¿Desconfiable?

1420 Palabras
Las clases habían culminado y durante el resto de la tarde el pelinegro se había mantenido en absoluto silencio. Para Zoe era una advertencia de que no le molestaran ya que, de alguna manera, estaba disgustado por lo anterior. Le comprendía y pensaba que al día siguiente las cosas podrían ir mejor. Ronny esperó a su padre en el lugar de costumbre y, una vez dentro del auto, tomó sus auriculares y los colocó. Tan pronto sacó su celular del bolsillo, Leonard escuchó algo caer. Miró de reojo hacia el suelo del auto sintiéndose un poco aturdido por el cambio de actitud de su hijo. La pequeña esquina de un empaque se dejó ver, pero estaba manejando, no era adecuado tomarse el tiempo para recogerlo. Tampoco podía hablarle al joven ya que llevaba la música a todo volumen. Una vez en casa estacionó el vehículo y, de la misma manera como su hijo había subido, bajó. Sin decir una sola palabra y con mirada llena de amargura. El mayor extendió su brazo con el fin de tomar lo que Ron había dejado caer… pero sus ojos simplemente se abrieron con sorpresa al darse cuenta de aquello. –R…Ronny –suspiró negando con la cabeza–. Así que se trata de esto. *** La hora de la cena llegó bastante rápido y la mirada de Leonard no se apartaba de sobre Ronny. –¿Qué tal la escuela hoy? –Tomó su copa y dio un trago–. ¿Alguna novedad? –¿Esas preguntas no corresponden al desayuno de mañana, papá? –El pelinegro no miraba a su progenitor. Seguía extrañamente molesto. –¿Ron? ¿Pasa algo? –La dulzura característica en la voz de Rita arropó a su pequeño–. En la mañana parecías muy alegre, pero ahora algo te molesta. Podemos verlo. –Estoy bien, mamá. –Inexpresivo, obstinado… –¿Con quién ha sido? –La voz de Leonard se tornaba cada vez más severa, obligando a su hijo a levantar el rostro–. Si no me lo cuentas entonces tendré que preguntarlo. –¿De qué hablas, cariño? –Rita alzó una ceja. –Se ha acostado con alguien. –La mirada de su madre rápidamente se montó sobre el chico–. ¿No es así, Ronny? –¿¡De qué estás hablando, papá!? –El pelinegro se levantó de la silla claramente enfadado–. ¡No es algo con lo que deberías jugar! La mano del mayor se levantó sobre la mesa, dejando ver el empaque del preservativo abierto con su contenido usado. Lo tomaba con escrúpulos incluso teniendo un guante que cubría su piel. –Lo has dejado caer en el auto, Ronny. –Leonard sentenciaba con cada palabra que expulsaba–. ¿También dirás que...? –¡ESO NO ES MÍO! –Gritó el menor horrorizado ya que algo como eso jamás se había pasado siquiera por su cabeza–. ¡No es mío! ¡Lo juro! *** ¿Estaba pasando de nuevo? Su cabeza parecía perdida una vez más, separada completamente de su cuerpo como si tuviese vida propia. Se encontraba sentado frente a Hans, explicando lo relacionado al examen de química, pero este no paraba de preguntarle sobre lo que le ocurría. Era evidente teniendo en cuenta el estado de su rostro: ojeras bastante marcadas por no dormir la noche anterior, su uniforme estaba ligeramente arrugado y los lentes empañados. La noche anterior la charla con sus padres se había prolongado mucho más de lo que él mismo hubiese deseado. Explicando una y otra vez que él no era el dueño de semejante basura. Nunca se había pasado por su cabeza realizar tal cosa cuando sus verdaderas prioridades eran estudiar. Tanto Leonard como Rita se miraban a los ojos antes de volver a preguntar lo mismo una vez más. No le creían, Ronny lo sabía y, a pesar de que habían decidido confiar en él, sabía que en el fondo seguían dudando. Un golpe bastante fuerte para su estabilidad, a decir verdad. No esperaba que incluso sus propios padres pensaran que él hacía semejantes cosas. Ambos decían que era normal, pero la decepción transpiraba por sus poros. Definitivamente estaban disgustados con todo aquello. ¿Quién había sido? ¿Quién había dejado en su bolsillo tal cochinada? –¡Hey! ¡Espabila! –Hans dio una fuerte palmada sacando a Ron de sus pensamientos–. Llevas horas con tu alma vagando en el tercer mundo. ¿Qué demonios te pasa? –No es nada, descuida. –El pelinegro suspiró volviendo su vista hacia el libro–. Debes aprenderte los elementos de la tabla periódica para avanzar… –No lo haré. –Hans captó de inmediato la atención de su tutor–. No hasta que me digas lo que está pasando. Dudo que se trate de mis palabras de ayer. Zoe alzó la vista desde donde estaba, revisando su celular en la mesa de al lado mientras los otros dos estudiaban, pero la conversación pasaba a un interés común, por lo que rápidamente guardó el móvil y prestó atención. Se levantó y procedió a sentarse junto a Ronny, mirándolo con su cabeza levemente inclinada. –No sé lo que tienes entendido por “amigo”, Ronny, pero a mi opinión es alguien que se apoya en las buenas y en las malas. –Los ojos del rubio se entrecerraron y su mirada se tornaba un poco atemorizante, eso sin contar que su voz parecía regañarle–. ¿Qué diablos te pasa? Ron suspiró audible y profundamente debatiéndose por primera vez en mucho tiempo sobre si era buena idea explicarles lo acontecido o simplemente seguía manteniendo el silencio. A ninguno de los dos les conocía realmente, pero por lo menos estaban a su lado demostrando cierto nivel de apoyo ¿verdad? El pelinegro sacó su celular del bolsillo y comenzó a enseñarles las fotos de lo que había salido de su bolsillo, seguido de los mensajes de recordatorio que seguían enviando sus padres: “Recuerda que aún eres un niño, Ron” “Termina tus estudios antes de comenzar a pensar en eso, por favor. No olvides que eres un ganador” Los dos externos estaban perplejos, tanto que por un pequeño instante el silencio reinó en aquella mesa. Hans fue el primero el soltar un silbido seguido a un sonido de asombro. Bufó palmeando el hombro de Ron un par de veces antes de mirarle directamente a los ojos. –¿Has sido tú el señor picarón? –Alzó una ceja mostrando un rostro coqueto–. No conocíamos esa faceta de ti, rarito. –¡Que no es mío, j***r! –Ron apretó los puños con fuerza–. Alguien lo ha dejado en mi bolsillo. No pude darme cuenta del momento en el cual pasó. Zoe y Hans se miraron nuevamente. El rubio fue el primero en adoptar una fingida pose analítica antes de bufar. Era evidente que para alguien como él no sería un problema averiguar quién había sido. –No piensen en hacer algo porque ya basta con lo que ha ocurrido en casa. –Intervino el implicado de inmediato–. No quiero más problemas. –Nunca te pregunté si querías que descubriera algo, rarito. –El rubio se levantó acomodando sus cabellos que caían sobre su rostro–. Puedo hacer lo que quiera cuando quiera. Me despido por el momento. Nos vemos en clase. –¡Hans! ¡Espera! –El chico ignoró los llamados de Ronny desapareciendo de la vista de ambos–. ¡Demonios! Esto solo causará problemas. –O quizá te ayude a limpiar tu nombre. –Zoe fue quien intentó calmarle con una sonrisa en rostro–. Déjanos ayudar. Hasta ahora tus métodos solo te han traído problemas. Podemos ayudar. –Voy al baño. –Soltó evadiendo el asunto–. Vuelvo en un momento. Se levantó tomando rumbo a dicho lugar. Zoe simplemente dejó salir un suspiro negando con la cabeza para luego tomar su bolsito de maquillajes y comenzar a retocar el mismo. Lo cierto era que la chica resultaba bastante coqueta y dedicada con su arreglo personal. Solía usar prendas seleccionadas para resaltar su belleza. Quizá por ello no se quería asociar con muchos de su clase, solo intentaban salir con ella. Luego de aplicar el labial escuchó su celular sonar. Sonrió al ver el número que le llamaba y rápidamente respondió.
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