. Quizá su idea de mudarse de hogar había funcionado. Ambos recordaban la mala experiencia vivida por su unigénito y era evidente que necesitaban tomar acciones al respecto.               Leonard dejó a su hijo en la escuela como era costumbre, recordándole que se portara bien y sacara las mejores calificaciones de la clase. Ronny parecía fastidiado de que diariamente le repitiera lo mismo, por lo que un gesto con su mano bastó como respuesta. De inmediato fue interceptado por Zoe, quien lo sujetó del hombro llegando a su lado.               –Buenos días, chico misterioso. –Le saludó con ojos bien abiertos               –Buenos días, chica parlanchina. –Ambos rieron y fue el pelinegro quien negó con la cabeza.               La primera clase del día era química y ya sabían que debían dirigirse al laboratorio. Entraron juntos a este y Ronny sabía a dónde iría a sentarse. El chico tenía la costumbre de quedarse en un solo asiento durante todo el año escolar. Resultaba ser su puesto fijo asignado por él mismo. Era evidente que Zoe no se quedaría atrás, por lo que le siguió para sentarse a su lado nuevamente.               El pelinegro dejó el bolso sobre la mesa y se sentó… para de inmediato soltar un fuerte grito de dolor que captó la atención de todos los alumnos en el laboratorio. Tocó la parte trasera de su pantalón sintiendo la humedad en esta. ¿Sangre? Fue entonces cuando vio la pequeña chinche colocada en su silla.               –¿Estás bien? –Zoe parecía preocupada. De inmediato tomó el pequeño objeto–. ¿Quién demonios ha hecho algo tan cruel?               Las risas del resto de los estudiantes comenzaron a oírse, algunos de ellos señalando el pantalón manchado de rojo que ahora llevaba Ronny. El pelinegro tragó saliva sintiendo como parecía ser un capítulo que se repetía. Ardía. Ardía mucho pero su frustración era incluso mayor. Zoe le hablaba pero este no le escuchaba. Estaba enojado, triste, decepcionado.               –¡Agh! ¡Maldita sea! ¡Deberían dejar de burlarse de un pobre chico que está siendo molestado! –Cabellos rubios, ojos azules y un uniforme desarreglado. Un suspiro se escuchó en la sala antes de que todos guardaran silencio. El chico se acercó a Ronny–. No sé quién demonios ha hecho semejante estupidez, pero le daré su merecido.               –No necesitas hacerlo –habló por fin el pelinegro– solo ignora esto y también ignórame a mí.               –Ah, vamos, basta con las víctimas que existen en los noticieros para que también te conviertas en una más. –El rubio se sentó junto a Ron, justo al lado opuesto de Zoe–. Mi nombre es Hans. ¿Quién eres tú?               –Recuerdo haberme presentado en clase de matemáticas. –El pelinegro suspiró sentándose luego de comprobar que no hubiese algo más en la silla–. Deberías saberlo.               –Por supuesto que lo escuché, pero esperaba una presentación más formal. –Hans se acomodó en la silla sin quitar su mirada del chico–. ¿Entonces?               –Soy Ronny. Lo demás ya lo sabes. –El pelinegro acomodó sus cuadernos con rostro serio. La herida ardía aún, pero no haría un escándalo por algo como eso. Ya lo vería luego               ¿Estaba exagerando? ¿Debía ver aquello como una simple broma de mal gusto? Era un estudiante de secundaria, resultaba evidente que sus compañeros, quienes tenían la misma edad que él, tendrían la inclinación a realizar acciones similares. ¿Pero quién lo había hecho? Zoe y el nuevo sujeto, Hans, parecían preocupados a su manera por lo que le estaba ocurriendo, pero Ronny tampoco tenía muchas ganas de hacer un alboroto por semejante suceso.               –¿Vamos a la oficina del director? –Preguntó la castaña mirando a su compañero a los ojos–. Las cámaras de seguridad pueden decir quién ha sido.               –Un par de cliques y tendremos al culpable. –Intervino Hans colocando ambos pies sobre la mesa–. ¿Quieres que te acompañe también? Fui testigo de lo que te ocurrió.               –Paso. –Concluyó el chico de gafas acomodándolas sobre su rostro–. Solo ha sido una broma de mal gusto. Además, tenemos clases de química.               Con un gesto señaló a su siguiente profesora, la apodada “Troncha toro” por el mal genio que siempre la caracterizaba. Quizá no era muy buena idea buscar el carácter de esta con un sencillo caso de una chinche.                                                                                           ***               –Odio los exámenes de química. –Hans no dejaba de quejarse mientras los tres se dirigían al comedor–. ¿Por qué demonios debía ser un examen sobre elementos químicos? Es demasiada teoría para mi pobre cerebro inexperto.               La pregunta para todos es… ¿qué hacía Ronny en compañía de dos personas? Pues, una vez que este había dicho que iría a comer, Hans se dio a la tarea de insistir hasta que el pelinegro le permitió acompañarles. Aún no estaba seguro de qué tipo de persona era Hans, pero llegados a este punto almorzar en compañía de alguien mas no parecía un mal plan.               Había optado por amarrar un suéter en su cintura para ocultar la mancha roja que quedaba como resultado de la pequeña pero profunda herida que tenía en el muslo y tampoco ayudaba el usar un pantalón color beige como parte del uniforme.  Su pierna cojeaba ligeramente ya que continuaba doliéndole. Prefirió no dirigirse a enfermería ya que allí tendría que dar explicaciones y las cosas podían hacerse más grandes.               –Es un objetivo bastante sencillo. –Intervino Ronny por fin sin mirar a su compañero. Habían entrado al comedor y era Zoe quien lanzaba su mirada a todos lados en busca de una mesa desocupada.               –Podemos sentarnos por allí. –Esta tomó la delantera sin esperar a los otros dos y aseguró su asiento–. ¿Por qué tardan tanto? –Desde allí podía ver a los otros dos avanzar lentamente.               –¿Sabes de química? Jo… ¿me ayudas? –El rubio por un leve instante pareció ser más inocente de lo que su energía indicaba comúnmente–. No deseo que mi primer examen resulte reprobado.               –¿No deberías estudiar entonces? No soy un experto en química como para enseñarte las clases. –Ronny se adelantó notando como Hans suspiraba quedándose un par de pasos atrás–. Aunque si pones de tu parte puedo ayudarte. Pero tendrás que estudiar.               –¡Lo prometo! –Accedió apresurándose hasta llegar al paso de Ronny.               Los tres se encontraban ahora en la mesa. Hans y Ronny uno junto al otro y frente a ambos estaba Zoe. Una comida en grupo donde todos se permitieron contar cosas sobre cada uno y, en momentos, soltar carcajadas por extraños sucesos que relataban. Un vínculo peculiar que lentamente nacía entre un sujeto categorizado como rebelde, otro estudioso y una linda chica parlanchina.               –¿Y qué decir del episodio de hoy? –Hans rio levemente mirando al pelinegro–. “La chinche en la silla”. –Se burló negando con la cabeza–. En serio me habría gustado saber quién lo hizo para hacerle comer su propia broma               –¿Para qué? Es obvio que nadie delataría al culpable y eso solo pudo crear peores situaciones. –Ronny suspiró terminando por fin su almuerzo. Hans alzó una ceja mirándole con ojos entrecerrados–. No tiene sentido.               –¿Siempre eres así? –Zoe le miraba con detenimiento–. ¿Tan precavido? ¿Tan perspicaz?               –¿Tan idiota? –La pregunta de Hans hizo que ambos le miraran atónitos. El rubio resopló fastidiado–. Mientras muestres un rostro de nerd que nunca toma acción contra quienes inician una guerra seguirás siendo la víctima y el afectado, Ronny. –Sus palabras eran duras, sin una pizca de afecto–. ¿Cuánto tiempo te han estado ocurriendo estas cosas? Porque a juzgar por tu rostro… llevas una vida entera siendo la estúpida presa que solo sabe llorar y lamentarse.               El silencio se apoderó de aquella mesa, siendo Ronny quien bajaba su cabeza sin siquiera dejar sonido en su respiración. ¿Era mentira lo que el rubio había dicho? Incluso él sabía que no lo era. Probablemente le faltaba valentía. Posiblemente era demasiado cobarde como para intentar tomar represalias frente a quienes una y otra vez le hacían daño… ¿eso lo hacía alguien idiota? Era la primera vez que alguien le decía semejante cosa.               –Hans… –Zoe mantenía los ojos abiertos sin saber qué hacer– creo que…               –¿Qué? ¿Te preocupa que el rarito vaya a hacer o decir algo contra mí? Míralo, ni siquiera es capaz de levantar la cabeza. –Hans se acercó al pelinegro, quedando a la altura de su oído–. Puede que sea malo en los exámenes, pero tengo buen ojo para identificar a un idiota. Y tú, amigo mío, presentas todas las características de uno. –Bufó ligeramente volviendo a su posición–. Admítelo, Ronny. Necesitas ayuda con eso.               Ron tragó saliva. ¿Necesitaba ayuda con eso? ¿Tenían algo de cierto las palabras de Hans? Todo comenzaba a volverse muy confuso para Ronny, pero lo que sí tenía claro era que la maldad en sus palabras era inexistente. Parecía desear ayudarlo de forma sincera.               El timbre sonó. Era momento de la siguiente clase y dos de los tres chicos se levantaron tomando sus cosas.               –Adelántense –habló por fin el pelinegro– iré en un momento.               –Nuestro rarito necesita tiempo para pensar. –Se burló Hans rodando los ojos para luego palmear su hombro un par de veces en un gesto que Ron no consiguió identificar–. Vamos, Zoe. Tenemos clase de literatura.               –No tardes. Guardaré tu asiento.               Ambos tomaron rumbo al aula. Hasta cierto punto Zoe se sentía culpable por dejar al pelinegro en aquel lugar en semejante estado. Era evidente que no estaba bien.               –¿Por qué has hecho eso? –Preguntó la chica con ojos entrecerrados.               –¿Acaso le he mentido? –Hans negó con la cabeza–. Vivir en una mentira para muchos es cómodo. Lamentablemente odio fingir algo que no soy… y amabilidad es la cualidad de la que carezco, mientras que rebozo de sinceridad.               –Habían mejores maneras de ayudarlo. –Zoe mordió su labio–. Estaba pensando en alguna.               –Pues ahora te he ahorrado el tener que pensar y, además, nos he ahorrado tiempo a todos. –Soltó el rubio orgulloso–. Si él desea dejarse ayudar, accederá de inmediato. De lo contrario preferirá enfadarse con nosotros.               Mientras tanto la cabeza de Ronny no dejaba de dar vueltas. Recordaba cada uno de los golpes que recibió una y otra vez en el pasado, los chantajes, mesadas perdidas y la infinidad de cosas por la que había pasado. Nunca habló. Siempre solía pensar que sería un absoluto desperdicio, que simplemente conseguiría que los demás arremetieran contra él de peores maneras y sería una batalla perdida               ¿Eso lo convertía en un idiota? Hans había dado en un punto fundamental: Su forma de pensar nunca lo había ayudado. ¿Necesitaba un cambio?
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