¿Traidor?

1839 Palabras
Ronny, mientras tanto, había llegado a los baños de chicos. Entro con acciones mecánicas como si de un zombi se tratara y se dirigió a los urinarios, donde realizó lo necesario para vaciar su vejiga. Volvió hasta los lavamanos y allí se detuvo mirándose al espejo. Alzó una ceja viéndose a sí mismo. –Rayos, Ron… sí que pareces un indigente. –Se dijo a sí mismo negando con la cabeza. Quitó sus lentes y rápidamente los limpió. Sacó de su bolso una pequeña barrita de corrector (sí, solía llevar una para cubrir sus ojeras) y aplicó un poco como de costumbre y, finalmente acomodó ligeramente su cabello. No podía arreglar el hecho de que su ropa estaba arrugada, pero al menos mostraba un mejor semblante frente al resto. Salió del baño sin dejar de pensar en las palabras de Zoe, sin embargo la extraña voz de una chica le sacó de sus pensamientos. Ni siquiera había soltado la perilla de la puerta del baño antes de mirar a la pelinegra que se le acercaba. La había visto antes, era de su clase, pero nunca se molestó en dar atención a esta. –¿Podemos hablar un momento? –La mirada de esta iba directa hasta los ojos contrarios–. Me llamo Patricia, antes de que lo preguntes. –¿Sobre qué deseas hablar? No te conozco, por lo que no creo que tengamos algo que discutir. –Era cierto, Ronny no conseguía algo que hablar con ella. –¿Te parece suficiente si te digo que tengo información sobre lo que ocurrió ayer? Los ojos del pelinegro se abrieron como platos al escuchar a alguien más que conocía su situación ¿Hans se lo había dicho? ¿Zoe? ¿Cómo había llegado a los oídos de esta? Sea como fuera lo que Patricia decía captaba su interés y no dejaba de pensar en que necesitaba dejar de intentar actuar como idiota y buscar a quien estuviera detrás de esto. –¿Qué tienes que decirme? –Preguntó por fin Ronny–. Te escucho. –Aquí no. Alguien puede oírnos. –Patricia señaló a sus espaldas indicándole que podían discutirlo en el vacío baño–. Allí nadie escuchará. –Es el baño de chicos. No puedes entrar así como así. –Ron suspiró negando con la cabeza–. Vayamos al patio. –No hablaré si no me siento segura. Vayamos adentro. No tomará más de cinco minutos lo que tengo que decir. –Patricia dio un paso más cerca esperando que el interesado abriera la puerta. Así pasó. Este fue el primero en entrar y la chica seguidamente con ambas manos sujetas a su espalda. Ronny se detuvo en el lavamanos dándose vuelta para luego cruzarse de brazos sin quitar su mirada de la Patricia. No podía quedarse mucho tiempo allí por lo que esperaba que fuese rápido y conciso. –¿Y bien? –Preguntó tamborileando los dedos. –¿Qué me darás a cambio por mi ayuda? –La chica mostró una suave sonrisa en sus labios–. Nada en la vida es gratis, Ronny. –Diablos… sabía que algo raro iba entre líneas. –El chico se despegó de la superficie y echó a andar hacia la puerta. –¿Estás seguro de que no quieres saber quién puso la chinche en tú asiento? –Ronny se detuvo mordiendo su labio–. Los ataques seguirán si no decides ponerle un fin, Ronny. El culpable está muy cerca de ti y desea hundirte. –Gracias por tu información, pero no soy alguien que desee ser chantajeado. –Y salió de aquel lugar. Patricia negó con la cabeza mostrando una leve sonrisa frente al espejo. Recogió sus cabellos en un moño y sacó su camisa blanca de la falda, dejando esta un poco descuidada antes de salir del baño. Un par de pasos dio antes de alzar su vista hasta la pequeña cámara de seguridad que apuntaba hacia ella mostrando una sonrisa sin dejar de caminar. *** –¿Cómo haremos para estructurar todo el trabajo? –Zoe suspiró–. Solo tenemos hasta mañana. –Les agradezco mucho por incluirme en su equipo, pero tal y como les dije antes, no soy bueno haciendo investigaciones. –La sinceridad de Hans podía resultar un poco perturbadora para los otros dos. –¿Por qué no vienen a mi casa? –Decidió por fin Ronny mirando al frente–. Pueden quedarse a dormir y tendríamos tiempo suficiente para elaborar juntos el informe. –Llamaré a Zyan. –Zoe rápidamente tomó su celular dejando en claro que la idea le parecía fantástica. Ronny miró a Hans, quien simplemente alzó los hombros como señal de que no tenía problemas con ello. ¿Cuándo había sido la última que llevó amigos a su casa? Ni siquiera podía recordar la fecha exacta. Lo cierto era que sus padres estarían bastante sorprendidos. Siempre le preguntaban cuándo podrían conocer a sus amigos. Esperaba que eso sirviera para desviar un poco la atención de estos a lo que sea que pasar por sus cabezas sobre el suceso de la noche anterior. Podría decirse que Zoe y Hans eran los amigos más peculiares que había hecho en su vida. Siempre se rodeaba de personas similares a él. Quizá no siempre en su estatus social, pero con la misma cantidad de neuronas. Era la primera vez que llevaría a casa a alguien diferente. Los cambios no siempre estaban mal, ¿verdad? –Zyan ha dicho que no hay problema. –La chica parecía contenta–. Hans, ¿has llamado a tus padres? –No les importará si llego o no a casa. –El rubio mostraba indiferencia–. No necesito avisarles. No pasa nada. –Bien… papá llegará en quince minutos. –Concluyó por fin Ronny mirando su reloj–. Creo que deberíamos esperar sentados. –Hay algo que necesito hacer primero. –Hans comenzó a andar sin perder tiempo–. Quince minutos son más que suficientes. Ya vuelvo. El rubio echó a andar cruzando la cuadra próxima a la escuela sin siquiera detenerse a mirar atrás. Su paso era lento, relajado pero constante. No iba muy lejos, por lo que el tiempo no le jugaría en contra. Sacó de su bolsillo una pequeña cajita de cigarrillos y encendió uno al acercarse al pequeño bar al cual se dirigía. Una vez adentro caminó hasta la mesa donde tres chicos más le aguardaban. –¿Por qué estás tardando tanto en hundir a ese nerd? –Preguntó uno de ellos sin siquiera saludar a quien era su jefe–. Se suponía que lo harías pasar el peor momento de su vida. –¿Necesitas ayuda con eso, Hans? –Otro intervino alzando una ceja–. Somos expertos dando palizas, lo sabes. –La razón por la que siempre terminan siendo expulsados es por actuar sin pensar. –Sentenció rápidamente el rubio expulsando una bocanada de humo–. Hay un par de cosas que necesito averiguar antes de tomar acción. –¿Le has puesto tú ese “obsequio” en su bolsillo? –Inquirió el tercero en la mesa–. Ha sido un movimiento bastante audaz. –¿Eso te parece? –Hans le miró a los ojos negando con la cabeza–. A mi gusto es bastante rastrero, Nick. No, no he sido yo. Hans miró el reloj: quedaban tan solo cinco minutos. Se levantó lanzando el cigarrillo al suelo y pisándolo con fuerza. Señaló a los tres presentes como señal de advertencia. –La razón por la que he venido aquí es para dejarles en claro que no quiero que intervengan a menos que les diga lo contrario. –Se detuvo mirando a Nick, quien era el más impulsivo de su pandilla–. Sobre todo tú. Salió de aquel bar observando el rojizo cielo que evidenciaba la puesta de sol. ¿Cuánto tiempo pasaría para que el rubio consiguiera lograr lo que realmente deseaba? No lo sabía, pero no tenía prisas, por lo que podía tomar las cosas con calma. De momento se tomaría el tiempo de visitar la casa del rarito y analizar cuanto de allí podía conseguir usando el chantaje o sus estrategias de persuasión. *** Tan pronto como Hans se hubo retirado Zoe tomó a Ronny por el brazo llevándolo hasta un banco cercano. El segundo se sorprendía al darse cuenta del nivel de confianza que esta había tomado hacia él, pero aquello simplemente le generaba gracia. Ambos se sentaron mirando fijamente el cielo que comenzaba a oscurecerse. –Me encantan los atardeceres. –Comentó Zoe con una sonrisa en rostro–. ¿A ti no? –Generalmente no me tomo el tiempo de observar los paisajes a mi alrededor. Siempre estoy ocupado estudiando o simplemente pasando por un mal momento –Ronny alzó una ceja al darse cuenta de que el cielo efectivamente estaba hermoso–. Pero es muy bonito. –No tengo idea de si alguien te lo ha dicho, pero eres muy valioso. Quien decida alejarte sencillamente no merece tener una joya como tú a su lado –Zoe se atrevió a acercarse un poco más al chico y reposar su cabeza en el hombro de este. Ronny se tensó. ¿Qué estaba haciendo? –. Pero debes aprender a confiar en aquellos que sí te queremos a nuestro lado. Tensión y nervios caracterizaban al pelinegro en aquel momento. Incluso sentía hervir sus mejillas frente a aquella situación. ¿Debía quitarla de encima de un empujón? ¿Debía decirle que por favor se sentara en su lugar? Tal y como un ordenador presentaba un error de pantalla azul, la mente de Ronny estaba en completo colapso. –No es fácil confiar en los demás cuando siempre te han traicionado. –Su voz temblaba ligeramente. Le era difícil mantener la calma–. No puedes pedir que olvide el pasado cuando se encuentra siempre al acecho. –Solo confía en mí. Te he demostrado que quiero ayudarte, ¿vale? –Zoe se levantó mirándolo al rostro–. Prometo que cuidaré la confianza que me otorgas y no la defraudaré. Promesas… ¿qué eran para Zoe las promesas? Porque para Ronny se trataba de algo importante que debía cumplir a como diera lugar. No todos pensaban igual y oír una promesa simplemente le generaba más incógnitas en su cabeza. –Vaya, vaya… parecen dos tortolitos mirando el atardecer. –La voz de Hans rompió en mil pedazos la burbuja que Zoe había conseguido crear, haciendo que esta se quejara con un chasquido de lengua–. Tu padre debería estar a punto de llegar y no creo que después de lo ocurrido sea buena idea que te vea de esa manera. –¡Si! –Ronny se levantó rápidamente mordiendo su labio con nervios–. Ya es la hora… La bocina del auto sonó. Leonard había llegado a recoger a su hijo
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